Albert Ramdin (OEA), bendice lo que ya está en marcha: una nueva farsa de negociaciones
Humberto González Briceño
Con la cortesía tropical que se le presume, el nuevo secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el surinamés Albert Ramdin, ha inaugurado su mandato con un llamado a lo que llama un «diálogo» entre el gobierno y la oposición venezolana. Y, en un alarde de diplomacia pusilánime, ha evitado entrar en ese incómodo debate de si Venezuela es o no una dictadura. A estas alturas, semejante tibieza no sorprende. Lo que sorprende, si acaso, es la franqueza con la que confirma que el nuevo ciclo político que se abre en el país no será otra cosa que un remake —más opaco, más sumiso— del viejo negocio de las negociaciones.
Porque, ¿de qué diálogo habla Ramdin? ¿Con cuál oposición? Es evidente que no se refiere a la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) ni a María Corina Machado. El chavismo, siempre meticuloso en su cinismo, ya ha mostrado suficientes cartas: no habrá interlocución con quien ose cuestionar los términos del poder real. El régimen no negocia con quien no puede controlar. La nueva ronda de mesas, comunicados y fotos de manos estrechadas será con esa oposición hecha a medida: los partidos judicializados, los leales de conveniencia, los que ya aprendieron que arrodillarse es rentable y hasta digno en este teatro de sombras.
Se acabó el negocio para la MUD, esa vieja cofradía que durante años rentabilizó su papel de interlocutor «aceptable» para el chavismo. El régimen ha decidido renovar el reparto: ahora toca darle protagonismo a esa oposición reciclada que, lejos de diferir de la anterior, será más obediente y, sobre todo, más discreta. Se acabaron las poses épicas y los discursos inflamados: lo que viene es la administración silenciosa de la derrota pactada.
¿Y María Corina Machado? ¿Y la oposición que dice representar? Sin partido, sin tarjeta, sin gobernaciones ni alcaldías desde las que alimentar a sus clientelas políticas, su tiempo parece contado. El gran rebaño de operadores y buscavidas que viven del negocio de ser oposición en Venezuela ya debe estar haciendo cola para engrosar las filas de los partidos judicializados: los nuevos socios, los nuevos interlocutores, los nuevos falsos adversarios del chavismo.
Ramdin, con su llamado vacuo al diálogo y su prudente ceguera ante la naturaleza del régimen, no inaugura nada. Solo bendice lo que ya está en marcha: una nueva farsa de negociaciones donde todos los actores conocen el guion y el desenlace. Y donde, como siempre, el pueblo queda fuera de la sala. .@humbertotweets

EL AUTOR es abogado y analista político, con maestría en Negociación y Conflicto en California State University.


