En Venezuela no existía, como en otras regiones de América una lengua aborigen general, como por ejemplo el náhuatl, el quechua o el aimará
Rafael Marrón González
II
Dámaso Alonso comenta así el descubrimiento de la primera frase escrita en castellano: “No puede ser azar, no. O, si acaso lo es, dejadme esta emoción que me llena al pensar que las primeras palabras enhebradas en sentido, que puedo leer en mi lengua española, sean una oración temblorosa y humilde. El César bien dijo que el español era lengua para hablar con Dios. El primer vagido del español es extraordinario entre sus lenguas hermanas. No se dirige a la tierra: con Dios habla, y no con los hombres. De las cuarenta y tres palabras del primer texto escrito en castellano es preciso destacar las catorce últimas.
Las veintinueve anteriores, es decir, la profesión de fe en el misterio de la Santísima Trinidad, son una traducción del texto latino de al lado, aunque se trate de una traducción libre y ampliada. Las catorce siguientes son una oración totalmente original. Podemos decir que el monje anónimo de San Millán es, en el primer caso glosador, y en el segundo verdadero y legítimo autor. Autor original de catorce palabras, de apenas dos líneas. Pero a un autor no se le mide por la cantidad, sino por la calidad. Y la oración que plasmó el monje riojano, creemos que es de una calidad y de una fuerza insuperable”.
El idioma castellano en Venezuela
La primera mitad del siglo XVI ofrece un panorama de ambivalencias entre la tendencia a imponer el castellano y la necesidad de comunicarse con los aborígenes en sus propias lenguas, de hecho, se trata de una época de concesiones, a veces contradictoria, otorgadas por la corona ante el peso intelectual y moral de la Iglesia y de sus teólogos, por una parte, y debidas por otra, a la fuerte religiosidad y concepción espiritualista que de la conquista tenían los monarcas hispanos.
Hacia 1515 se podría señalar que la monarquía española adoptaba una toma de posición al decidir asimilar lingüísticamente a los aborígenes del Nuevo Mundo.
Una confirmación la supondría el Plan de Reforma, del Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, de 1516, en el que insiste en la necesidad de que a los hijos de los caciques y de los principales, se les enseñe a leer y escribir y se les ejercite en la lengua de Castilla. Pero también la tendencia contraria goza de su respectiva normativa, el 24 de marzo de 1567, al confirmar el privilegio otorgado por el Papa Pío V a los religiosos regulares para administrar parroquias en Indias, la corona aceptará con la condición de que “… estos religiosos entiendan el idioma de los indios de aquella parte…”. El documento más trascendental de ese siglo pertenece al 7 de julio de 1596 y constituye la fórmula más idónea de enfrentar el delicado y complejo problema mediante el bilingüismo. Reza textualmente: “Habiéndose hecho particular examen sobre sí aún en la más perfecta lengua de los indios se puede explicar bien y con propiedad misterios de nuestra Santa Fe Católica, se ha reconocido que no es posible sin cometer grandes disonancias e imperfecciones; y aunque están fundadas cátedras donde sean enseñados los sacerdotes que hubieren de doctrinar a los indios, no es remedio bastante por ser mucha la variedad de lenguas, y habiéndose resuelto que convendría introducir la castellana, ordenamos que a los indios se les ponga maestros, que enseñen a los que voluntariamente la quisieran aprender, como les sea de menor molestia y sin costa, y ha parecido que esto podría hacer bien a los sacristanes”.
En Venezuela no existía, como en otras regiones de América una lengua aborigen general, como por ejemplo el náhuatl, el quechua o el aimará, por lo que aquí no podían funcionar las cátedras de lengua indígena para los misioneros y era más fácil enseñar a los miembros de cada tribu pacificada el idioma español, y por ello al final del período hispánico había triunfado la tesis del predominio absoluto del idioma oficial tanto en el ámbito civil como en el eclesiástico. Continuará.
@RafaelMarron

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es además el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV.
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