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El Bolívar de Luís Perú de Lacroix (lacruá)

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¿CÓMO ERA BOLÍVAR? V / Rafael Marrón González

Oficial francés al servicio de la Gran Colombia, incorporado al ejército Libertador en 1824, Luís Perú de Lacroix trabajó en una sección del Estado Mayor con el grado de Coronel. De abril a junio de 1828 vive en el círculo íntimo del Libertador en Bucaramanga, donde éste esperaba los resultados de la Convención de Ocaña. De esta época datan los recuerdos, notas y conversaciones con Bolívar que dejó escritas en el importante y discutido manuscrito titulado “Diario de Bucaramanga”:

“…El general en jefe Simón Antonio Bolívar cumplirá cuarenta y cinco años el 24 de julio de este año (1828); representa sin embargo cincuenta; su estatura es mediana; el cuerpo delgado y flaco; los brazos, los muslos y las piernas, descarnados. La cabeza larga, ancha en la parte superior y muy afilada en la inferior. La frente, grande, despejada, cilíndrica y surcada de arrugas hondas cuando el rostro no está animado y en momentos de mal humor y de cólera.  El pelo, crespo, erizado, abundante y canoso. Los ojos, que han perdido el brillo de la juventud, conservan la viveza de su genio: son profundos, ni pequeños ni grandes; las cejas, espesas, separadas, poco arqueadas y más canosas que el pelo. La nariz, proporcionada. Los huesos de los carrillos, agudos, y las mejillas, chupadas en la parte inferior. La boca, algo grande, y saliente el labio inferior; los dientes, blancos, y la risa, agradable. La barba, larga y afilada. El rostro, moreno y tostado, y se oscurece más con el mal humor;  entonces, el semblante cambia: las arrugas de la frente y de las sienes se tornan más profundas, los ojos se achican, el labio inferior se pronuncia más y la boca se afea; en fin, aparece una fisonomía diferente, un rostro ceñudo que manifiesta pesadumbre, pensamientos tristes e ideas sombrías. Cuando está contento, todo esto desaparece: la cara es risueña, y el espíritu del Libertador brilla sobre su fisonomía. S.E. no usa ahora bigote ni patillas. Su fisonomía, sea que se examine según los sistema de Gall y Lavater, es la de un hombre extraordinario, de un gran genio, de una inmensa inteligencia, de un profundo pensador…”.

Genio, Carácter y actitud

“…El Libertador es enérgico, sus resoluciones, férreas, y sabe sostenerlas; sus ideas, jamás comunes, siempre grandes, elevadas y originales. Sus modales afables, con el buen tono de los europeos de la alta sociedad. Practica la sencillez y la modestia republicana, pero tiene el orgullo de un alma noble y elevada, la dignidad de su rango y el amor propio que da el mérito y conduce al hombre a las grandes acciones. La gloria es su ambición, y sus laureles, haber libertado diez millones de hombres y haber fundado tres repúblicas. Su genio es emprendedor y une a esta cualidad la actividad, la viveza, infinitos recursos en las ideas y la constancia necesaria para la realización de sus proyectos. Es superior a las desgracias, a los infortunios y a los reveses; su filosofía lo consuela y su espíritu le suministra medios para repararlos. Cualesquiera que estos sean, sabe aprovecharse y valerse de ellos; su política no perdona ninguno, pero como conoce a fondo el corazón humano, sabe dar o negar su estimación a los instrumentos de que se ha valido, según el móvil que lo ha movido. Es susceptible de mucho entusiasmo. Su desinterés es igual a su generosidad. Le gusta la discusión; domina en ella por la superioridad de su espíritu, pero se muestra algunas veces demasiado absoluto y no es siempre bastante tolerante con los que le contradicen. Desprecia la vil lisonja y los bajos aduladores; la crítica de sus hechos le afecta, la calumnia lo irrita, y nadie es más amante de su reputación que él. Pero su corazón es mejor que su cabeza. La ira nunca es en él duradera; cuando ésta se manifiesta, se apodera de la cabeza y nunca del corazón, y luego vuelve éste a tomar su imperio y destruye el mal que la otra ha podido hacer…”.

