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Ucrania a través del Esequibo I Opinión I Humberto González Briceño

De la veneración a la imperialista Rusia, ahora la Venezuela chavista cambia de amo y se lanza a los pies de su más insospechado protector: El gobierno demócrata de Joe Biden

Humberto González Briceño

Hace unos días me contactó un alto oficial de las Fuerzas Armadas Chavistas para celebrar con sarcasmo mi supuesta conversión de fanático pitiyanqui a furibundo defensor de Rusia y Vladimir Putin en el conflicto con Ucrania. Le respondí que detrás de esa aparente contradicción hay una comprensión de la geopolítica desde la perspectiva de la dialéctica de imperios. Esta elaboración teórica del filósofo español Gustavo Bueno nos permite quitarle la connotación negativa a la palabra “imperio” para dejarla con los elementos sustanciales que permitan denominar y explicar a unos Estados que se transforman en más poderosos que otros. A diferencia de la basura ideológica y propagandística que hoy se enseña en la Academia Militar en Venezuela, Imperio e Imperialismo no son ni buenos ni malos sino realidades que están continuamente operando y no se pueden ignorar.

Este oficial militar muestra el pensamiento promedio de muchos oficiales que han salido de la Academia Militar con la cabeza llena de consignas “antiimperialistas” y graves deficiencias teórico-políticas para comprender situaciones complejas como la confrontación Rusia-Ucrania y sus repercusiones. Este es el tipo de razonamiento básicos que en los primeros días del conflicto animó a los chavistas a exclamar exaltados “Si se prende un peo, con Rusia me resteo.” Lo que sigue es la síntesis de los argumentos que compartí con este oficial.

El súbito giro del régimen chavista de Nicolás Maduro dispuesto a venderle petróleo a los Estados Unidos y a ofrendar la ceremonia con las banderitas de ambos países ha resquebrajado el piso teórico en el que se mueven los militares chavistas. De la veneración a la imperialista Rusia en agradecimiento por su apoyo militar ahora la Venezuela chavista cambia de amo y se lanza a los pies de su más insospechado protector: El gobierno demócrata de Joe Biden. Se entiende que el chavismo apuesta por un levantamiento de las sanciones y el comienzo de una nueva era en sus relaciones con los EEUU lo cual será clave para que sigan en el poder. No importa que el precio sea arrodillarse y besarle la mano al imperio norteamericano. Pero también queda claro que las consignas antiimperialistas de los chavistas nunca han dejado de ser más que una postura demagógica sin ningún sustrato político o filosófico.

Bajo la retórica patriotera y demagógica del chavismo en realidad se enmascara uno de los regímenes más vendepatria y antinacionalista que Venezuela haya conocido. Traición a la patria ha sido una práctica recurrente del chavismo siempre dispuesto a disolver el territorio de la nación venezolana con tal y continuar en el poder. El abandono de la defensa de las fronteras para ceder esos territorios a guerrilleros y paramilitares son la evidencia de esta nefasta práctica.

El desgano del régimen chavista en la defensa del Esequibo nunca irá más allá de unas consignas ridículas y unas diligencias administrativas ante la Corte Internacional de Justicia. Sobre este tema pareciera que se ha impuesto una sólida, sórdida y silenciosa conspiración entre chavistas y falsos opositores para aceptar como irreversible el despojo formal del Esequibo. Despojo formal porque desde el punto de vista material es un territorio que Venezuela no controla. Las tierras están en manos de Guyana y las aguas de la ExxonMobile con una licencia especial emitida por los EEUU que le ha permitido seguir entendiéndose con el régimen chavista a pesar de las sanciones.

A los militares chavistas, hoy confundidos ante el súbito cambio de seña de su gobierno hay que explicarles la confrontación Rusia-Ucrania a través del Esequibo. Ucrania históricamente siempre fue parte de Rusia y una decisión administrativa de la Unión Soviética la elevó a categoría de república sin llegar a serlo en la realidad. Caída la Unión Soviética esta república artificial creada por la vía de los hechos adquiere entidad propia en una estrategia a largo plazo de los Estados Unidos y la OTAN para mantener en jaque a la nueva Rusia. No se puede abordar un examen del conflicto dejando a un lado que Ucrania siempre fue Rusia y su territorio es parte del espacio vital de la actual Federación Rusa.

Tan esencial es el territorio de Ucrania para Rusia como el Esequibo para Venezuela. Hay suficiente evidencia histórica y geográfica para reivindicar el Esequibo como parte integral del territorio venezolano. Lamentablemente las opciones para que Venezuela lo recupere se han agotado en el tiempo y han quedado disueltas en un escabroso camino de inconsistencias y equivocaciones. No es difícil pronosticar que muy pronto Venezuela será víctima de este despojo según las regulaciones de un derecho internacional, inexistente como tal derecho, que opera efectivamente como justificación a decisiones geopolíticas de los imperios.

Ver a Ucrania a través del Esequibo significa, salvando las distancias y las diferencias, que en los próximos 100 años cuando Venezuela sea otra y cuente con unas Fuerzas Armadas verdaderamente patriotas y nacionalistas podría ocurrir un intento de recuperar ese territorio mediante una acción militar. Entonces se dirá de Venezuela, sin ser una potencia mundial, lo que hoy se dice de Rusia por apelar a la guerra y no a la negociación diplomática. Nadie querrá escuchar las razones y los argumentos de Venezuela porque será más fácil condenarla en nombre de la democracia, la libertad y el derecho internacional por agredir a un país vecino.

Situaciones como las de Ucrania y el Esequibo son producto de la inercia y la ausencia de firmeza para tomar decisiones que caracteriza a la mayoría de políticos y diplomáticos. Cuando estas crisis afectan la capa basal de un estado, o sea su territorio y sus riquezas, el agotamiento de las opciones políticas lleva irreversiblemente a su corrección por la vía de la guerra.-

@humbertotweets

EL AUTOR es abogado y analista político, con especialización en Negociación y Conflicto en California State University.

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