Maduro, Padrino y Cabello intentan salvarse del derrumbe final de su régimen de terror, mediante una aventura guerrerista con el imperio norteamericano.
Oscar Battaglini
Un salto mortal. Esa es la denominación que mejor le cabe al tipo de respuesta que la burocracia madurista le está dando al sitio naval que le ha puesto la superpotencia del Norte bajo la exigencia, entre otras cosas, de que abandone el poder que usurpa y de ese modo eliminarla como una avanzada política en nuestra región de los países con los cuales el imperio norteamericano mantiene por distintas razones una relación de enconado antagonismo. Son los casos de China, Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba y Nicaragua.
He ahí como puede deducirse fácilmente la razón de fondo de lo que está ocurriendo y que tiene como expresión objetiva el sitio naval en referencia. Esto se veía venir desde hace mucho tiempo.
Su motivación o desencadenante básico lo constituye, en primer lugar, la manera torpe, aventurera, imprudente y suicida como Chávez y ahora Maduro, Padrino López y su reducido círculo de poder (copiando la charlatanería pseudo-revolucionaria de Fidel Castro) colocaron al Estado venezolano y a su política exterior del lado de los mencionados países. Y, en segundo lugar, el hecho de que ese sitio naval no ha sido montado contra un gobierno legítimo y legal, sino contra un régimen dictatorial producto de un fraude electoral, el uso sistemático de la violencia represiva violadora de los derechos humanos y políticos y el abuso de poder.
Eso es lo que explica que ni en el ámbito nacional ni en el internacional se hayan producido demostraciones de condena y rechazo del asedio naval de los Estados Unidos contra el régimen madurista, y que más allá del gobierno de Petro y de sus aliados naturales e individualidades que en el que en el plano nacional se han pronunciado en ese sentido, más nadie lo ha hecho (nos referimos sobre todo a gobiernos, a las Naciones Unidas, a sectores democráticos del mundo, etc.); lo que confirma el extremo aislamiento, la falta de apoyo, y la gravedad y profundidad de la crisis en la que se debate el entramado burocrático madurista.
Son entonces esos indicadores y sobre todo la certeza:
1) De que ninguno de sus aliados naturales, particularmente China, Rusia, Corea del Norte, etc., saldrán en su apoyo ante la eventualidad de un enfrentamiento bélico con la superpotencia del norte.
2) Que militarmente (dada la asombrosa disparidad de fuerza de todo tipo entre uno y otro beligerante) el régimen chavista no tiene posibilidad alguna de salir airoso de ese lance, lo que obliga a calificar los desplantes belicistas de Maduro, Padrino López y de quienes lo secundan en su aventura, de un salto mortal o de un salto en el vacío que pudiera conducirnos fatalmente a una situación aún más grave y calamitosa que la tragedia que todos los venezolanos hemos tenido que soportar durante más de un cuarto de siglo que el chave-madurismo ha permanecido en el poder.
En eso, como se sabe, no hay ninguna exageración. Ahí están todavía sangrantes los casos de Irak, Panamá y Argentina bajo las dictaduras de Saddam Hussein, Manuel Noriega, Videla y otros militares argentinos respectivamente, quienes para intentar salvar del derrumbe final a sus regímenes de terror, se lanzaron a una aventura guerrerista con el imperio norteamericano e Inglaterra en el caso argentino. El desenlace extremadamente trágico que tuvieron esas aventuras impiden ironizar siempre que tengamos que referirnos a estas, señalando críticamente las implicaciones y los efectos políticos y éticos que esas decisiones aciagas ejercieron sobre esos tres países y el resto del mundo.
Nada autoriza a suponer que lo que antecede no lo sepan Maduro, Padrino López y su círculo de poder, pero siguen adelante con el desarrollo de su plan guerrerista suicida movidos:
1) Por el miedo (consciente o instintivo) incontenible y obsesivo de perder el poder sin posibilidad de retorno y tener que rendirle cuenta al pueblo venezolano por la destrucción que han hecho del país.
2) También por el temor de perder el control de un país que ha sido manejado por ellos como una cosa de su propiedad y para su beneficio personal; es decir, como su patrimonio privado (de ahí es de donde ha nacido el slogan de que «ellos no saldrán del poder ni por las buenas ni por las malas», afirmación tajante que pusieron en práctica mediante la perpetración del fraude electoral del 28/7 de 2024).
3) Movidos por la ideología (por la leyenda de origen providencialista) según la cual
ellos están destinados en nuestro tiempo -palabras más, palabras menos- «a llenarse de gloria en la lucha contra el imperio del norte.
Los aprestos militares que se vienen adelantando en todo el país y las proclamas guerreristas con las que se acompañan esos aprestosn, indican que la burocracia madurista guiada por la famosa tesis de que la mejor defensa es el ataque de manera contraproducente, antes que procurar desde un principio una salida negociada y pacífica del giro que ha tomado en estos momentos la crisis política con los Estados Unidos, lo que ha hecho es intensificarla y agravarla a tal extremo que todo lleva a pensar que esa situación evoluciona inevitablemente hacia un choque armado cuyo resultado está cantado de antemano. Nos referimos
a un resultado del que si bien la dictadura madurista no tiene nada que esperar por cuanto no tiene ninguna posibilidad de salir en pie, también el país a no dudarlo, sufrirá las consecuencias de ese hecho de muy diversas formas; responsabilidad que necesariamente correrá de su cuenta.
Ante esa nefasta perspectiva inmediata, los sectores democráticos del país, venciendo las severas limitaciones impuestas por el régimen madurista, deben comenzar a tomar algunas decisiones y medidas políticas que garanticen mínimamente la existencia de la República en medio del desconcierto que ocasionaría una situación política-militar como la que tememos pueda presentarse en el país producto de la obsecación y la pretensión de la burocracia madurista de perpetuarse en la
dirección política nacional mediante el fraude electoral, el abuso de poder y la violencia represiva dictatorial en todas sus formas: sistemática y sin límites.

- EL AUTOR es historiador, escritor y profesor de la Universidad Central de Venezuela, exdirigente del MIR, co-fundador de la Liga Socialista y exrector del Consejo Nacional Electoral.
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