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Detallitos del castellano cotidiano

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Consola ha sido transmutado en cónsola, nada más y nada menos que en el mundo de la radio. El DRAE insiste en que consola significa “mesa que se pega a la pared

Rafael Marrón González

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Deseo insistir en que una cosa es el purismo en el lenguaje y otra muy distinta el respeto debido a uno de los elementos que conforman las lealtades comunes del pueblo hispanoamericano, que junto a la historia y al territorio, determinan lo que se llama “identidad nacional”.

Hace algunos años trabajé con un señor natural de Perú, que realizaba labores como ayudante de soldadura en una empresa de instalación de tuberías. Me llamaba la atención que esta persona leyera el periódico diariamente, en sus momentos libres, mientras los demás se ocupaban de dormir o de “mamar gallo”. En una ocasión conversamos a instancias mías, y su facilidad de palabra y actualización informativa me llevó a indagar sobre su educación, que como me imaginaba no pasó más allá de los primeros años de primaria. Al comentar sobre el lenguaje de sus compañeros de trabajo cuya deficiencia hacía dudar que el castellano fuera su lengua materna, me dijo que la diferencia estribaba en que toda la base de su proceso educativo había sido el idioma. Es decir, que en esos pocos años de formación, el idioma ocupó lugar preponderante y fue suficiente para desenvolverse decentemente en el duro campo que le tocó vivir. Y esto es sumamente lógico porque no es posible pretender que un estudiante logre descifrar significantes sin manejar a plenitud el código lingüístico en que están formulados. De allí que muchos de estos jóvenes memoricen sin comprender, para pasar exámenes simplemente, arrastrando una larga ignorancia por encima de años y academias hasta salir al campo profesional sin entender una papa de lo que aprobaron y con la absoluta incapacidad para ejercer lectura comprensiva ni en un párrafo de un texto dado, pero, para orgullo de papá y mamá, felizmente diplomados, aunque sean una vergüenza para el país. Porque la patria es la gente.

Como una contribución, y sin pretender agotar el tema ni dar lecciones eruditas, les ofrezco, con mi mayor deferencia, una pequeña muestra de inadecuaciones léxicas, que pueden servir de guía para enmendar errores:           

FALSOS ESDRÚJULOS: DIABETES

Si en algo somos exitosos, por ejemplo los venezolanos, es en acentuar donde no debemos, y hemos llegado al extremo de considerar venezolanismo el dislate “diábetes” que en todo el mundo y en todos los idiomas es palabra grave, “diabetes”. Como esta palabra define un término científico, determina internacionalmente a quien la usa inadecuadamente.

No creo que exista médico respetable y de reconocimiento internacional que se atreva a dar una conferencia sobre esta enfermedad ante sus colegas, y diga “diábetes”, porque estoy seguro que se le queda sola la sala.

Se puede tolerar que el pueblo llano, sin mayores luces, diga “diábetes”, pero en un profesional de la medicina, suena a descuido. Para dar una idea más cabal del término, que, insisto, en castellano es “diabetes”, en inglés es “diabetes”. En francés,  “diabéte”. En portugués, “diabete”. en italiano, “diabete”. Es decir que, con las singularidades de su pronunciación nacional, en todos es palabra grave porque es un término científico universal.

OTROS FALSOS ESDRÚJULOS    

Panel, austero, consola, perito, libido, intervalo, urea y cenit, son todas palabras graves, es decir llevan el énfasis en la segunda sílaba. No se deben pronunciar como si fueran esdrújulas y decir pánel, áustero, líbido, intérvalo (que es particularmente desagradable), úrea y cénit, porque es incorrecto. Y con respecto a pánel, les voy a agradecer a quienes me inviten a participar de un panel que busquen un maestro de ceremonia que no diga pánel, porque me voy. Consola ha sido transmutado en cónsola nada más y nada menos que en el mundo de la radio. El DRAE insiste en que consola significa “mesa que se pega a la pared”, y dispositivo que contiene los instrumentos para el control y operación de una máquina. Y no me vengan con que en Venezuela se dice así.

¡ME RECUERDO!   

Una vez un irónico oyente me llamó para señalarme que la entrevistada que tenía esa mañana era “merrecordista”, porque a cada rato soltaba un “me recuerdo”, con aires de suficiencia altanera, hilarante, según mi irreverente escucha. 

“Yo me recuerdo cuando estaba chiquito”, es correcto. Pero, “yo me recuerdo de Petra” o “yo me recuerdo de mi pueblo”, es una forma inadecuada de decir “me acuerdo”, aunque parezca más fino.

Recordar y acordarse son sinónimos a veces, no siempre, porque pertenecen a distintas categorías verbales.

“Recordar” es verbo transitivo, y “Acordarse” es pronominal, y su uso es completamente diferente. Es correcto decir: “Yo recuerdo algo” y “yo me acuerdo de algo”, pero jamás “yo me recuerdo de algo”. Solamente en el caso que expreso al principio, en el que “recordar” se usa como pronominal, se puede usar “yo me recuerdo” porque indica que el sujeto recuerda su infancia: “Yo me recuerdo de niño”.

Pero se usa acordarse, por ejemplo, con “me acuerdo de la democracia con nostalgia”.

 Continuará.

@RafaelMarron

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV.

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