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Lo que nos falta para ser felices

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Cabe preguntarse si la situación del país no ha cambiado en más de un siglo

Gustavo Luis Carrera

José María de Rojas o el Marqués de Rojas (1828-1907), destacado escritor y “hombre público” caraqueño, marqués por haber comprado el título, recorrió varios campos literarios como cronista y ensayista, sobresaliendo en la vertiente de compilador con su famosa Biblioteca de Autores Venezolanos (1875). En 1905 publicó dos prescripciones sociales y políticas dignas de rescate.

“LO QUE NOS FALTA EN VENEZUELA PARA SER FELICES”. Eso que nos falta, José María de Rojas lo precisa así: “La cosa que nos falta, porque no la tenemos, es “juicio”. El “juicio” en sus diversas acepciones. Con “juicio”, habríamos vivido en “paz”; nuestra agricultura estaría próspera y no pediría al gobierno que la redimiese de sus deudas; el comercio y las industrias estarían florecientes y todos pasaríamos una vida de flores en esta tierra sobre la cual derramó la Providencia tantos dones. Con “juicio”, tendríamos “caminos de hierro” que nos llevasen con celeridad y placer a los confines de la república; nuestros ríos estarían canalizados y nuestros hermosos lagos y mares surcados por vapores. Con “juicio”, habríamos estimulado a los extranjeros a venir a esta tierra de promisión con sus industrias o sus fortunas a establecerse entre nosotros, y compartir los beneficios. Con “juicio”, no habríamos invertido las contribuciones que representan el sudor del pueblo en elementos de guerra y de exterminio. Con “juicio”, habríamos diseminado la instrucción entre las masas y contribuido a su adelanto moral, tan necesario para su bienestar físico. Con “juicio”, habríamos sido buenos patriotas, buenos cristianos, buenos ciudadanos, y esta tierra sería un edén, un paraíso, un jardín encantado, en vez de un ludibrio. Sería la admiración del mundo, por la asombrosa abundancia y variedad de sus productos, por sus ricas y majestuosas selvas y montañas, su cielo azul y transparente, sus climas de todas las zonas, su pueblo primitivamente tan inocente y pastoril, y sus mujeres tan bonitas”. Y agrega:…”el Poder Ejecutivo, o el Ejecutivo Nacional, como se le llama, con más propiedad, ahora, pues es el Ejecutivo quien en última instancia ejecuta a la nación”…”de ser Presidente, dejaría el mando al cumplirse mi tiempo y por ningún motivo permitiría que mi sucesor fuese nombrado bajo mi propia inspiración”…”Nos queda un camino hermoso, florido, que nos conducirá a la gloria eterna, el camino de prosternarnos ante el Dios de las misericordias y rogarle, y pedirle, que se conduela de nosotros, que nos ampare en este duro trance y nos salve de tan espantoso naufragio”.

SIN EMBARGO, LA REALIDAD NACIONAL se impone: “No vive el hombre para sustos en esta bendita tierra, en esta “patria de héroes”, como la llamó el inmortal Don Andrés. Por la mañana comienza a hormiguear la desconfianza pública; al promediar el día, se ven ya síntomas de “pronunciamiento”; a la caída de la tarde la alarma es universal, y por la noche tenemos carreras a pie y a caballo, fuego graneado en las esquinas, siniestros inesperados, síncopes domésticos, abortos, fracturas, desolación y muerte; para repetirse iguales o idénticas escenas al siguiente día. ¡Oh, sociedad bien constituida! ¡Qué pueblo tan autonómico! ¡Qué gobierno tan paternal!”.

*VÁLVULA: “Después de leer los diagnósticos del Marqués de Rojas (como a él le gustaba que lo llamaran), dada su validez actual, cabe preguntarse si la situación del país no ha cambiado en más de un siglo, o si el Marqués era visionario y pudo vaticinar la realidad que ahora priva en este país”.

glcarrera@yahoo.com