Hombre activo hasta en el descanso

“…La actividad de espíritu y cuerpo mantiene al Libertador en continua agitación. Quien lo viera y observara en ciertos momentos sin conocerlo, creería ver a un loco. En los paseos a pie, que hacemos por las tardes con él, su gustos es, a veces, caminar muy aprisa y tratar de cansar a los que le acompañan; otras ocasiones se pone a correr y a saltar, dejando atrás a los demás; luego los aguarda y les dice que no saben correr. En los paseos a caballo hace lo mismo, pero todo esto cuando está solo con los suyos. Cuando el mal tiempo impide los paseos, Su Excelencia se desquita en su hamaca, meciéndose con velocidad, o se pone a pasear a grandes pasos por los corredores de su casa, cantando algunas veces, y otras recitando versos, o conversando con los que pasean con él. Cuando discurre con algunos de sus amigos, tan pronto muda e conversación como de postura, parece entonces que no hay nada estable en él”.

¡Cuán diferente es Su Excelencia en una visita de etiqueta!

“Con sus compañeros parece igual a ellos, el más alegre, y, a veces, el más loco. En visita, tiene la superioridad sobre todos, por su conversación viva e ingeniosa, su buen gusto y su cortesanía. Su ademán de hombre de mundo, sus modales distinguidos, lo hacen pasar por el más gentil, el más instruido y el más cortés de los contertulios. La cólera del Libertador dura poco, unas veces es ruidosa, otras silenciosa. La primera la pasa con algún criado, regañándolo o echando a solas carajos (N del R: Persuadido de que había arado en el mar se paseaba cabizbajo con las manos a la espalda, y se le oía exclamar ¡carajo, carajo!).

Sin estar colérico Su Excelencia a veces es silencioso y taciturno: entonces tiene algún pesar o proyecto entre manos, y hasta que haya tomado su resolución, que comúnmente es pronto, no le pasa el mal humor y la inquietud. Las preguntas de El Libertador son cortas y concisas, y le gustan respuestas semejantes. No tolera nada difuso. Sostiene con fuerza y tenacidad sus opiniones. (…) Es muy observador y nota hasta los más pequeños detalles.

No le gustan los mal educados, lo atrevidos, los charlatanes, los indiscretos ni los descomedidos, y los critica ponderando siempre sus defectos.

El Libertador se viste elegantemente todos los días, se afeita él mismo; se baña mucho, cuida sus dientes y el pelo…”.

Ambidiestro y comedor de arepas

“Su Excelencia es ambidiestro. Su edecán Ibarra me ha asegurado haberlo visto pelear con ambas manos, y, teniendo cansada la derecha, pasar el sable a la izquierda. Así sucedió en unos encuentros que tuvo en la derrota de Barquisimeto, en noviembre del año 13, y en la puerta el año 14.

Su Excelencia se afeita, trincha y maneja el florete con ambas manos. No fuma ni permite que se fume en su presencia, no toma rapé, y nunca hace uso de aguardiente u otros licores. En el almuerzo no toma vino; en la comida, dos o tres copitas de Burdeos, sin agua, o de Madeira, y una o dos copitas de champaña. Muchas veces no prueba el café.

Come bastante al almuerzo y a la comida, y le gusta mucho el ají y las pimientas, pero prefiere el ají. El Libertador prefiere las arepas de maíz al mejor pan; come más legumbres que carne, casi nunca prueba los dulces, pero le gustan muchos las frutas. Prepara él mismo la ensalada, y dice que nadie la prepara mejor que él…”.

Correcto en misa y buen conversador

“En la iglesia se mantiene con mucha compostura y respeto, pero ignora, cuando está en misa, el momento en que debe ponerse de rodillas o mantenerse de pie o sentarse. Nunca se persigna. Algunas veces habla con el que está a su lado, pero muy poco y muy pasito. Su Excelencia alaba siempre, o sostiene, o aprueba con algo de exageración. Lo mismo sucede cuando critica o cuando condena.

En la conversación hace muchas citas, pero siempre bien traídas. Voltaire es su actor favorito…conoce bien todos los autores franceses, algo los italianos e ingleses, y es muy versado en literatura española.  Gusta mucho Su Excelencia de hablar de sus primeros años, de sus primeros viajes, de sus primeras campañas, de sus antiguos amigos y de sus parientes. No he oído nunca una calumnia en su boca. El Libertador ama la verdad, la heroicidad, el honor, las consideraciones sociales y la moral pública, y detesta y desprecia todo lo que se oponga a estos grandes y nobles sentimientos…”. Continuará.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. 

@RafaelMarronG

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