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Breves / Bravos

Barrera Linares es brujo en el arte de malabar del juego de palabras, incluyendo “palabros” no aprobados por los académicos, a los cuales pertenece


Gustavo Luis Carrera

Se ha hecho costumbre (pésima) que se publiquen libros y se presenten ponencias sin consecuencias visibles (o leíbles). Ni buenas ni malas. Y esto es lamentable en ambas vertientes, porque seguramente más de un autor preferiría la crítica contraria en vez de un silencio que, a ciencia cierta, no se sabe si resulta de la indiferencia o del burdo desconocimiento (la pereza de leer).

LUIS BARRERA LINARES es narrador destacado, inclusive figura ostensible en un territorio menos explorado de las letras: la agudeza expresiva: el desplante semántico (como en sus producciones narrativas: “En el bar la vida es más sabrosa”, “Beberes de un ciudadano”, “Parto de caballeros”, “Sin partida de yacimiento”). Sí, en efecto su obra puede considerarse de primera línea en un campo de originalidades y de soledades. Profesor, lingüista, ensayista, académico de la Lengua, ha sobresalido en todos esos campos. Pero, en esta ocasión, corresponde destacar su narrativa, dando las líneas de su rostro, con apoyo de Jason Maldonado, autor de la nota de contraportada del libro de esta oportunidad: “Leer a Luis Barrera Linares es estar dispuesto a meterse de lleno en un mundo lúdico ejercido y (re)creado por las palabras. Desde su primera obra narrativa publicada ha sido la constante. Ese juego del doble sentido, de la ironía y del humor bien llevado”. Así es. Y resulta difícil decirlo de mejor manera.

Destaco, ahora, su libro de relatos “Breves / Bravos” (Editorial Lector Cómplice. Caracas. 2014). Donde sobresalen Breves como “Ficcionado”, “Internacional”, “Maestro”, “Orto-tipográfico”; y Bravos como “Motocruz”, múltiple visión confrontadora, en ángulos cinematográficos, y “Las Clotildes”, excelente desarrollo bipolar, a dos tiempos existenciales, y final abrupto, desconcertante (aunque concertante anímicamente; así esto parezca contaminación del estilo paralingüístico de Barrera Linares). En los Breves, el narrador no se aguanta y cede a la tentación de calificar a los personajes presentados; lo cual es innecesario: su estilo agresivo, puntiagudo, con salidas punzopenetrantes, es más que suficiente.

EL LECTOR CREA LA LECTURA. Sí, pienso que esta es la clave de la técnica de Luis Barrera Linares: la ciencia infusa de decir no diciendo. Su parasemántica ejecuta juegos de malabar capaces de instar al lector a traer al campo comunicativo su apertura al ingenio (no ingenuo), a la imaginación y a la solidaridad comprensiva. Todo ello, dentro del hecho cierto de que Luis Barrera Linares es maestro de excepción en este sutil estilo ambivalente, que juega no sólo con las palabras, sino con la agudeza del lector apercibido. Solamente, que yo sepa, está a su altura la ingeniosa lucidez y la elegancia expresiva de otro narrador: Igor Delgado Senior.

Digo, ahora, subrayo, que Barrera Linares es brujo (y eterno aprendiz de brujo) en el arte de malabar del juego de palabras, incluyendo “palabros” no aprobados por los académicos, a los cuales pertenece, y cuyo título él descompondría en “acá de micos” (aunque esto sería lo que el pueblo y el yo quevediano de LBL llaman “escupir pa`rriba”). Y ello demuestra lo fascinante (y expuesto) que es la parasinonimia.

VÁLVULA: “Así como el habla regional se pega con la visita a una zona determinada, con la lectura de relatos y crónicas de Luis Barrera Linares se pega su juego sutil de palabras y “palabros”, al igual que su sabia agudeza semántica; pero no es fácil llegar a su maestría, ni siquiera parafraseando su libertad designativa cambiando el título de su libro a: Flechas / Fachas”.

glcarrera@yahoo.com