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¿Consejo Nacional por la Soberanía?

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La dictadura pretende presentar las presiones que se ejercen sobre ella desde el exterior, como “una acción violadora de nuestra soberanía”

Oscar Battaglini

La defensa demagógica y farsesca de la soberanía nacional ha sido convertida definitivamente por la burocracia dictatorial madurista (civil-militar) en el punto fuerte de su política general. Se trata de un hecho determinado por intensificación de las presiones que desde el exterior han comenzado a hacerse con miras a provocar un cambio político que tenga como resultado la recuperación democrática del país.

A leguas se percibe que lo que esa burocracia pretende, es presentar las presiones que se ejercen sobre ella desde el exterior para que abandone el poder que usurpa mediante el fraude y la violencia represiva, como un ataque y una acción violadora de nuestra soberanía; maniobra con la que al mismo tiempo viene intentando manipular los sentimientos patrióticos de los venezolanos y de ese modo no solo forzarnos a aparecer de su lado en el desarrollo de la crisis terminal que la afecta, sino de sus planes dirigidos, como sabemos, a perpetuarse en el ejercicio del poder.

De tal manera, que no es la defensa de la soberanía nacional lo que ha llevado a esa burocracia a realizar la movilización política y militar de los últimos días, afirmación que se confirma todavía más si se considera la injerencia que hoy tienen en nuestros asuntos internos las burocracias que gobiernan en China, Rusia, Irán y Cuba.

Todo indica que se trata fundamentalmente de una movilización  político-militar dirigida al logro de los siguientes objetivos:

1) Hacer aparecer de una vez a la Fuerza Armada chavista como el principal actor político dirigente del régimen y del orden chavista en general.

2) Consumar definitivamente la toma militar-policial del país, acción que se ha ejecutado mediante la operación militar que dio se a conocer con la denominación «los cuarteles van al pueblo en todo el país», y con la reimplantación y repotenciación de los llamados «cuadrantes de paz» impulsados por el teniente Cabello en el cumplimiento de su papel como Ministro de Relaciones Interiores.

3) Incorporar a los actores sociales e individualidades oportunistas, conciliadores y colaboracionistas a la trama farsesca tejida en torno a la Constitución del «Consejo Nacional por la Soberanía y la Paz.

4) Mostrarse ante la opinión pública (nacional e internacional) en capacidad de afrontar e incluso derrotar el asedio naval y militar en general que el gobierno de los Estados Unidos le ha puesto al de Maduro bajo la acusación de ser un agente activo de la introducción y comercialización de drogas en su territorio.

Sea cierta o no tal acusación, lo verificable, en todo caso, es que nuestro país se enfrenta en estos momentos a la posibilidad de ser invadido militarmente por la potencia del Norte, contingencia que de consumarse finalmente no solo nos produciría daños materiales incalculables, sino sobre todo en pérdida de vidas humanas.

Aunque el gobierno de los Estados Unidos persiste en afirmar que la causa principal de su asedio militar contra el régimen madurista tiene el propósito de contrarrestar el envío de drogas a su territorio, es evidente que existen causas políticas que son las que en definitiva explican que ese gobierno se haya decidido finalmente a tomar la decisión de imponerle al régimen madurista un cerco con naval que se ha prolongado en el tiempo, que ya suma algunos acontecimientos trágicos y que al parecer no levantarán sin que antes se haya llegado a un resultado o a un convenimiento entre las partes conforme a las motivaciones por las que lo impusieron.

De más está decir que rechazamos categóricamente el hecho de que la acción armada continúe siendo en nuestro tiempo el recurso del que se siguen valiendo los más fuertes para imponerse frente a sus opositores externos como ocurre actualmente en Ucrania, en la Franja de Gaza y en otros países del Medio Oriente.

Pero al mismo tiempo repudiamos categóricamente la manera torpe, provocadora, aventurera e irresponsable como algunos grupos políticos militares del tipo Hamás, o incluso gobiernos como el de Cuba, Irán, Nicaragua y el chavista en nuestro país, le proporcionan en «bandeja de plata» a las grandes potencias la justificación perfecta para la ejecución de su política intervencionista de carácter militar.

En nuestro caso basta oír los discursos vociferantes pronunciados por Maduro, por su jefe eterno de campaña, por su ministro accidental de Relaciones Interiores y por el jefe de la Fuerza Armada chavista, para hacerse una idea aproximada del desvarío que los invade cuando de manera desafiante y retadora se presentan ante la opinión nacional e internacional afirmando que el régimen madurista está en capacidad, no solo de aguantar una arremetida del ejército imperial norteamericano, sino de derrotarlo en el terreno militar en una guerra de posiciones.

Esas afirmaciones por lo ridículo y lo trágico de su contenido, no provocan risa,

sino una gran preocupación por la vida de las personas (militares y civiles) que serían llevados inútilmente a una muerte segura como ya ocurrió en Argentina en la llamada «Guerra de las Malvinas», en Irak  en la «Guerra del Golfo», y en Panamá como consecuencia de la invasión que sufriera este país bajo la dictadura militar de Manuel Noriega.

En nuestro caso es necesario reiterarlo una y otra vez, no existen razones válidas que obliguen a pensar que aquí el resultado de una invasión militar extranjera sería distinto del experimentado trágicamente por esos países. De ahí lo descabellado de la posición política (del contenido y el estilo copiados del modelo cubano) asumida por el régimen chavista en la conducción de las relaciones generales con los Estados Unidos y particularmente en el manejo de la crisis actual en la que él mismo se metió y de la que solo podrá librarse negociando su salida del poder con el imperio o expulsado de esa posición mediante una fuerza bruta inimaginable.