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Laboratorio global: la misma burguesía roñosa

Trump vendió la ilusión del retorno al “sueño americano”. Por eso gana Trump


Julián Rivas

Ganó Trump. En verdad no me alegra, pero me entra un fresquito. Importante la derrota del bloque anglosionista global que sumaba sus esperanzas en Hillary Clinton, dispuesta a meter más combustible al conflicto universal.

Es decir, con Clinton se acentuarían las guerras regionales como parte del plan hegemónico estadounidense-ingles-israelí. La Diabla ya se llevó a Muhamar Gadafi en los cachos.

No me sorprende la victoria de Trump porque desde hace tres meses por lo menos Raimundo Kabchi lo había anunciado. Me decía a diario: la única manera de que Trump pierda es con fraude.

Con un análisis que se fundamentaba en el voto mayoritario de la población blanca anglosajona, por lo menos dos tercios del electorado, Kabchi advertía que ese sector de la población era el objetivo de Trump, lo que los anglófilos llaman “target”.

El señor Trump es el prototipo del capitalista neoliberal en la sociedad estadounidense. Lo que lo diferencia a él de los demás políticos es que no es del establecimiento estadounidense, vale decir el militar, petrolero, cibernético, financiero y cultural.

No forma parte del club de banqueros que gobierna Estados Unidos con Obama, me advertía. Recordemos la crisis financiera de 2008, con la que se estrenó Obama y verán quién gano y quién perdió. Ganó el capitalismo financiero y perdió la mayoría.

Trump pertenece a una escuela aislacionista, ensimismada en Estados Unidos. Vendió a los electores la idea de que Washington no puede llevar a sus jóvenes a hacer guerra a lo largo y ancho del mundo.

Este planteamiento parece retomar el viejo aislacionismo. Siempre en Estados Unidos ha existido una corriente aislacionista que se confronta con otra, mucho más imperialista, que esgrime la doctrina del destino manifiesto. Ahora, preguntamos si mantendrá Trump esta posición en su gobierno. Está por verse.

Trump llega con un mensaje racista, revestido de supuesto nacionalismo, que es caldo de cultivo en regiones relegadas de Estados Unidos. Habló mucho y mal de ese asunto. Lo que en todo caso va a chocar con la realidad.

Los primeros invasores fueron una capa de blancos anglosajones que llegaron a la costa este del Norte de América a mediados del siglo XVII.

Recientemente Samuel Huntington quiso darles brillo dentro del mosaico etnocultural gringo, eludiendo la rigurosidad histórica. Se trata de una sociedad que hasta 1924 se mantuvo a abierta a oleadas migratorias.

Además, el Medio Oeste fue de Francia y España. Mediante una treta, Napoleón Bonaparte le quitó la Luisiana a España y se la vendió a Estados Unidos en 1802. Dicen que Napoleón murió arrepentido de esa decisión que lo llevó a ceder dos millones y medio de kilómetros cuadrados.

Los mexicanos hasta por esas inexplicables razones telúricas residen por millones en territorio estadounidense que parte de México.

Robado con la guerra a mediados del siglo XIX, lo que al menos en teoría no lo permite hoy el derecho internacional. Por lo demás, la política, la demografía y la vida misma no pueden medirse con periodos cuatrienales ni quinquenios ni decenios.

Texas, Arizona, Nevada, Nuevo México, California, Colorado, Oregón, Montana, son nombres que remiten al mundo hispano.

Sobra decir que muchos teóricos, incluyendo a Robert D. Kaplan, advierten que la unidad territorial de Estados Unidos va a pasar pruebas en el futuro.

Son hasta las líneas divisorias internas, los limites convencionales geométricos entre los estados de la llamada unión, de corte administrativo. La economía se queda corta y en los procesos políticos la cultura y sus referentes históricos muchas veces tocan la puerta. El tiempo aclara.

Quizás eso explique el loco empeño de Trump por levantar un muro a los mexicanos. Los teóricos de la libertad se quedan cortos en este punto. El muro que condenan todavía es el de Berlín.

