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Las mutaciones del chavismo I Opinión I Humberto González Briceño

El gobierno tendrá a su disposición más recursos y su propia burguesía financiera para tratar de continuar en el poder en nombre de Chávez, aunque de su legado solo quede polvo.

Humberto González Briceño

            El chavismo como una curiosa tendencia política que logró reunir factores de la izquierda y de la derecha con una retórica neo socialista en los años noventa ha cambiado dramáticamente. La demagogia de Hugo Chávez sedujo a las masas llevadas de la mano de unos medios de comunicación rendidos ante el carisma del comandante con la esperanza de usufructuar beneficios en el anticipado nuevo régimen político. El discurso chavista tenía una promesa y una esperanza para todos los sectores de la sociedad aunque sus intereses fuesen contradictorios. Esta etapa se caracterizó por una retórica nacionalista cuya mejor expresión fue su discurso el domingo 6 de Diciembre de 1998 en las afueras del teatro Teresa Carreño cuando con tono pausado y prudente ofreció garantías para todos.

            Una vez en el poder la retórica patriotera y nacionalista se dejó a un lado para abrazar la prosa socialista en el mejor estilo chavista anunciando motores para una “revolución endógena”. De alguna forma la palabra socialista, vacía completamente de contenido,  permeó las políticas de esa primera década del chavismo cuando se perdieron miles de millones de dólares de la nación venezolana en corrupción y en absurdos experimentos como los conucos, las areperas y el desmantelamiento de la industria petrolera. Pero todavía Venezuela tenía dinero suficiente en sus arcas heredadas del antiguo estado democrático de partidos para financiar las pretensiones megalómanas de Hugo Chávez.

            Estos fueron los años en que un Chávez envalentonado con ilimitados recursos petroleros se dió a la tarea de destruir todo aquello que no podía controlar. El Estado nacional venezolano con sus instituciones fue pulverizado para instalar el nuevo Estado chavista con estructuras políticas, militares y financieras propias. En su pretendida obsesión socialista Chávez acabó con industrias, empresas y comercio destruyendo así a la economía venezolana incluido su signo monetario que terminó valiendo mucho menos que el papel higiénico. El socialismo a la chavista redujo a Venezuela a la vergonzosa y humillante condición de ser un miserable país de menesterosos que dependen de una caja CLAP para escapar de la búsqueda de comida en los basureros.

            A la sombra del chavismo floreció una nueva capa socioeconómica conocida como los boliburgueses o aquellos enchufados a las estructuras del poder chavista con el privilegio de hacer negocios y dineros con el Estado. De alguna manera esta boliburguesía terminó sustituyendo a la otra burguesía financiera pero esta nueva capa contaría con la protección y estímulo del Estado chavista.

            Al momento de morir Hugo Chávez Venezuela era un país social y económicamente desahuciado cuyas carencias y miserias afectarían incluso a la propia clientela chavista. El Estado chavista tal como se le conoció en la época de Hugo Chávez ahora resultaba inviable al comienzo del gobierno de Nicolás Maduro. Por supuesto, con una industria petrolera desmantelada y unas reservas en su nivel histórico más bajo, la cúpula chavista en pánico entiende que su modelo está agotado y si quieren continuar en el poder tienen que buscar otros modelos o regresar al modelo anterior de un capitalismo de estado más o menos organizado y con garantías para el capital privado.

            Sin embargo, emprender este viraje de políticas que en la práctica significaba renegar de toda la obra y pensamiento de Hugo Chávez era una maniobra que requería extrema habilidad y precisión. Cualidades que por esa necedad de subestimar al adversario nunca se le reconocieron o se vieron en Nicolás Maduro. Los mismos que en 1999 aseguraban que Chávez no llegaría a 3 años de gobierno ahora regresaban con las mismas manías pronosticando que Maduro o “Masburro” carecía de las capacidades de Chávez y saldría del poder en poco tiempo. De eso ya hace más de 7 años.

            Lo primero que hizo Nicolás Maduro para emprender un viraje que garantizara la supervivencia del Estado chavista y sus mafias fue liquidar toda oposición política a su gobierno dentro del chavismo y amarrar su destino al del Vladimir Padrino Lope quien ha logrado dominar a las fuerzas armadas chavistas a fuerza de corrupción para dividirlas y debilitar los focos de oposición y resistencia en contra de Maduro. Parte de esta operación política ha consistido en aislar y debilitar a cualquiera que pudiese ser una opción real para sustituir a Nicolás Maduro. En esa lista de chavistas civiles y militares está por supuesto Diosdado Cabello quien aunque ejerce una de las vicepresidencias del PSUV ha perdido todo su poder político y sus fichas militares han sido jubiladas o están en la cárcel.

            Sin peligro de oposición interna, la nueva macolla del estado chavista conformada por Nicolás Maduro, los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez ha ido desmontando todo el legado chavista que antes era venerado y hoy es parte del pasado. Así la nueva política monetaria del régimen es entregarse a la dolarización como confirmación de que el signo monetario nacional ha perdido todo su valor y la única forma de recuperarlo bajo el régimen chavista sería anclarlo al dólar yanqui tan despreciado por Chávez. Con el mismo ímpetu el Estado chavista ha emprendido  una política de privatización primero creando zonas económicas especiales para privilegiar a sus capas de boliburgueses y ahora se acaba de anunciar que el gobierno comenzará a reprivatizar empresas bajo control estatal en otro reconocimiento al fracaso de las políticas de Hugo Chávez.

            Es curioso y hasta irónico que el estado chavista para sobrevivir esté obligado por la realidad a desprenderse de las políticas y la basura teórica que fabricó Hugo Chávez y que igualmente llevó a Venezuela a su destrucción. Esta nueva fase está definida por un regreso a la dolarización y a la propiedad privada (privatización de empresas estatales, etc.), eso sí con una política claramente orientada a fomentar y preservar sus propias capas de Boliburgueses y Bolichicos. Esto no quiere decir que Venezuela entra en una fase de recuperación económica sino más bien que el gobierno tendrá a su disposición más recursos y su propia burguesía financiera para tratar de continuar en el poder en nombre de Chávez aunque de su legado solo quede polvo.

@humbertotweets

EL AUTOR es abogado y analista político, con especialización en Negociación y Conflicto en California State University.
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