Miguel de Unamuno, José Antonio Páez, José Martí, Emil Ludwing, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Arturo Uslar Pietri y Eduardo Galeano, son algunos de los defensores póstumos del Libertador
Rafael Marrón González
Miguel de Unamuno
Miguel de Unamuno: Escritor español, nació en Bilbao (1864-1936). Fue rector de la Universidad de Salamanca. Ejerció un auténtico magisterio sobre los intelectuales de su época, singularmente entre los escritos de la generación del 98. De carácter vehemente, inconforme, violento, encarnó a su país en su aspecto «donquijotesco», mostrando en sus escritos su preocupación espiritual, su curiosidad intelectual, su original visión de los problemas. Cultivó todos los géneros literarios: la poesía (El Cristo de Velásquez, Rosario de sonetos líricos, Romancero del destierro, etc.), el teatro (Sombra de sueño, Fedra, El otro, El hermano Juan), la novela (Amor y pedagogía, Paz en la guerra, Niebla, Tres novelas ejemplares y un prólogo, La Tía Tula y Abel Sánchez), y el ensayo, en el que culmina su pasión española y su fogosidad personal (En torno al casticismo, Del sentimiento trágico de la vida, La agonía del cristianismo, etc.): “Todo esto es profundamente quijotesco, pero hay algo más que acerca a Bolívar a don Quijote, otro de los tres insignes majaderos de la Historia. Cuantos hayan leído el Quijote recodarán aquel melancólico capítulo LVIII de la segunda parte, en que el Caballero encontró unas imágenes de relieve y entalladura para el retablo de una aldea y las reflexiones de triste desesperanza que ella le sugiere. En mi ya mencionada Vida las he comentado largamente. Aquello fue como el Huerto de los Olivos de Jesús, el otro de los tres insignes, según Bolívar. Y ¿no están llenos los últimos años del Libertador de tristes reflexiones en que el héroe parece repetir con don Quijote: No sé lo que conquisté a fuerzas de mis trabajos? En aquellos tristes momentos, en aquellas horas de “arado en el mar”, desconfiaba de los destinos de las naciones que con su espada y su fe separó de España. Pero hay una frase profunda, profundísima, tal vez la más profunda que he leído a Bolívar- con frecuencia hay en sus frases más célebres retóricas a la española que no a otra cosa – hay una frase que nos hace penetrar hasta el hondo del alma del héroe. Es cuando en 1824 escribía al marqués de Toro: Entiende usted, mi querido marqués, que mis tristezas vienen de mi filosofía, y que soy más filósofo en la prosperidad que en el infortunio. Esto lo digo para que usted no crea que mi estado es triste y mucho menos mi fortuna. ¿No os dice nada esto del hombre triste en la prosperidad y triste por filosofía? Llegaría Bolívar a sentir la angustia metafísica de todos los grandes, la terrible voz que surge del silencio de las eternas tinieblas y nos dice: y todo ¿para qué?”.(Don Quijote y Bolívar).
José Antonio Páez
“En aquellos días [noviembre de 1829] aparecieron pasquines en Caracas injuriosos a la persona del Libertador y con violentas alusiones a su gobierno y yo entonces expedí órdenes desde Valencia a las autoridades para que castiguen estos excesos, y dije a los habitantes que la libertad en que los decretos del gobierno los habían dejado para que pidieran lo que más conviniera a su dicha y prosperidad, no había podido autorizarlos para escribir ultrajes y amenazas contra el primer magistrado, que era al mismo tiempo el héroe más insigne de esta parte del Nuevo Mundo, y a quien debían inmensos servicios; que tales demasías sólo podían ser obra de algunos exaltados que en un momento de delirio habían escrito lo que ni sus corazones ni los del resto de los venezolanos deseaban; que de cualquier modo siempre era sensible y deshonrosa para el país una conducta semejante; y que, en fin, estando libre el uso de la prensa y en ejercicio el derecho de petición, ninguna razón había para ocurrir a medios de aquella clase”. (Autobiografía).
