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¿Cómo era Bolívar?

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El Libertador solamente certificó el retrato que le hiciera el artista José Gil de Castro en Lima en 1825

Rafael Marrón González

I

Bolívar suscitó una efervescente admiración en toda Europa. En 1819, el poeta inglés Lord Byron bautizó su barco “The Bolívar” y quiso venir a América a combatir al lado del héroe. El Bolívar de Lord Byron es, en esencia, el héroe idealizado por la poesía. Es el Bolívar convertido en el mito viviente de la libertad universal, la prueba de que las utopías podían defenderse con la espada y con la pluma, inspirando al poeta más célebre de su tiempo a buscar su propio e inmortal destino poético-militar.

Se impuso en Europa la moda del sombrero Bolívar, y pintores y dibujantes de toda laya elaboraron retratos del gran hombre universal. Retratos producidos por la temeridad, con uniformes de gala y el pecho cuajado de medallas, que jamás usó, para adornar despachos oficiales y complacer la imaginación popular, y que obedecían a los cánones que de un héroe tenía la época, rasgos galos, griegos o romanos, que invocaran divinidades y héroes consagrados en la memoria de los pueblos.

Y claro, no podía faltar el parecido gestual con Napoleón, y allí lo tenemos en múltiples retratos, peinado a lo Bonaparte y con la mano derecha oculta en el chaleco, recurso que resolvió no pocas limitaciones de los pintores para pintar manos.

Además el romanticismo imperante acreditaba figuras con porte mayestático, y los artistas tenían que comer. Y los retratista para los cuales posó, o carecían de la destreza para atrapar sus rasgos o lo convencieron de la necesidad histórica de semejarlo a los estereotipos europeos, para fortalecer el mito de la predestinación. Y así, por poco perdemos el rostro auténtico de Bolívar en un laberinto de inexactitudes bien intencionadas, que salvó Gil de Castro.

El Bolívar de Gil de Castro es Bolívar

El Libertador solamente certificó el retrato que le hiciera el artista José Gil de Castro en Lima en 1825. En él aparece de cuerpo entero, de levita militar de cuello alto, negra con ribetes dorados, pantalones blancos y botas altas con espuelas,  parado a discreción sobre un piso de mosaicos rojos y grises, con la mano derecha oculta bajo la levita, a lo Napoleón, y la izquierda empuñando la espada. 

En la dedicatoria de este retrato el Libertador anota: “Retrato mío hecho en Lima de la más grande exactitud y semejanza”. Alfredo Boulton realiza una semblanza de ese retrato: “Es el retrato de un hombre que vibra – nervioso y viviente. Las facciones están trabajadas con esmero y seguridad y el dibujo es firme y fino hasta adquirir, en cierto grado, siempre dentro de su peculiar estilo, ese impacto, ese magnetismo subyugante que emanaba del semblante del Libertador. Las calidades esmeradísima y la preocupación por el modelado y el parecido se hace notable. Los tonos fríos que utilizó en el contorno de la boca y del mentón denotan inspiración del modelo vivo. Las notas ocres, grises y azules de las sombras, están aplicadas con seguridad, pudiéndose observar como Castro se esmeró en construirlas a base de planos muy acabados. El sonrosado de la piel es delicadísimo y cada facción fue copiada con asiduidad de miniaturista. El dibujo del rostro y la composición en general están sujetos al arcaísmo de estilo y apreciado dentro del especial amaneramiento del artista; pero es fácil descubrir y señalar donde la imagen es real y donde actúa el estilo y la manera personalísima del peruano”.  

El Bolívar de Manuela Sáenz

Manuela lo retrata como un hombre que disfrutaba de la buena conversación, la lectura minuciosa de los clásicos y el baile, actividad en la que desplegaba una gracia y una resistencia inagotables. “Su mirada era viva, penetrante; sus ojos negros, llenos de fuego y de una luz que parecía adivinar los pensamientos… Su trato era el de un caballero perfecto, dotado de un encanto supremo que cautivaba a cuantos se le acercaban”. «Vivo adorando a un dios que ya no existe… Su memoria es mi única patria», llegaría a escribir Manuela en sus años de madurez en el desierto peruano de Paita.   

