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¿Vivimos una verdad «creada»? I Letras Al Margen I Gustavo Luis Carrera

El ministro de propaganda Joseph Goebbels (1897-1945) y su conocida tesis de que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, es toda una advertencia de cómo se puede fabricar lo tenido por verdadero.

Gustavo Luis Carrera I  LETRAS AL MARGEN                   

      Es interminable el debate sobre la real existencia de una verdad. Filósofos y pensadores en general han expresado sus enfoques analíticos al respecto, determinando que es materia polémica, debido a la diversidad de visiones posibles. De otra parte, políticos gobernantes y publicistas no descartan la perspectiva de lograr imponer una «verdad» prefabricada, de acuerdo a sus intereses específicos. ¿Es posible establecer, y hacer válida, una simulación de lo que es verdadero? Veamos las líneas centrales del planteamiento al respecto.    

    LO «REAL».   Tendemos a considerar verdadero lo real. Pero, hay un ejemplo elemental de la relatividad de la verdad, de la realidad. Un vaso a medio llenar de agua, ¿qué es?: ¿un vaso medio vacío?, ¿o un vaso medio lleno? El pragmático dirá que es un vaso medio vacío. Y el optimista, que es un vaso medio lleno. Y ambos tienen razón, aunque parezcan apreciaciones contradictorias. Aquí se revela lo cuestionable que puede resultar una afirmación rotunda sobre lo real, lo verdadero. De igual modo, la percepción por los sentidos no es totalmente confiable: nos pueden engañar  total o parcialmente. Inclusive lo que vemos, o creemos ver, es posible que sea una deformación de lo real o un espejismo ilusorio. No podemos decir: «es verdad, porque lo vi», cuando contemplamos lo que nos presenta la televisión, ya que sabemos de la realidad trucada por el arte cinematográfico, por el montaje. Y así pueden comprometerse nuestras fuentes de conocimiento del entorno social. Y es lo que saben los políticos gobernantes y los publicistas, intentando «crear» una «realidad» manipulada por ellos.  

La aparente verdad puede ser la mentira disfrazada»

     LO FICTICIO. La idea de hacer aparecer como normal y ordinario lo inusitado, o lo contrario: hacer aparecer como extravagante o impropio, lo normal, es tarea cotidiana de gobiernos y de empresas de publicidad. Allí radica el astuto arte de mantener las apariencias. Así, un mal gobierno se muestra ante el público como una honesta y eficiente administración. O se induce en el consumidor la preferencia por un producto de cuestionable calidad. Es la grosera habilidad de convertir la realidad en un grotesco juego de máscaras. ¿No lo vemos a diario? En anterior oportunidad nos hemos referido a la que llamamos suprarrealidad retórica; es decir, una falsa realidad creada por medio de las palabras intencionadas. Pues, en ese nivel de las apariencias demagógicas se mueven los gobiernos que hablan del «mar de la felicidad» donde vive el pueblo (que, por otro lado, pasa penurias y sufre de hambre), y los medios publicitarios que recomiendan remedios mágicos (que no curan nada) o productos de consumo diario que irrespetan las normas elementales de orden sanitario. Parece innecesario insistir en algo que forma parte de nuestra experiencia cotidiana. En todo caso, lo que pretendemos es alertar sobre la existencia de una supuesta verdad creada intencionalmente, y sin que se deriven de esta falsificación las naturales responsabilidades. Lo ficticio es, sencillamente, el sucedáneo de la verdad.     

Un vaso a medio llenar de agua, ¿qué es?: ¿un vaso medio vacío?, ¿o un vaso medio lleno? El pragmático dirá que es un vaso medio vacío. Y el optimista, que es un vaso medio lleno”

     LA LÓGICA IRREBATIBLE. El antídoto contra la «verdad» que el gobernante o el comerciante «crean» para consumo de los no prevenidos, es aplicar la lógica. La elemental e irrebatible lógica. Cuando se nos dice que no han aumentado los precios, sino que se sinceraron los parámetros económicos, sabemos que se trata de una burda maquinación destinada a «crear» una falsa verdad. Cuando se nos anuncia que se tomarán medidas para frenar la contaminación ambiental, y no se fijan ni fecha ni procedimiento, entendemos que es pura demagogia de la administración pública. Lo mismo sobre las campañas etéreas contra la corrupción. Es decir, que al pasar la sedicente «verdad» por el examen de la lógica elemental, queda al descubierto la mentira. Sin embargo, no es asunto de simple resolución. El muy citado -y aleccionador- ejemplo de la propaganda nazi, en la Alemania hitleriana, es por demás auténtico. El ministro de propaganda Goebbels y su conocida tesis de que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, es toda una advertencia de cómo se puede fabricar lo tenido por verdadero y logar inculcarlo en la dominante mayoría de un pueblo desarrollado socialmente como el alemán de aquella época. Es un hecho cierto que se repite históricamente, hasta la actualidad. Sí, en realidad vivimos ante el despliegue de una verdad «creada»; y dependerá de la firmeza y de la libertad de la lógica de cada uno de nosotros no caer en este juego macabro de lo falso disfrazado de ser lo verdadero.      

     VÁLVULA: «La aparente verdad puede ser la mentira disfrazada. Es un hecho tan común que sorprende que todavía se pueda caer en el engaño. Pero, justamente, tal posibilidad es la que aprovechan políticos gobernantes y publicistas y empresarios para «crear» una «verdad» manipulada, a base de propaganda tendenciosa. La única forma de contravenir esta amenaza cotidiana es aplicar la lógica pragmática de la sabiduría popular: «la mona, aunque se vista de seda, mona se queda». O sea: la mentira, aunque se disfrace de verdad, no pierde su condición falsaria».

                                                                                                                                                                                                   glcarrerad@gmail.com

EL AUTOR es doctor en Letras y profesor titular jubilado de la Universidad Central de Venezuela, donde fue director y uno de los fundadores del Instituto de Investigaciones Literarias. Fue rector de la Universidad Nacional Abierta y desde 1998 es Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua. Entre sus distinciones como narrador, ensayista y crítico literario se destacan los premios del Concurso Anual de Cuentos de El Nacional (1963, 1968 y 1973); Premio Municipal de Prosa (1971) por La novela del petróleo en Venezuela; Premio Municipal de Narrativa (1978 y 1994) por Viaje inverso y Salomón, respectivamente; y Premio de Ensayo de la XI Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1995) por El signo secreto: para una poética de José Antonio Ramos Sucre. Nació en Cumaná, en 1933.

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