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El mal uso del lenguaje ensucia el alma

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En el castellano es lícito traducir los nombres de países, para adecuarlos a la eufonía propia,  lo que se conoce como “exónimo” (como Londres, que en su idioma es London).

Rafael Marrón González

XX

Sócrates dijo o se le atribuye, como todo lo que le inventó Platón: “El mal uso del lenguaje induce el mal en el alma” (o «Las palabras mal utilizadas no solo son incorrectas en sí mismas, sino que también inculcan maldad en el alma»). Frase que refleja su profunda convicción sobre el vínculo esencial entre el lenguaje, la verdad, y la moralidad.

No es solo una preocupación gramatical, sino una advertencia filosófica sobre cómo la imprecisión o la manipulación verbal pueden corromper el pensamiento y el carácter.

Conozco a un poeta que posee el Don, pero hay en sí un extraño impulso que lo impele a introducir groserías en los espacios de las metáforas. Y degrada y vulgariza sus letras para solaz del vulgo intrascendente que aplaude y ríe. Porque es multitud. El pueblo.

La búsqueda del aplauso fácil de ignorantes y mentecatos es exactamente igual a la búsqueda del dinero fácil que lleva al delito.    

EXÓNIMOS Y ENDÓNIMOS    

En el castellano es lícito traducir los nombres de países, para adecuarlos a la eufonía propia,  lo que se conoce como “exónimo” (como Londres, que en su idioma es London o Bielorrusia por Belarus).

“Endónimo”, es la pronunciación interna, propia del país o región, aunque en el caso de España se usa un exónimo al nombrar a Euskera como País vasco.

SI NO – SINO

“Sino” significa destino; pero la conjunción adversativa “sino” se emplea cuando, negada una cosa, se afirma a continuación otra que ocupa su lugar: “El tipo no se va hoy sino mañana, pero de que se va, se va”. “En política no hay enemigos sino adversarios”. “La revolución no dialoga sino que dispara”.

No se debe confundir con la conjunción condicional “si no”: “Si no llega a las seis, me voy”. Fíjense en la diferencia semántica en una misma oración, usando ambas conjunciones: No come, sino trabaja (trabaja en lugar de comer). No come si no trabaja (Si no trabaja no come). A menos que esté en el gobierno que les conté.

¿EL QUID DE LA CUESTIÓN?  

No señor político, no es el quid (como si fuera kid), porque quid es palabra que pertenece al latín no al castellano, y por lo tanto no se pronuncia como “que” sino como “cuid”: El cuid de la cuestión. De nada.

OTROS LATINISMOS MAL PRONINCIADOS  

Algunos latinismos de uso corriente mal pronunciados o mal escritos son: Motu proprio (no se dice «motu propio» ni «de motu propio»); grosso modo (no «a grosso modo»); ipso facto (no «de ipso facto»).

Otros errores comunes incluyen pronunciar mal la vocal ‘u’ en corpus (no «corpos»), añadir una ‘s’ a statu quo (se dice «statu quo», no «status quo»). De todos modos todos estos latinismos, usados como cultismos, tienen su par en castellano. Ya en los documentos jurídicos pasó de moda usarlos.            

R CON R CIGARRO, R CON R VICERRECTORADO

Una norma reciente de la Academia de la Lengua establece que las palabras que comienzan con “R” al formar parte de voces compuestas asumen el grafema doble: reloj, contrarreloj; rectorado, vicerrectorado; revolución, contrarrevolución, etc.

LA TILDE EN EL ACENTO

Debemos comenzar por expresar que todas las palabras se acentúan, pero unas con tilde y otras eufónicamente. “La tilde” es un invento de la Academia para forzar la presencia de algunas palabras en grupos que no les corresponde de manera natural, porque suenan mejor. Es una decorado eufónico. Una escenografía. Ganas de atentar contra la paciencia. Pero qué le vamos a hacer, como ley es ley debemos acatarla y tildar debidamente porque si no lo hacemos dificultamos la comprensión de nuestros escritos, y también dañamos nuestro léxico, porque es bien feo decir furunculo en lugar de furúnculo. Lo que nos remite a una regla imbatible: Toda palabra terminada en “eso”, lleva tilde: Adminículo, artículo, pedúnculo, obstáculo, etc.    

Y aquí vamos a tratar solamente del acento ortográfico, es decir el que se marca con la tilde, que es la rayita oblicua que se baja de derecha a izquierda sobre la letra a la que hay que dar artificialmente la carga tónica. Aprenderse la cantidad de normas del castellano es ardua tarea para muchos, pero su desconocimiento no tiene porqué traducir hablar o escribir incorrectamente. Sencillas reglas de lógica, el auxilio de la lectura metódica y comprensiva y la conversación con personas de mayor nivel cultural, suelen producir mejores resultados que exhaustivas horas de estudio sin práctica.

El idioma castellano se perfecciona usándolo, hablando y escribiendo. Escribiendo y hablando, pero con los sentidos alertas, no robóticamente. 

Muchas personas se me acercan porque quieren cursos de redacción, parece que redactar es sinónimo de escritor, y que por arte de magia se convertirán en escritores al aprobar el taller de redacción, ignorando que el escritor está en lo que dice y no solo en como lo dice. Para eso están los correctores, que se quedarían sin trabajo si los escritores supieran reglas gramaticales. 

Les recomiendo a estos amigos y amigas que aprendan primero a hablar correctamente, lo que no quiere decir pedantemente, porque quien habla adecuadamente, escribirá correctamente. Y pensará fluidamente.

Quien habla mal no puede pensar bien. Porque sería como un tambor de líquido sin válvula de salida. Como algunos políticos surgidos de “las luchas populares”, que cuando hablan, más les valiera estar mudos. Continuará.    

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV.

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