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Omar González: «María Corina lideró nuestro rescate»

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Escapamos mediante en una operación impecable. Una victoria de la dignidad frente al abuso.

Omar González Moreno

En un acto que desafía las normas más elementales del derecho internacional, el régimen de Nicolás Maduro había transformado la embajada de Argentina en Caracas en una prisión de facto, aniquilando el sagrado derecho de asilo diplomático consagrado en tratados como la Convención de Caracas de 1954 y la Convención de Viena de 1961.

Lo que debería haber sido un refugio para los perseguidos políticos se había convertido en una jaula de opresión, donde cinco  opositores venezolanos —Magalli Meda, Claudia Macero, Pedro Urruchurtu,  Humberto Villalobos y quien esto escribe— tuvimos que  soportar más de 412 días de asedio, aislamiento y hostigamiento, víctimas de una tiranía que no conoce límites en su afán de silenciar a quienes luchamos por la libertad.

Tuvimos que  soportar más de 412 días de asedio, aislamiento y hostigamiento»

El 20 de marzo de 2024, como miembros del comando de campaña de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, más el asesor Fernando Martínez Mottola (QEPD),   buscamos  protección en la sede diplomática argentina, huyendo de la persecución implacable del régimen chavista, que nos acusó de delitos fabricados como «conspiración» «terrorismo» y «traición a la patria«.

 En lugar de respetar nuestra condición de asilados, Maduro desató una criminal campaña de terror: cortó el suministro de agua y electricidad, bloqueó los accesos con fuerzas policiales armadas, impidió la entrada de alimentos y medicinas, y utilizó drones, perros y francotiradores para intimidarnos y torturarnos.

 La embajada, un símbolo de soberanía y humanidad, fue convertida así en un campo de concentración, donde los asilados sobrevivimos por nuestro espíritu inquebrantable. Esta aberración no solo violó el derecho internacional, que obliga a los Estados a garantizar la inviolabilidad de las misiones diplomáticas y a otorgar salvoconductos para la salida segura de los asilados, sino que también reveló la naturaleza criminal de un régimen que se sostiene a través del miedo y la represión.

 La comunidad internacional todavía no ha castigado estos actos —desde Argentina, que denunció a Maduro ante la Corte Penal Internacional, hasta Estados Unidos, Brasil y otros países que han exigido el cese de la persecución—, pero la dictadura ha respondido con arrogancia, revocando incluso la custodia brasileña de la embajada y escalando su asedio con tácticas que recuerdan a los peores regímenes totalitarios.

Es un reflejo de la sistemática demolición de los derechos humanos en Venezuela»

El caso de la embajada argentina no fue un incidente aislado; es un reflejo de la sistemática demolición de los derechos humanos en Venezuela. Mientras Maduro se aferra al poder tras robarse descaradamente las elecciones en julio de 2024, más de 900 presos políticos languidecen en cárceles, y millones de venezolanos claman por un cambio que les devuelva la prosperidad y la justicia.

Los asilados, atrapados en una sede diplomática convertida en mazmorra, hasta que pudimos escapar en una operación impecable, nos convertimos en  un símbolo de resistencia, pero también en un recordatorio de la urgencia de actuar.

NO PODEMOS PERMANECER INDIFERENTES

Nuestra liberación, tras una operación liderada por María Corina Machado y los aliados, es una victoria de la dignidad frente al abuso, pero no borra la afrenta de un régimen que convirtió un refugio en una prisión. La comunidad internacional debe redoblar su presión, exigir responsabilidades y garantizar que el derecho de asilo vuelva a ser un faro de esperanza, no una condena. Por los asilados, por los presos políticos, por los 30 millones de venezolanos que sueñan con la libertad: ¡basta ya de la tiranía de Maduro! Que esta aberración sea el último capítulo de una dictadura que ha perdido toda legitimidad, y que la luz de la justicia ilumine el camino hacia una Venezuela libre.

NO VOTAR EL 25 DE MAYO

No votar no es silencio, no es apatía, no es rendirse. Es un grito ensordecedor en el corazón de la rebeldía, un puño alzado contra la tiranía que pretende encadenar nuestra voluntad. Cada ausencia en las urnas, es un acto de coraje, un desafío directo a quienes creen que pueden doblegar nuestra alma con promesas vacías y cadenas disfrazadas de democracia. No votar es decir ‘basta‘, es reclamar nuestra libertad, es elegir la dignidad sobre la sumisión. ¡Es el eco de nuestra resistencia, que resuena más fuerte que cualquier voto comprado por la opresión!

EL AUTOR es escritor, periodista, docente universitario, parlamentario, ex gobernador del Estado Bolívar y dirigente nacional del movimiento político Vente Venezuela. Permaneció asilado durante 412 días en la embajada de Argentina en Caracas junto a otros cuatro integrantes del comando de campaña de María Corina Machado.