José Martí
Poeta, escritor y abogado cubano, nació en la Habana (1853-1895), apóstol de la independencia de su país. Sus actividades revolucionarias le valieron la prisión y el destierro a España (1871). Se trasladó a México (1875) y Guatemala (1877) y regresó a su patria (1878). Volvió a expatriarse a Venezuela (1881) y Nueva York, donde fundó el Partido Revolucionario cubano (1892).Viajó por Santo Domingo, donde se entrevistó con Máximo Gómez, Haití, Jamaica, Florida, Costa Rica, país en el cual se puso al habla con Maceo, Panamá y México. Desembarcó en Playitas y cayó mortalmente herido en la acción de Dos Ríos. Como poeta fue uno de los iniciadores del modernismo (Ismaelillo, Versos libres, y Versos sencillos), y en prosa se distinguió el teatro (Adbalá, Amor con Amor se paga, Adúltera), en la novela (Amistad Funesta) y en ensayos, crónicas y folletos de carácter político: “Hombre fue aquél en realidad extraordinario. Vivió como entre llamas, y lo era. Ama, y lo que dice es como florón de fuego. Amigo, se le muere el hombre honrado a quien quería y manda que todo cese a su alrededor. Enclenque, en lo que anda el posta más ligero barre con un ejército naciente todo lo que hay de Tenerife a Cúcuta. Pelea, y en lo más afligido del combate, cuando se le vuelven suplicantes todos los ojos, manda que le desensillen el caballo. Escribe, y es como cuando en lo alto de una cordillera se coge y cierra de súbito la tormenta, y es bruma y lobreguez el valle todo; y a tajos abre la luz celeste la cerrazón, y cuelgan de un lado y otro las nubes por los picos, mientras en lo hondo luce el valle fresco con el pintor de todos sus colores. Como los montes era él ancho en la base, con las raíces en las del mundo, y por la cumbre enhiesto y afilado, como para penetrar mejor en el cielo rebelde… ¡Pero así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así está él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy: porque Bolívar tiene que hacer en América todavía”.
Emil Ludwing
Emil Ludwig, considerado uno de los grandes maestros de la biografía psicológica del siglo XX (junto a Stefan Zweig), fue contratado por el gobierno de Venezuela a finales de la década de 1930 para redactar una biografía de Simón Bolívar destinada al público internacional.
El libro resultante, titulado simplemente “Bolívar” (publicado en 1939 y traducido al español en 1942 por el poeta y bibliotecario venezolano Enrique Planchart), explora la figura del Libertador no solo como estratega militar, sino fundamentalmente en su dimensión psicológica, pasional e intelectual. Retrata la transición vital desde el aristócrata caraqueño educado en la Europa ilustrada hasta el caudillo romántico y estadista agobiado por el desencanto.
Ludwig enfatiza el contraste entre la ambición creadora de Bolívar (su visión panamericana y republicana) y las fuerzas disgregadoras del caudillismo local. Centra el motor de Bolívar no en la ambición de poder material o monárquico, sino en la búsqueda de la gloria perdurable y el compromiso ético con la emancipación: “Bolívar es y será un modelo. Como su mayor amor fue la gloria póstuma, el destino, al final, le dejó vislumbrar su luz. Poco antes de su muerte, su médico le leyó… la canción cantada en París durante el asalto de Ayuntamiento, en la revolución de julio. Allí se hallaba esta estrofa: El fuego sagrado de las repúblicas /surge en torno a Bolívar. Las rocas de las Américas/ son el baluarte de los pueblos. El Libertador comprendió que su espíritu se imponía a la ciudad en la que, dominado por el tedio, recibió un día el gran ejemplo. En este canto oyó el moribundo resonar los dos bienes inmortales, objetos de toda la lucha de su vida: la libertad y la gloria”. (Bolívar).
