Es el oscuro y despiadado sistema de dominio de un gobierno sobre una población empobrecida y expoliada
Gustavo Luis Carrera
Se define la ganancia como sacar provecho en una operación comercial. Hay índices que determinan una proporción razonable, económicamente aceptable. Es una forma equilibrada de reconocer la necesidad de un provecho de parte del comerciante, y la indispensable defensa de la capacidad pecunaria del consumidor.
BENEFICIO COMERCIAL. ¿Cómo se determina un grado de beneficio comercial que resulte equilibrado? Seguramente no hay parámetros rigurosos, de aplicación matemática. Mi padre, comerciante en aquellos tiempos, me decía que la ganancia en los negocios no debía pasar del 15 %; y que más allá de este límite empezaba la especulación. En la actualidad, se tiende a aceptar un máximo de 30 %, como un tope ponderado. Esta amplitud, de generosa elasticidad, es frecuentemente sobrepasada, inclusive hasta márgenes desmesurados de lucro, fuera de límites, y sin vigilancia de las autoridades.
GANANCIA DESMEDIDA. Justamente el beneficio exorbitante, que realmente equivale a un asalto al consumidor, es la total y evidente especulación. Esta ganancia excesiva se aplica sin remordimiento del comerciante, ya que este solo se guía por la voracidad de lucrar, sin límites, aprovechando la necesidad del consumidor.
Es la desmesura que padecemos actualmente, agobiados, como estamos, por el saqueo cotidiano que se realiza en todos los ámbitos comerciales, profesionales, artesanales, y en todo lo que implique comercialización y pago de honorarios. La ganancia desmedida es simple y vulgar especulación desaforada.
EL ABUSO ESPECULATIVO Y LA INDIFERENCIA OFICIAL. Es una situación desquiciada, que llega al desafuero; y todo en contra de la ya empobrecida economía del consumidor de la clase media y de los niveles más necesitados. Como hemos dicho, el abuso especulativo se aprovecha de las carencias ingentes de las personas. Pero, lo que más sorprende es la indiferencia oficial ante este atropello.
Es una infracción permanente, que se hace evidente en ventas, quioscos, tiendas, bodegones, abastos, clínicas, consultas médicas, farmacias, trabajos de reparaciones y mecánica, repuestos, transporte y taxis, y ya en el colmo, en el pago de 1/2 dólar por un litro de gasolina (esto último, en favor de oscuros, innominados, y jerarquizados beneficiarios). ¿Hasta dónde se trata de indiferencia oficial, y dónde empieza la aplicación calculada de un sistema de dominio sobre toda una colectividad? Es necesaria esta pregunta.
O son las dos cosas: de una parte, el gigantesco beneficio para los protegidos y paniaguados del régimen; y de la otra, la forma más brutal y cruel de lograr un efectivo control de una sociedad, cada vez más obligada a enfrentar la necesidad diaria de la supervivencia, en medio de la carencia y de la pérdida del poder adquisitivo, y por ende, obligada a ocuparse solamente de sobrevivir. Mientras el statu quo domina a plenitud, enquistándose en la administración pública.
VÁLVULA: «La especulación, que eleva los precios abusivamente, de manera compulsiva ante la gente necesitada, es el enemigo público número uno, que actúa libremente ante la indiferencia oficial, o como un oscuro y despiadado sistema de dominio de un gobierno sobre una población empobrecida y expoliada».

EL AUTOR es doctor en Letras y profesor titular jubilado de la Universidad Central de Venezuela, donde fue director y uno de los fundadores del Instituto de Investigaciones Literarias. Fue rector de la Universidad Nacional Abierta y desde 1998 es Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua. Entre sus distinciones como narrador, ensayista y crítico literario se destacan los premios del Concurso Anual de Cuentos de El Nacional (1963, 1968 y 1973); Premio Municipal de Prosa (1971) por La novela del petróleo en Venezuela; Premio Municipal de Narrativa (1978 y 1994) por Viaje inverso y Salomón, respectivamente; y Premio de Ensayo de la XI Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1995) por El signo secreto: para una poética de José Antonio Ramos Sucre. Nació en Cumaná, en 1933.