Enfrentan una grave crisis de legitimidad, sobre todo después de la perpetración del «fraude Amoroso».
Oscar Battaglini
Hasta hace poco la burocracia dictatorial madurista definía al régimen chavista como una opción política que era el producto de una alianza constituida por el «pueblo», la fuerza armada (léase la fuerza armada chavista, suerte de guardia pretoriana al servicio de ese régimen) y del componente policial. Ahora de repente, después de la consumación del «fraude Amoroso» han comenzado a hablar de la fusión de esos tres elementos, pero confiriéndole al componente militar una mayor relevancia, el cual a partir de este momento se convierte en el factor aglutinante ejecutor y dirigente principal de la política orientada básicamente a promover la estabilidad del orden dictatorial existente.
Esto puede terminar en un derrumbe como tantas veces ha ocurrido en la historia»
El que el madurismo se haya visto forzado a dar ese paso se debe, sin duda, a las siguientes determinaciones:
1) Al creciente debilitamiento político que lo afecta gravemente, de lo cual es expresión la apabullante derrota electoral sufrida en las presidenciales del pasado 28 de julio, hecho frente al cual recurrió al fraude electoral descarado (a la vista de todo el mundo) para evitar ser expulsado del poder sin que le importara que ahora el carácter usurpador de ese poder no admita discusión alguna, y por lo que la permanencia de Maduro en la Presidencia de la República sea percibida por la opinión nacional e internacional como un acto delictivo, espurio, ilegítimo y nulo.
2) A que el elemento militar chavista es el único actor social que aún se muestra dispuesto a mantenerse a su lado y a sacrificarse como es harto evidente por una causa que ya no tiene nada que ofrecerle a los venezolanos, y que por lo tanto es una causa perdida.
3) Al miedo que le produce el verse expulsado del poder y tener que rendir cuenta ante la justicia y el pueblo venezolano por la destrucción a la que ha conducido al país, por la corrupción sin precedente en la que ha incurrido en el ejercicio del poder y por el fraude electoral del pasado 28 de julio. Esto mismo expresado de otra manera, significa que la burocracia dictatorial chavista con Chávez y sin Chávez que ha terminado sumergiendo el país en una crisis extrema; que no solo ha desarticulado completamente a la estructura societal del país y colocado al régimen madurista ante su inminente derrumbe, ha puesto en las manos del aparato militar chavista la misión de preservar su permanencia fraudulenta y usurpadora en el poder, o en última instancia, para perpetuarse en su ejercicio mediante la imposición de un orden político basado en la fuerza bruta pura y simple.
De ese modo, se cumple lo que siempre estuvo en el cálculo de Chávez (probablemente teniendo como referencia lo hecho en su momento por Castro y Gómez) de crear y fundar su permanencia en el poder en una fuerza armada propia y bajo su control personal directo. De esto, como se recordará, existen muchas declaraciones públicas en las que Chávez afirma el carácter chavista de la actual fuerza armada. Carácter que permanentemente es reafirmado extensamente por la oficialidad que hoy aparece al frente de sus componentes, en abierta y flagrante violación de los Artículos 328 y 330 de la Constitución de la República aún vigente.
Pero al lado de los aspectos ya señalados, es necesario colocar el acento sobre una de las cuestiones que reviste una importancia decisiva para comprender a cabalidad la determinación básica por la que el madurismo ha tomado la decisión de poner definitivamente en las manos de la fuerza armada chavista, tanto la dirección política general del régimen dictatorial, como las medidas atinentes a la seguridad y defensa de su estabilidad política. Nos referimos al cambio de signo negativo que se ha producido en su situación política, que lo ha empujado a dar ese paso. Esto es a pasar de una coyuntura en la que el chavemadurismo ejerció ampliamente la hegemonía política electoral (producto de los ingentes recursos financieros percibidos por concepto de los boom de los precios petroleros de los años 2003-2010, y de finales de este año al 2014), a la fase en la que solo dispone del apoyo de la fuerza armada chavista para darle cumplimiento a su pretensión de prolongar indefinidamente su permanencia en el poder.
¿Abdicación o expulsión del madurismo del poder por una rebelión popular tipo 23 de enero de 1958?»
Es evidente entonces que lo que persigue la burocracia dictatorial madurista, en medio de la profunda crisis general que lo amenaza con expulsarla definitivamente del poder, es implantar finalmenteen el país un Estado totalitario (militar-policial) contentivo de un orden político en el que todas las ramas o áreas del poder público estén bajo el control omnímodo de la secta o partido político que lo ejerce, el cual no permite la existencia ni la actuación de otros sectores o partidos en la vida política de la sociedad, en el que solo se exprese y se difunda la opinión del partido político gobernante, dando lugar a lo que se conoce como el pensamiento único y en el que se ejerce una abarcante y fuerte intervención en todas las actividades de la vida nacional e incluso en la vida privada de la familia y de las personas.
Avanzar en la implantación de un orden político con esas características no le resultará nada fácil a la burocracia dictatorial madurista debido, como se ha dicho:
1) A la extrema debilidad política por la que atraviesa ese régimen como consecuencia de la quiebra de las finanzas públicas, de lo cual es una muestra el déficit crónico que lo afecta y que este ha tratado de cubrir con emisiones de dinero inorgánico por parte del Banco Central.
2) La grave crisis de legitimidad a la que se enfrenta, sobre todo después de la perpetración del «fraude Amoroso».
3) La imposibilidad que tiene el madurismo de superar esa doble problemática en razón de su agotamiento y pérdida de vigencia (histórica y políticas) y su decadencia como opción o modelo político.
Por consiguiente, solo puede intentar imponer ese orden político a «sangre y fuego» procedimiento contraproducente que lo único que puede arrojar como resultado es un ensanchamiento y profundización de la brecha contradictoria (del conflicto político) que se ha abierto entre la aberración que habita y el pueblo venezolano. Situación que a su vez solo puede terminar en un derrumbe como tantas veces ha ocurrido en la historia, en la abdicación o en expulsión del madurismo del poder por una rebelión popular tipo 23 de enero de 1958.

EL AUTOR es historiador, escritor y profesor de la Universidad Central de Venezuela, exdirigente del MIR y co-fundador de la Liga Socialista y formó parte de la junta directiva del Consejo Nacional Electoral.