Miguel Ángel Asturias
Poeta y novelista guatemalteco, nació en la capital de Guatemala (1899-1974). Se dio a conocer en 1830 con sus leyendas de Guatemala, y publicó luego novelas de carácter social, escrita en una lengua intensamente poética: El Señor Presidente, Hombres de maíz, Viento fuerte, El papa verde, Los ojos de los enterrados. Week-end en Guatemala, conjunto de relatos, Mulata de tal. (Premio Nobel en 1967): “Bolívar es la lucha que no acaba. Prueba la miel de un trozo de colmena/ para endulzar su labio y presto escupe. No hay que probar dulzura que se forje/ en cárcel o prisión, sea de cera,/ que harto dura es la cera si con ella/ la aurora de los libres se detiene… Parpadeo de estrellas/ derretidas. Escucha el resollar de sus soldados. El fluido resoplón de los llaneros,/ que más parece que en su lanzas/ llevaran las narices. Los andinos del aliento mordido entre los dientes. Y en esa muelle cama de resuellos,/ como en resortes de profundo pueblo,/ se duerme el Capitán”.
Pablo Neruda
“Cuando entró San Martín, algo nocturno/ de camino impalpable, sombra, cuero,/ entró en la sala. Bolívar esperaba. Bolívar olfateó lo que llegaba. Él era aéreo, rápido, metálico,/ todo anticipación, ciencia de vuelo,/ su contenido ser temblaba allí,/ en el cuarto detenido/ en la oscuridad de la historia… Cuanto hablaron cayó de cuerpo a cuerpo/ en el silencio, en el hondo intersticio. No eran palabras, era la profundidad/ de la piedra humana que toca/ otro metal inaccesible. Las palabras volvieron a su sito… Se abrió otra vez la puerta,/ otra vez toda la noche americana,/ el ancho río de muchos labios palpitó un segundo. San Martín regresó de aquella noche/ hacia las soledades, hacia el trigo. Bolívar siguió solo”. (Canto General).
Arturo Uslar Pietri
“Es el hombre que encarnó la lucha por la independencia, con una tenacidad increíble. Quince años de guerra, de lucha muy dura; alcanzar la independencia de lo que hoy son cinco naciones latinoamericanas. De hecho en toda la América Latina, porque fue la victoria final de Ayacucho la que selló el destino final de todas esas naciones. Bolívar era mucho más de lo que en el lenguaje de la época se conocía como un insurgente. Era un hombre con un pensamiento muy completo y muy rico. No era solo un hombre de acción, sino un hombre de pensamiento, y escribía admirablemente. Las cartas de Bolívar están en una de las mejores proezas de la época. El nervio y el vigor que tiene su lenguaje son verdaderamente excepcionales. Bolívar pensaba que, en primer lugar, había que ganar la independencia. Pero no por la independencia misma. Él pensaba que era el paso previo necesario. Hecho esto, dado este paso, que es el que realmente se le recuerda, él lo que requería era integrar estos países. Él no pensaba en una Venezuela independiente, haciendo lo que le diera la gana, ni en un Ecuador, ni en un Perú, etc. Él pensaba que estos países, y no sólo los que él independizó, sino toda la América Latina, desde México a Argentina, debían integrarse en una forma de cooperación que permitiera tener en común todo lo que tenían”.
Eduardo Galeano
Escritor uruguayo, nacido en 1924, autor de cuentos, novelas y ensayos: “La criatura dijo sus primeras palabras. Fueron las últimas. De los invitados al bautismo, solamente cuatro llegaron a Panamá, y en vez de bautismo hubo extremaunción. El dolor, dolor de padre, encoge la cara de Bolívar. Las piedades y condolencias le suenan a hueco. Doblan las campanas por la unidad de Hispanoamérica. Bolívar había convocado a las nuevas patrias a unirse, bajo el amparo inglés, en una sola patria. No invitó a Estados Unidos ni a Haití por ser extranjeros a nuestros arreglos americanos, pero quiso que el Reino Unido integrara la liga hispanoamericana, para defenderla del peligro de la reconquista española. Ningún interés tiene Londres en la unidad de sus nuevos dominios. El congreso de Panamá no ha parido más que edificantes declaraciones, porque los viejos virreinatos han parido países atados al nuevo imperio de ultramar y divorciados entre sí. La economía colonial, minas y plantaciones, produciendo para afuera; ciudades que prefieren el bazar a la fábrica; no abre paso a una gran nación, sino a un gran archipiélago. Los países independientes se están desintegrando, mientras Bolívar sueña con la patria grande”.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV.
@RafaelMarronG


