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Las dos Venezuela

País dividido

El enfoque de las dos Venezuela le sirve al chavismo oficial para intentar evadirse subjetivamente de la realidad venezolana actual


Oscar Battaglini

La farsa de una sociedad virtual y la pretensión de colocarla en el lugar correspondiente a la que verdaderamente existe, es una de las mayores aberraciones que el chavismo oficial ha tratado de introducir en el imaginario político de la sociedad venezolana; para éste –queremos insistir-, la sociedad venezolana real, en la que vivimos todos los venezolanos, no existe, debido a que su espacio ha sido ocupado por una sociedad constituida básicamente por menesterosos que son atendidos diligente y generosamente por el Estado y el poder clientelar chavista. Eso es lo que en gran medida explica que hayamos derivado hacia una situación de rasgos extrañamente surrealistas, en el cual, ni el Estado ni el gobierno actuales cumplen con las obligaciones asignadas, como son: 1.-la representación de los poderes públicos, sobre todo en materia económica y más concretamente en el ámbito de las políticas agrícolas e industriales, de las políticas cambiarias, fiscales y monetarias, 2.-en relación a la inflación que literalmente devora los salarios y el ingreso familiar, 3.-en relación al desabastecimiento y la escasez de productos, etcétera; de ahí la estupefacción que se experimenta ante el hecho de que las autoridades gubernamentales, no hagan absolutamente nada para corregir esa situación y para atenuar el enorme malestar y perjuicios que la misma acarrea. Por el contrario, la inercia que muestran estas instancias al respecto es de tal naturaleza que en sus alocuciones al país, sus voceros más representativos nunca se refieren a esos problemas. Eso es así, porque de acuerdo a la visión ideológica que el chavismo oficial tiene de la realidad social venezolana, esos problemas no tienen cabida en la sociedad virtual que le sirve de referencia al ejercicio de su poder: Ese es el ámbito del “pueblo”, el cual está constituido únicamente por los pobres y los menesterosos. Ese es igualmente el espacio de los consejos comunales, de las comunas y de otros mecanismos de control de esos sectores sociales por la burocracia oficial. Ese es, por último, el espacio de la llamada alianza cívico-militar que sólo existe en la proclama, por cuanto ese “pueblo”, no posee ni la capacidad ni la autonomía que le permita desempeñar ese rol político; porque en definitiva la fuerza armada chavista es la que verdaderamente ejerce de manera omnímoda, el control de todo el entramado del chavismo oficial. No por casualidad el vicepresidente ejecutivo de la República, Jorge Arreaza, declaró recientemente que ese pueblo lo tenía a ellos (a la burocracia chavista) como su representación y que a través de esta, ese pueblo se expresaba.

La otra Venezuela, la real, es considerada por esa burocracia como el aparato antagónico de la sociedad virtual que ella afirma. Según la particular visión de la realidad venezolana, en su seno no se tendría el sentido de patria ni existiría el pueblo, con lo cual se le estaría negando esa condición a la clase obrera nacional (sobre todo los obreros industriales de las empresas básicas de Guayana); a los trabajadores en general; a los profesionales de la clase media; a los estudiantes, etc. Como puede verse se trata de un intento de forzar la realidad a dar de sí algo completamente irrealizable. Aunque parezca una perogrullada conviene decir que la sociedad venezolana es la que está ahí delante de todos nosotros, con sus pro y sus contras, con su espacio y con su tiempo que son los que nos toca vivir y que no admiten modificación o sustitución mediante malabarismos ideológicos de muy pésima categoría. El enfoque de las dos Venezuela le sirve al chavismo oficial para intentar evadirse subjetivamente de la realidad venezolana actual, pero esta sí los contempla o los incluye a ellos al señalarlos como los principales responsables del desastre que hoy padecemos: del autoritarismo militarista de los poderes públicos, del saqueo de las finanzas del Estado por una burocracia gubernamental corrupta, de la desarticulación institucional de la sociedad; de la corrupción de la justicia, del auge exponencial que ha alcanzado el hampa, de la corrupción definitiva del CNE y de los procesos electorales, de la manipulación y la mentira como políticas de Estado de la agudización del rentismo y el parasitismo petrolero; de la caída de la economía productiva en Venezuela; del control cambiario ruinoso de la inflación de tres dígitos; de la escasez de más del 90% de los bienes de consumo básico de la población; de los salarios envilecidos; de las migraciones masivas de profesionales en busca de mejores condiciones de vida; a pesar de ese resultado nefasto que afecta gravemente la vida de los venezolanos, el chavismo oficial pretende mantenerse en el poder, apelando para ello a todos los mecanismos fraudulentos que posee, en especial los del CNE, el Plan República, y los que le aporta la burocracia cubana a través del G2, el cual, desde hace años, opera libremente en nuestro país. Esta es una cuestión que debe estar suficientemente clara en el cálculo político de los sectores democráticos de oposición, y en torno a la cual no debe haber ningún tipo de confusión o contemplación. Por otra parte, se trata de una pretensión cuya realización es necesario impedir a todo trance. He ahí la importancia crucial que tienen tanto el proceso eleccionario del próximo 6 de diciembre, como las elecciones presidenciales tres años después; salvo que las circunstancias obliguen a recurrir a otros recursos constitucionales para democráticamente, solventar los problemas o conflictos del poder político en la Venezuela de la presente coyuntura.

Por lo pronto es impensable siquiera suponer que el chavismo oficial renueve una vez más su permanencia en el poder. Esto no puede ser posible de nuevo. Quienes han conducido al país a la condición deplorable que hoy presenta, no tienen derecho a seguir al frente de su dirección política. Lo que pasaría si esto ocurre, no tenemos que imaginarlo, ya lo sabemos amarga y suficientemente. Esto no solamente prolongaría por más tiempo el estado de descomposición al que ha sido sometida nuestra sociedad durante los últimos 16 años, sino que los sufrimientos que esa situación le han acarreado a todos los venezolanos, se profundizarían aún más, y por supuesto, se harían aún más insoportables. En esto es necesario insistir, tampoco puede haber ninguna duda. Lo justo es entonces, revocarles el mandato que han recibido de la sociedad venezolana; revocatoria que debe comenzar por las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre y culminar con la siguiente elección presidencial, si es que antes no se presenta, como se ha dicho, una circunstancia que obligue al empleo de otros mecanismos constitucionales para lograr ese objetivo fundamental. Esto responde a la idea de que la solución de la grave crisis por la que atraviesa nuestra sociedad, comienza con el cese definitivo del poder del chavismo oficial. Le corresponde al pueblo venezolano, a sus obreros, a sus campesinos, a sus trabajadores en general, a la clase media, a sus profesionales, a los estudiantes, a los inversionistas privados ganados para la construcción de una economía productiva, autosuficiente y autónoma, a la gente del común etcétera, hacer posible mediante el ejercicio del voto, la realización de ese fin supremo en la hora actual.