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“Dequeísmo”: el mal de los políticos

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Quien habla mal no puede pensar bien. El“dequeísmo” es el vicio de usar innecesariamente la preposición “de” antes de cláusulas que comienza con “que”,

DE LA COTIDIANIDAD DEL LENGUAJE / Rafael Marrón González

VIII

No soy purista, en nada, soy devoto de la libertad, y por ello, y como el lenguaje es orgánico, vivo, comparto que debe admitir nuevos vocablos, surgidos del pueblo o de la necesidad intelectual.

Sin embargo, una vez admitido el vocablo, debe ser respetada su estructura. No justifico el mal hablar bajo la simpleza emocional de que “así habla el pueblo”. El pueblo habla “así” porque está desinformado. Por lo tanto, aunque puedo tolerar, por la debida consideración a los débiles, que una persona del pueblo llano diga “haiga”, “semos”, “íbanos”, “yo me recuerdo” y “hubieron”, me niego a aceptar estos dislates en boca de maestros y gente educada. Eso es irresponsable, y en el caso de los maestros, perversión.

Un importante personaje de la vida profesional y política del país, en entrevista telefónica me informaba que “hubieron” disturbios en la zona de Caracas donde tiene su residencia. Bajó varios peldaños en mi estima. Porque si él no se respeta e incurre en tales desaciertos idiomáticos, menos puedo respetarlo yo que pienso que el hablar adecuadamente es un acto de responsabilidad con el gentilicio.

Los maestros deben, obligatoriamente, adiestrar sus oídos para la eufonía y poder atrapar así el barbarismo en sus educandos y corregirlos, porque cuando lo anormal se hace costumbre no lo percibimos. En mis visitas a colegios de la ciudad he detectado maestros con problemas de dicción, pero he comprobado que son demasiados los alumnos que se expresan con barbarismos y arcaísmos sin ser corregidos. Cuando el niño se desarrolla con la falla no la corrige por su cuenta,  porque ha perdido la noción de comparación lingüística.  Comprobado esto en personas que leen, en voz alta, correctamente los vocablos y no son capaces de apreciar y comparar con las deficiencias de su propio léxico. El mal hablar separa más que la situación económica o racial. Un grupo de jóvenes estudiantes universitarios me acompañaban en una actividad en una zona de la ciudad, y, uno de ellos, ante la profusión de “íbanos”, “teníanos” y demás “íanos”, me preguntó con ironía: ¿nos vanos o nos quedanos?

El lenguaje se sublima en la literatura, pero no tiene por qué ser irresponsable en la comunicación cotidiana, la sencillez no tiene por qué ser chabacana ni lo popular indolente. En este tema las mujeres, las jóvenes, tiene particular responsabilidad en la adquisición de un lenguaje apropiado, puesto que serán madres y los infantes pasarán a su lado los primeros siete años de su vida, etapa en la que, precisamente, aprenderán a hablar. Como las madres los enseñen, así hablarán. Por eso se llama “lengua materna”, la lengua original de una nación. Y los demagogos en su afán de parecerse al pueblo, estimulan esas falencias del lenguaje y las tradicionalizan.     

EL DEQUEÍSMO, EL MAL DE LOS POLÍTICOS

Quien habla mal no puede pensar bien, por eso cada vez que escucho a un político decir “yo pienso de que”, me provoca buscarlo y decirle las cuatro verdades que “yo pienso de que”. Con el nombre de “dequeísmo” se conoce el vicio de usar innecesariamente la preposición “de” antes de cláusulas que comienza con “que”. Este error, mal de políticos y “luchadores sociales”, ocurre frecuentemente con verbos que llevan la idea de decir, comunicar y pensar.

UNA SENCILLA REGLA PARA ELIMINAR EL DEQUEÍSMO   

Existe una regla muy sencilla y práctica para que usted pueda decidir si usa o no la preposición “de” antes de “que”, con un verbo determinado. Para ello haga una pregunta iniciándola con “de que”, si la fórmula resulta correcta, debe usarse “de que” con ese verbo. Si es incorrecta, entonces no la use. Ejemplo: verbo obviar: “Es obvio “de que” vendrá”. Usted debe preguntarse: ¿De que es obvio? Indudablemente la respuesta no puede ser “de que vendrá”. Lo obvio es que vendrá. Ejemplo con el verbo pensar, para la atención de políticos y “luchadores sociales”: Antes de decir “Yo pienso de que”, usted debe hacerse la pregunta de esta manera: ¿De que yo pienso?; ¿verdad que no cuadra por ningún lado? Por eso lo correcto es “Yo pienso que”.  Continuará

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV.

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