El castellano es sencillo, solo debemos cuidar los detallitos. La regla de oro es, sujeto, verbo y predicado: “Se robaron las elecciones”, por ejemplo.
EL CASTELLANO EN EL DETALLE/ Rafael Marrón González
XVII
“Se alquila apartamento con baño cerca de la plaza”, espero aguantar hasta llegar a la plaza,
me gustaría que el baño estuviera dentro del apartamento. Ese es un error común de
concordancia, que es la coincidencia obligatoria de ciertas características gramaticales, como
género, número y persona. “Se venden pantalones para hombres de lino”, es un ejemplo que
abunda en Marketplace.
El castellano es sencillo, solo debemos cuidar los detallitos. La regla de oro es, sujeto, verbo y
predicado: “Se robaron las elecciones”, por ejemplo. Sencillo, comprensible y cierto.
En los últimos tiempos me he encontrado con redacciones espeluznantes en el campo
periodístico, sobre todo, en algunas páginas de sucesos, como: “El occiso fue llevado al hospital
donde llegó sin signos vitales”. Se le cayeron en el camino. “A pesar de los esfuerzo de los
paramédicos, el cadáver no pudo ser resucitado”. Solo Jesús.
CUANDO DE DEPORTES SE TRATA
Me provocan reír los antiglobalizadores aficionados a los deportes de masificación yanqui, que
con furibundas ínfulas nacionalistas hablan de beisball, futball, basketball, con perfecta
pronunciación inglesa, enfatizada en “ból”. Señores hace ya muchos años que la Academia
castellanizó esos vocablos. Ahora usted puede hablar perfecto castellano con ellos, solo tiene
que rodar el acento hacia la primera sílaba: béisbol, fútbol y básquet, porque son esdrújulas.
En el caso de “básquet” también se admite “basquetbol”, aunque sería preferible decir
“baloncesto”.
DOS PALABRITAS MAL PEGADAS
Apenas son dos, pero que mal suenan: barajear (barajéame, me toca barajear), y catálago
(¿trajiste el catálago?, preguntan a la tipa aquella que se hizo millonaria vendiendo Avon).
Por favor, amigos jugadores de cartas y dominó, y políticos (estos últimos son una fiera para
“barajear opciones”), el verbo “barajar” es regular y se conjuga como “amar”: yo barajo, tú
barajas, él baraja, nosotros barajamos, ustedes barajan, nosotros barajamos, ellos barajan. ¿De
acuerdo? Entonces es “barájame y me toca barajar”.
Y ustedes amigas de los productos que se venden anunciados en catálogos, aunque también es
común este error entre los vendedores de repuestos, no digan, no susurren, nunca más,
“catálago”, porque los productos que se ofrecen en ellos pierden inmediatamente sus
propiedades, sobre todo si son de belleza. La palabra correcta es, repito en mayúsculas,
negritas y comillas: “CATÁLOGO”.
BUENO, CHÉVERE, FINO Y CALIDÁ
A estos cuatro sucedáneos se reduce en estos días de prisas interneteadas, todo nuestro caudal
de adjetivos calificativos.
A la pregunta, indistinta, ¿Cómo estuvo? La respuesta es invariable: “bueno, chévere, fino o
calidá”. Y es igual e invariable para calificar una visita a la Capilla Sixtina, un mondongo de toro
pata negra, una obra de Picasso, “Para Elisa” de Beethoven, la hermosura de una joven, o un
carro. ¿Qué te pareció la novia de Juan? ¡Está calidá!, ¡fina!, ¡chévere! o ¡buena!
¿Qué tal la exposición de Picasso?: ¡Buena, chévere, fina o calidá!
¿Qué opinas de la película “Il Postino”: ¡Chévere, calidá, buena o fina! Y así ad infinitum.
No hay manera de sacarle un calificativo que denote sus sensaciones, sus apreciaciones, sus
conocimientos en la materia, sus críticas. Un enorme vacío.
Aunque admito que un mondongo calidá (sabroso, cremoso, en su punto, caliente, bien
condimentado, como lo sirven el negro y la catira en la redoma La Piña) vale la pena
degustarlo; como conocer a una joven chévere (inteligente, sincera, cordial, afectuosa);
conducir un carro fino (sobrio, moderno, ergonómico, veloz) y tener un amigo bueno (tolerante,
solidario, conversador, generoso); pero cuando se trata de asuntos trascendentes los
calificativos deberían ser más específicos.
Me aterra pensar que se sustituya en los velorios el tradicional “quedó igualito”, por “quedó
calidá”. Da tristeza.
FUNCIONARIO, ERARIO Y EJEMPLO PRÁCTICO
El uso de la voz “funcionario” para designar a un empleado jerárquico en el sector privado,
especialmente en los bancos, es un argentinismo. El “funcionario” es quien tiene firma
autorizada en el banco. Pero lo cierto es que la voz “funcionario” define al empleado público. Su
sinónimo es “burócrata”. Decir “Funcionario público” es redundancia.
Sucede igual con “Erario” que significa: 1) Pechero, tributario, contribuyente. 2) Tesoro público,
hacienda pública. Y 3) Lugar donde se guarda el tesoro público. Por lo tanto, es redundante
decir “erario público”.
Aquí podemos incluir, por lo de redundancia, otros casos como “ejemplo práctico”, todos los
ejemplos son prácticos. Acabo de corregirle la plana a Géminis, la IA de Google, que me soltó
un “ejemplo práctico” que me erizó la piel, pues se ufana de “inteligente” un armastote de
información predigerida.
“Error involuntario”, no los hay voluntarios. “Características frecuentes”, no serían características
sino lo fueran. “Crisis aguda”, todas los son. “Pánico grande”, se llama pánico al miedo grande.
“Se realizaron los trámites pertinentes”, todo trámite lo es.
“Su propia conciencia”, no se puede usar la de otro. Aunque la “conciencia”, como conocimiento
natural del bien y del mal, es un invento de Pablo, Eso no existe.
Lo que sí es natural, aunque prescindible a conveniencia, es la Consciencia. Propio
conocimiento del ser histórico que permite separar lo correcto de lo incorrecto, para no cometer
estupideces como elegir sistemas pre políticos de fracaso histórico.
CUMPLEAÑOS
Si amigo, quien cumple uno o 70 años de edad, en este día, está de cumpleaños. Lo que ocurre
es que cantar el “Cumpleaños” se hace difícil porque “feliz” termina en “z” y se pronuncia como
plural, y pareciera que no hubiera concordancia entre “cumpleaños” y “feliz”. Y la gente
emocionada alrededor de la torta, con las luces apagadas y las velas prendidas, y el vaso en la
mano, entona su “cumpeañooooo feeeeliiiz”. Y punto, pero esa es otra cosa. Cumpleaños no es
el plural de cumpleaño, es un vocablo terminado en la consonante “s”. Continuará.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV.