El Bolívar del Mariscal Sucre

El 8 de mayo de 1830, poco antes de partir de Bogotá hacia su trágico destino en Berruecos, Sucre escribe a Bolívar una carta de despedida que condensa cómo veía al héroe en su hora más oscura: «Cuando he ido a casa de V.E. para acompañarlo, ya se había marchado. No me condene V.E. el que se me salten las lágrimas al escribirle esta carta… Adiós, mi general; reciba V.E. por la última expresión de mi ternura mis sollozos y mis más vivos votos por su felicidad».

Y concluye con una frase que define el Bolívar que Sucre guardaba en su pecho:

«No importa lo que el mundo diga, yo sé que V.E. ha querido el bien de la América, y que la posteridad le hará justicia».

El Bolívar de Sucre es el héroe validado por el hombre más íntegro de la gesta emancipadora. Es la mirada de un par, de un hijo político que no vio en él las flaquezas humanas que los enemigos criticaban, sino la encarnación misma de la libertad americana, defendida con una devoción que solo la muerte —la de Sucre en junio de 1830 y la de Bolívar seis meses después— pudo interrumpir.

El Bolívar de un retrato de París

Don Alfredo Boulton localizó un retrato de Bolívar que se encontraba en París en poder de doña Margarita Layard de Montalvo de Post, biznieta de Fanny du Villars. Ese retrato muestra así el rostro de Bolívar: “Tez rosada y blanca, amparada por el clemente clima de Europa; rasgos finos; actitud un tanto artificial y petulante, como era de rigor y elegancia entonces afectar; temperamento vivo y mirada en la que ya comenzaba a vislumbrarse una inquieta y sorprendente interrogación”. (Alfredo Boulton, Los retratos de Bolívar). 

El Bolívar de Richard Colburn

Richard Colburn conoció a Bolívar posiblemente en 1811, cuando éste pertenecía a la Sociedad Patriótica y se deliberaba en el Congreso la separación de España. Publicó en 1813 el libro “Travels in South América” en el que narra su impresión del joven revolucionario: “Varios de los jóvenes de la nobleza de Caracas se reunieron para tratar de la separación de su país del reino de España. Sobresalía entre todos ellos el joven Bolívar por su voz aguda, sus ademanes nerviosos e imperativos y especialmente por sus ojos que no he podido olvidar nunca porque reflejaban con sus llamaradas el genio de un conquistador o de un iluminado. Era pequeño de estatura y delgado de cuerpo, de color blanco atezado, de frente combada y sienes deprimidas, de manos y pies pequeños y vestido correctamente como un caballero europeo. A primera vista no tenía nada de sobresaliente ni de notable, pero cuando se le veía ir y venir entre los otros jóvenes del auditorio, como nervioso y poseído de una exaltación difícil de contener, inconscientemente se fijaba uno en él hasta preguntar su nombre y fijarse con detenimiento en su semblante y porte que exhalaban algo de extraordinario. Le oí hablar y, aun cuando no entendía correctamente su idioma, entendía que hablaba de cosas muy hermosas y decía estar resuelto a morir antes que dejar que su patria fuese esclava de España. Allí era el jefe y todos parecían obedecerle. Me dijeron que era noble, de muchas riquezas, pero que despreciaba todo esto por dar a su país la independencia que necesitaba. Ese joven me pareció destinado a una muerte prematura o a realizar hazañas estupendas”.           

Bolívar según Carlos Marx

Carlos Marx leyó el folletín de Ducoudray- Holstein y basándose en el infundio, reprodujo como suyos los conceptos denigrantes de Ducoudray contra uno de los hombres más grandes del siglo XIX, incluyendo los siguientes epítetos: «Bolívar fue el canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero *Soulouque”. Carlos Marx en carta a Federico Engels en 1858.

(*Faustin Soulouque, despótico emperador de Haití).     

Bolívar según el cura realista José A. de Torres y Peña en 1816

“…El otro mozo con aspecto feroz, amulatado, de pelo negro y muy castaño el bozo; inquieto siempre y muy afeminado, delgado el cuerpo, y de aire fastidioso, torpe de lengua, el tono muy grosero, y de mirar turbado y altanero. Este Bolívar era, según dicen, los que el infame monstruo conoció”. Continuará.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. 

@RafaelMarronG

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