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Las conspiraciones chavistas contra Nicolás Maduro

Las conspiraciones que le quitan el sueño al régimen chavista no son precisamente las que este publicita sino más bien aquellas que disimula.

Humberto González Briceño

            Hace ya muchos años Venezuela dejó de tener una Fuerza Armada Nacional. En su lugar lo que tiene es una Fuerza Armada chavista que actúa como el brazo armado del régimen contra la población civil desarmada y es su principal soporte de apoyo. Esto es el resultado de la combinación de varios factores que juntos produjeron el peor de los resultados para Venezuela al no poder contar con un fuerza armada profesional e institucional sino con una banda armada que defiende un régimen político.

            Esto es el resultado de la visión cortoplacista y aventurera de la falsa oposición cuyo momento más emblemático fue el caricaturesco golpe que llevó a Pedro Carmona a una brevísima presidencia el 11 de abril del 2002. También es el producto de una generación de oficiales militares formados en la era de la democracia de partidos como unos verdaderos eunucos políticos cuyo pudor democrático en su momento les impidió defender con las armas el régimen político al cual pertenecían. Esa perniciosa y tóxica ideología es la culpable de que una gran cantidad de oficiales militares se hayan animado a ir a la plaza Altamira a protestar democráticamente contra Hugo Chávez en lugar de organizarse militarmente para sacarlo del poder.

            La partidización de las fuerzas militares en Venezuela comenzó en 1999 con la inauguración misma de la presidencia de Hugo Chávez. Pero lo que al principio fueron movimientos tácticos, tímidos y discretos tomarían la fuerza de un huracán precisamente luego del fracaso del golpe de Carmona en abril del 2002. El fracaso del golpe de Carmona le facilitaría a Hugo Chávez el trabajo de identificar con quienes no contaba dentro de esas fuerzas armadas y sería la mejor justificación para emprender una purga que terminaría expulsando a más del 60% de los oficiales reemplazándolos con fieles incondicionales con la llamada revolución bolivariana, sin importar su formación ni experiencia.

            En el 2024 solo queda una fuerza armada 100% chavista formada a la medida del Estado chavista sin la presencia de oficiales comprometidos o simpatizantes del régimen político anterior al chavismo. De manera que cualquier foco conspirativo, de rebelión o resistencia dentro de estas fuerzas armadas está necesariamente conformado por elementos de la generación chavista. Y por su estructura orgánica actual (una política donde todos están bajo sospecha y todos vigilan a todos) quienes ya han salido de la organización militar no tienen mayor influencia sobre quienes están aún dentro.

            Con esto podemos adelantar la siguiente tesis: Cualquier intento viable para derrocar militarmente al régimen chavista o reformarlo saldrá necesariamente de lo interno de sus propias fuerzas armadas, no de afuera. Esta hipótesis no incluye la intervención militar internacional que aunque muy improbable no se puede descartar y tendría igualmente que coordinarse con elementos internos de las fuerzas armadas chavista haciendo muy difícil su viabilidad.

            El fermento de la conspiración dentro de las actuales Fuerzas Armadas chavistas es fértil y fecundo, pero no por las mismas razones que animarían a ex militares que ya no pertenecen a la pirámide castrense. Aquí estamos frente a oficiales que nada tienen que agradecer al antiguo Estado de partidos y su prédica democrática. Por el contrario, esta generación de militares ha hecho de la corrupción su credo para afianzar su fe en una revolución que destruye el país a pedazos pero que les permite ciertas dádivas y ofrece expectativas de futuras prebendas a cambio de su fidelidad.

            Dentro del régimen chavista sus fuerzas armadas operan como un ecosistema propio con relativa autonomía, códigos y protocolos. La razón que tendría un oficial de la Fuerza Armada chavista para rebelarse contra la autoridad de Nicolás Maduro o la de Vladimir Padrino López no es buscar el regreso de la democracia y el régimen de libertades sino más bien sería un cuestionamiento a la incapacidad e incompetencia de ambos para que esa aceitada maquinaria de crimen y corrupción siga operando eficientemente. Es la pérdida de fe en las capacidades de Maduro y Padrino para mantener el aparato político militar chavista lo que ha alentado la inevitable pugna por el liderazgo en el sector militar donde ya se cuentan más de 6 promociones represadas porque los están arriba no quieren abandonar sus cargos a pesar de haber cumplido sus años de servicio, comenzando por el mismo ministro de la defensa.

            Nicolás Maduro en su discurso de memoria y cuenta este año indicó que en el 2023 habían intentado asesinarlo y sacarlo del poder por lo menos 4 veces. Las acusaciones sin la menor credibilidad apuntan a los Estados Unidos país que está decidido a entenderse con el chavismo por suministro de petróleo barato y a algunos dirigentes de la falsa oposición que andan loquitos por hacer lo que el gobierno les pida con tal y les permitan participar en las elecciones.

            La última de estas versiones de conspiraciones de utilería fue refrendada por el Fiscal del régimen Tarek William Saab presentando como ya es costumbre a un testigo estrella que se auto incrimina e incrimina a otros. Con base a la supuesta confesión del ex militar Angelo Heredia el régimen ordenó la captura de un grupo de militares y dictó órdenes de captura contra Tamara Sujú; Wender Villalobos; Norbey Marin; Sebastiana Barráez; Mario Carratú Molina y José Antonio Colina. Por supuesto, no hay trabajo policial o investigativo que respalde la versión poética de Saab, todo comienza y termina en la confesión del testigo estrella.

            Otras conspiraciones como la operación Gedeón también fueron ampliamente publicitadas por el régimen quien les había infiltrado y parecía estar moviendo los hilos de toda la acción hasta su desmantelamiento.

            Pero estos supuestos intentos conspirativos “desde afuera” de las Fuerzas Armadas chavistas son inocuos y no se parecen a los otros intentos de los cuales sí tenemos evidencias pero no son admitidos por el régimen. Las conspiraciones que le quitan el sueño al régimen chavista no son precisamente las que este publicita sino más bien aquellas que disimula y las que, por ejemplo, han decretado que Nicolás Maduro no podrá volver más nunca a un desfile militar en público por temor a un atentado. O aquella otra que terminó con la desaparición física de Tareck El Aissami y la detención de varios de sus operadores civiles y militares.

            El objetivo de estos montajes conspirativos mediáticos, burdos y caricaturescos por parte del chavismo no es que el común de la gente se los crea. Eso les da igual. Esto es un producto de marketing muy especial para una audiencia específica: Sus operadores civiles y militares, sobre todo estos últimos que se han desmoralizado y parecen resueltos a buscar un nuevo comandante en Jefe más competente para mantener el ecosistema criminal y seguramente egresado de la Academia Militar.

            Como siempre, cada vez que los voceros de la macolla chavista hablan hay que prestar atención no solo a lo que dicen sino a lo que callan y ocultan, porque allí es donde podremos encontrar las verdaderas claves de sus certezas y de sus temores.

 @humbertotweets  

EL AUTOR es abogado y analista político, con especialización en Negociación y Conflicto en California State University.

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