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PRESIDENTE de Venezuela por la gracia de Trump

El nuevo CNE debe asumir sus funciones en todos los procesos electorales venideros

Luis Fuenmayor Toro
La palabra elecciones es ya casi una grosería, una vulgaridad, algo que eriza la piel, a menos que le coloquen el adjetivo de “libres” y sean la última etapa del 1, 2, 3 de Juan Guaidó. Sólo así aceptan que se hable de ellas. No pueden estar de primero, no son para ahora, no son el inicio de la salida de la crisis, tienen que darse sólo después del cese de la usurpación y del gobierno de transición. Algo muy conveniente para quienes quieren montarse en el coroto sin tener que lograr apoyo mayoritario ninguno. Guaidó, Presidente de Venezuela por la gracia de Trump, le tiene terror a consultarle a la gente si apoyaría que él dirija la transición. Tampoco quiere consultar sobre la duración de ésta. Debe estar pensando en dos o más años antes de ir a las “elecciones libres”.
También insisten en que todo lo que ocurra de ahora en adelante se inicia con el “cese de la usurpación”. De la usurpación de Maduro, porque de la usurpación de Guaidó, que arrancó a partir de los 30 días de haberse auto juramentado, pues ese es el lapso que determina la Constitución, no hablan, se hacen los locos. Pero lo cierto es que Guaidó es incluso más usurpador que Maduro. Además, no quiere contarse electoralmente, entre otras cosas porque sabe que sus apoyos no son tantos como vocifera. No hay duda que Maduro es rechazado por el 85 por ciento de la gente. Eso dicen las encuestas. Pero creer que ese mismo porcentaje quiere que el usurpador Guaidó sea quien gobierne la transición es una cosa muy distinta. Las mismas encuestas le dan una popularidad de un 40 por ciento, pero ser popular cuando el oponente es Maduro no es sinónimo de tener votos para ser Presidente cuando los competidores son otros.
UN NUEVO CNE
El nombre del artículo viene al caso no por lo simpático o no que pudiera resultar, sino por lo que aparentemente va a suceder en unos meses. He oído las declaraciones de líderes opositores directamente involucrados en el diálogo patrocinado por Noruega, así como he leído las afirmaciones del equipo de Trump, en ambos casos en el sentido de que Maduro saldrá y habrá elecciones presidenciales. Sin embargo, y sin disminuir la importancia de estas aseveraciones, sobre todo las del gobierno gringo, lo que parece estar en escena es la realización el año próximo, posiblemente en el segundo trimestre, de las elecciones de la Asamblea Nacional (AN). Para ello se están preparando la mayoría de los partidos, independientemente de que no lo digan en forma pública. Esas elecciones serán con Maduro como Presidente, pues éste puede estar dispuesto a irse pero no a ser echado.
Si llegamos a esa situación es porque las amenazas del gobierno gringo, las sanciones económicas y financieras contra Venezuela, el desconocimiento de Maduro por la mayoría de los países con los que tenemos relaciones diplomáticas y las acciones guerreristas de Colombia, no llegaron a surtir ningún efecto en la dirigencia del gobierno. Esta situación debería ser tenida muy en cuenta por las oposiciones a la hora de decidir qué hacer. No pueden simplemente aferrarse a posiciones que llevarían para ese momento unos dos años de fracaso. Pensar en abstenerse sería suicida, como lo fue en 2005 y en 2018. Personalmente pienso que éste es el escenario más probable que ocurra. Ojalá y se dé con un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), pluralmente integrado e imparcial y aceptado por todos los actores, pues eso impulsaría una participación electoral masiva muy necesaria para la salud y fortaleza de cualquier régimen democrático.
Esta condición es también muy importante para el gobierno, pues al darle mucha mayor legitimidad a las elecciones se la transmitirá a la Asamblea Nacional resultante, y abriría un camino decente, constitucional, venezolano y pacífico, para la normalización institucional de la nación y el cese de la crisis política que nos agobia. Pero así como la oposición de la AN debe asumir con autocrítica el cambio de conducta señalado, el régimen de Maduro también tiene que asumir su parte en ese proceso general de rectificación, no sólo por el bien del país y de los venezolanos, sino por su propio futuro y el del PSUV y la posibilidad de seguir actuando plenamente en la vida política de la nación. Se hace entonces imperativo repito que se designe un nuevo CNE, que entre rápida y plenipotenciariamente a asumir sus funciones en todos los procesos electorales venideros, comenzando con el de la AN y teniendo en la mira el referendo revocatorio presidencial.
Si al escenario anterior se añaden acciones concertadas en el ámbito económico, político y social, que reduzcan en forma efectiva y creciente las inmensas limitaciones y lacras actuales sufridas por el pueblo venezolano, reaparecería la esperanza de un futuro mejor para nuestros hijos y nietos. Habríamos salvado a la nación de su destrucción y disolución y podríamos entonces afirmar a pleno pulmón que ahora es que hay Venezuela para rato.