Lo que sí es cierto es que Estados Unidos vive crudamente la crisis del capitalismo. Trump es empresario, con éxito. Mira a su alrededor y cree que puede sanear un país endeudado, con competitividad industrial por el suelo y con pérdida de posiciones en la economía mundial.

De poseer casi la mitad de la economía mundial hace medio siglo, un tercio en los noventa, ahora Estados Unidos representa un octavo de la economía global. Es decir 40, 25 y ahora 15. Trump vendió la ilusión del retorno al “sueño americano”. Por eso gana Trump.

Hay mucha ideología en el presunto análisis de los asuntos económicos, sociales y culturales por parte de los derechistas. La fiebre anticomunista no permite ver abiertamente lo que sabe Trump.

Estados Unidos es un imperio en decadencia, con una moneda en deterioro permanente, el dólar, con mecanismos de extorsión para la venta de armas, con compulsivas y corruptoras maneras de vender alimentos transgénicos y con una industria cultural promotora de vicios. Pura propaganda.

Hace un tiempo vimos una de esas raras películas o series de televisión de policías gringos.

En una patrulla un policía le dice a otro: ¿No has encargado esposa rusa? Antes de las reformas las mujeres rusas eran gordas y feas, ahora son hermosas, agregó el policía.

Lo mismo hacen los teóricos y cronistas burgueses cuando abordan el mundo soviético en general: edificios derruidos, carros viejos o el recuerdo de Chernóbil. Este sería el socialismo.

Pero Trump es ahora el galán de la película. Obama decepcionó y en el marco permitido sale un nuevo outsider. Es el juego. Trump es un burgués, un plutócrata que teme el retroceso de Estados Unidos.

China produce más carros que Gringolandia. También produce diez veces más acero que USA. Y si de edificios derruidos se trata, ahí están los cementerios industriales de Detroit, por ejemplo, la vieja fábrica de carros Packard.

El vehículo “americano” vive una tragedia en su propio patio, y bien sabemos que el gringo no puede andar a pie. Eso le dijeron cuando era muchachito.

Pero caramba, lo que ha ocurrido en Estados Unidos es la mejor muestra del laboratorio político social. El capitalismo arrastra una vieja crisis y es un sofisma la democracia estadounidense.

Qué enredo, qué absurdo es ese método de los colegios electorales para decidir una elección.

Los derechistas no se dan cuenta, ni pretenden darse por enterados. Ni los teóricos burgueses de viejo cuño ni los intelectuales rajaos, por supuesto.

El derechista y el derechizado suele decir que en el mundo predomina el capitalismo.

Es verdad. Pero se equivocan cuando dicen que eso será eterno y que no hay opciones. Son de los liquidan el socialismo con la palabra.

Para esta gente el manager de la franquicia de la democracia es Estados Unidos. Pregúntele a Agustín Blanco Muñoz, que le gusta Miami.

Estas cosas que pasan en Estados Unidos tienen impacto global. Las burguesías parecen hechas con el mismo cartabón. Los partidos burgueses buscan financiamiento en Washington.

Posiblemente harán carpetas nuevas para convencer a los entrantes jerarcas de la administración Trump.

Quizás esto explique el silencio de la MUD, donde predominan los anglosionistas, tan caros a la Clinton.

Bueno, Rómulo Betancourt dijo que en Venezuela había un “roñoso sector reaccionario del frente económico”. Parece que sigue. Prueba de ello es la banca. Cada día inventa algo para dificultar el servicio a los usuarios.

Difícil acceder a un crédito. Y por lo visto, las ponen duras cuando el ciudadano va a cualquier agencia a retirar algo de sus ahorros. Prácticamente han borrado el cheque de gerencia. Un crédito de vivienda es tarea difícil.

Ante esa burguesía apadrinada por los gringos y agrupadas en Fedecamaras-MUD debemos bregar. Roñoso tiene dos acepciones. Una que alude a lo sucio, y otro a lo tacaño. De miseria está llena la burguesía latinoamericana. Tacaños son los que hacen guerra económica.

No crean que el señor Trump dista mucho de eso. No se hagan ilusiones. Con Obama fue mucho con demasiado. Hasta nos declaró amenaza. Pero los de la MUD están tristes. Viva la revolución.