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Un “nuevo momento político” para seguir con lo mismo

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Rodríguez repite que las elecciones vendrán, pero antes deben fortalecerse las instituciones y alcanzarse acuerdos entre los actores políticos. Traducido al lenguaje real de la política: ganar tiempo para reorganizar el tablero.

Humberto González Briceño

La entrevista concedida por Jorge Rodríguez a Luis Olavarrieta no fue una conversación cualquiera. Fue, más bien, una pieza cuidadosamente construida para explicar —o insinuar— el tipo de reconfiguración política que se está gestando en Venezuela. No tanto un cambio de régimen como un reajuste del sistema.

En el lenguaje oficial se habla de “nuevo momento político”. La expresión, repetida varias veces durante la entrevista, parece diseñada para evitar palabras más incómodas: transición, ruptura o cambio de modelo. Rodríguez prefiere otro término: consenso. Y allí está probablemente la clave de lo que viene.

Si se escuchan con atención sus respuestas, aparece una estructura bastante clara. El chavismo no está preparando una salida del poder. Está preparando una adaptación. La prioridad, según Rodríguez, no son las elecciones ni las reformas políticas inmediatas, sino la estabilidad económica. No es un detalle menor. En política, el orden de los factores suele revelar la estrategia.

Rodríguez insiste en que el país debe estabilizarse después de años de sanciones, aislamiento financiero y colapso productivo. La recuperación petrolera, la atracción de inversiones y la apertura minera aparecen como los pilares de ese proceso. De hecho, uno de los anuncios más reveladores de la entrevista es la reforma de leyes para facilitar la entrada de capital extranjero en sectores estratégicos como el petróleo y la minería.

En otras palabras, el nuevo momento político parece tener una base material bastante concreta: el subsuelo venezolano.

La lógica es transparente. Un sistema político que logra estabilizar la economía reduce el riesgo de una derrota electoral o de una ruptura interna. Por eso Rodríguez repite que las elecciones vendrán, pero antes deben fortalecerse las instituciones y alcanzarse acuerdos entre los actores políticos. Traducido al lenguaje real de la política: ganar tiempo para reorganizar el tablero.

También hay señales claras hacia el exterior. Rodríguez dedica varios minutos a explicar que Venezuela y Estados Unidos tienen un interés mutuo en recuperar la cooperación energética. Recuerda que el petróleo venezolano fue durante décadas un suministro confiable para las refinerías estadounidenses. No es una simple evocación histórica; es una invitación diplomática.

La entrevista, en ese sentido, funciona como un mensaje múltiple. Hacia la oposición interna, ofrece diálogo y participación dentro de ciertos límites. Hacia los inversionistas, promete reformas económicas y apertura de sectores estratégicos. Hacia Washington, sugiere que Caracas está dispuesto a normalizar relaciones si se levantan las sanciones.

Y hacia la sociedad venezolana, intenta instalar la idea de que el conflicto político de los últimos años debe quedar atrás.

Quizás el rasgo más interesante del discurso de Rodríguez sea su tono. No es el lenguaje de la confrontación revolucionaria que caracterizó al chavismo durante años. Es un lenguaje más pragmático, casi tecnocrático en algunos momentos, donde la palabra consenso aparece con más frecuencia que la palabra revolución.

Eso no significa que el sistema político venezolano esté cambiando de naturaleza. Significa que está cambiando de estrategia.

En Venezuela, los sistemas de poder rara vez desaparecen. Lo que suelen hacer es transformarse para sobrevivir.

El llamado “nuevo momento político” parece ser precisamente eso: una adaptación del poder a las nuevas condiciones del país y del mundo.

 @humbertotweets

EL AUTOR es abogado y analista político con maestría en Negociación y Conflicto en California State University

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