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Oposición venezolana: ¿cómplice involuntaria del chavismo?

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La oposición electoralista tampoco ofrece mejores resultados. Son los que han aceptado cada abuso bajo la premisa de que “voto mata fraude”, aunque la experiencia demuestre lo contrario .

Humberto González Briceño

Luis Vicente León lo dijo con la frialdad quirúrgica que lo distingue: “Estados Unidos sabe dónde está Maduro”. Y claro que lo sabe: no se trata de un fugitivo en la selva, sino de un jefe de Estado atrincherado en un sistema. El problema no es el paradero del hombre, sino la fortaleza del tinglado chavista que lo sostiene: militares, jueces, clientelas, mafias del oro y del petróleo.

La oposición venezolana parece empeñada en repetir esa ingenuidad, cada quien a su manera. La abstencionista, encarnada en María Corina Machado, pasó de predicar el “en tiranía no se vota” como evangelio, a convertirse en candidata bajo las mismas reglas que antes denunciaba, para luego regresar a su prédica abstencionista como si nada. Como si de pronto, por un acto de fe, la tiranía hubiera mutado en democracia. Esa incoherencia recuerda a ciertos exiliados cubanos de los sesenta que pedían invasiones militares, pero a la hora de organizarse políticamente en Miami se perdían en luchas intestinas. Mucha épica en el discurso, poca estrategia en el terreno.

La oposición electoralista tampoco ofrece mejores resultados. Son los que han aceptado cada abuso bajo la premisa de que “voto mata fraude”, aunque la experiencia demuestre lo contrario . Su lógica es la del eterno retorno: participan, pierden, denuncian, y vuelven a participar. Algo parecido al viejo PRI mexicano, donde la oposición era funcional: jugaba a perder para legitimar al sistema.

Lo grave es que, desde extremos opuestos, ambas oposiciones cumplen el mismo papel. La abstención radical deja el terreno libre para que el chavismo se declare victorioso sin esfuerzo; la participación sumisa le otorga la legitimidad de una competencia. Dos caras de una misma impotencia.

El chavismo, en cambio, ha entendido su propia naturaleza: no necesita ganar limpiamente, le basta con administrar la incertidumbre. A veces organiza farsas electorales, otras negocia con la “falsa oposición” para ganar tiempo , y cuando lo considera necesario exhibe músculo militar para recordar quién manda . Es un sistema adaptativo, no un caudillo aislado.

León, con su frase, desnudó la falacia: el problema no es “dónde está Maduro”. El problema es cómo desmontar un régimen que se sostiene en una alianza de armas, dinero y complicidades internacionales. Y ese desmontaje no ocurrirá mientras la oposición siga atrapada en sus liturgias: los unos rezando por la abstención como dogma, los otros arrodillados ante las urnas como única salida.

La historia enseña que las dictaduras no caen ni por abstención ni por pleitesía electoral. Caen cuando la sociedad logra construir una fuerza política con estrategia, cohesión y presión real, dentro y fuera del país. Mientras eso no ocurra, el chavismo seguirá campante perfeccionando su arte: ganar incluso cuando pierde.

.@humbertotweets

EL AUTOR es abogado y analista político, con maestría en Negociación y Conflicto en California State University.

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