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Trump y los cipayos no quieren elecciones presidenciales en Venezuela

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EEUU se hizo del control de Venezuela en condiciones coloniales, saqueando el petróleo venezolano como un botín de guerra propio del acto de conquista del pasado 3 de enero. Los Rodríguez, corresponsables de todos los males y daños provocados por el chavismo al país, pretenden presentarse ahora como benefactores del pueblo venezolano.

Oscar Battaglini

El bloqueo naval a nuestras costas, la incursión militar del 3 de enero, y el derrocamiento, captura, extracción y prisión de Maduro en una cárcel de máxima seguridad de los Estados Unidos, son evidentemente las acciones de fuerza medidas por Trump y su gabinete de halcones, para ejecutar la toma (expresión que ellos mismos han empleado cuando se refieren a nuestro país y su propósito de convertirlo en una fuente segura y abundante de petróleo y de otros recursos naturales (energéticos y minerales) en el desarrollo de sus planes estratégicos dirigidos a imponer una reconfiguración del orden internacional actualmente existente, que si bien le haga algunas concesiones importantes a los países que le disputan la hegemonía política, image1792202940389.pngeconómica y militar que ha ejercido desde la culminación de la Segunda Guerra Mundial (Rusia y China particularmente), pero sin que eso implique en modo alguno una disminución o debilitamiento de la posición dominante que ha ocupado desde entonces.

Como puede apreciarse muy claramente en el desarrollo y consumación de esa estrategia imperial, nuestro país ha pasado a ser o se ha constituido en una pieza clave del proceso de su ejecución efectiva. De ahí, el desmesurado interés y la concentrada atención que tanto Trump, su Secretario de Estado, Marco Rubio, el Jefe del Comando Sur y otros altos funcionarios de su Administración, como son los casos del Secretario de Energía, del Secretario del Interior y de la propia Embajada Norteamericana en Caracas, le han venido dedicando a Venezuela desde el pasado 3 de enero, con el deliberado image1792202940396.pngpropósito de hacerse con el control, en condiciones coloniales, de un país que no solo le ofrece los recursos materiales estratégicos (petróleo y minerales) en cantidades ilimitadas, sino que por estar situado en el propio territorio continental americano, no está sujeto a los bloqueos y contingencias políticas que históricamente han afectado la libre circulación de esos materiales, como ocurre actualmente por efecto de las guerras Rusia-Ucrania e Irán-Estados Unidos, conflictos bélicos que han provocado graves problemas económicos a Europa y a los propios países exportadores de petróleo, mientras que el imperio del Norte ha podido solventar esos problemas de disponer del petróleo venezolano sin dificultad alguna, el cual viene siendo saqueado por éste, como un botín de guerra propio del acto de conquista del pasado 3 de enero.

Conviene señalar, que todo eso ha podido llevarlo a cabo el imperio mediante: 1- el manido expediente de la supuesta amenaza contra su seguridad nacional; 2- la declarada determinación de violar el Derecho Internacional y la soberanía nacional de los países para ejercer la defensa de sus intereses hegemónicos; 3- su condición de gran potencia continental y mundial; y 4- la complicidad (traición a la patria) del dúo familiar que Trump entronizó y ha mantenido en el poder desde la incursión militar del 3 de enero.

Ya consumada la «toma» de Venezuela (como definiera Trump el resultado de esa incursión militar), lo prioritario ahora para el imperio es lograr no solamente su consolidación mediante la realización del «Plan de las Tres Fases», sino sobre establecer política y jurídicamente el carácter de no reversible de todo lo logrado image1792202940409.pnghasta este momento.

Esa doble pretensión, es lo que, por un lado, explica la cerrada oposición de Trump, de Marco Rubio y de los cipayos y conversos de dentro y de fuera del poder fantoche existente, a que aquí en un lapso perentorio y prudencial se realicen elecciones presidenciales, que definitivamente terminen poniéndole término a la catástrofe y a la pesadilla que los venezolanos hemos padecido francamente durante 27 años. Y, por otro lado, la naturaleza de los contratos petroleros «firmados» por el gobierno fantoche con una empresa fantasma montada por Trump, con el respaldo del Departamento de Guerra de los Estados Unidos, en los cuales no sólo se hace efectiva la entrega antinacional y servil a una potencia extranjera de un tercio de las reservas petroleras del país, sino que en esos contratos se establece que cualquier image1792202940415.pngcontroversia o litigio que se plantee entre las partes deberá ser tratado y resolverse en tribunales extranjeros (léase norteamericanos).

Esa trama contra la nación venezolana, tanto Trump como el dúo que ha sustituido a Maduro en la usurpación del poder, han pretendido presentarla como una oportunidad para salir de la crisis catastrófica que padecemos (en particular de sus efectos económicos y sociales) y supuestamente para iniciar «la construcción de un nuevo país»; para «un crecimiento sostenido y consolidado, que mejore las condiciones de vida de los trabajadores y de la población en general y que haga posible «la Venezuela potencia», etc.

Lo expresado por Trump para tratar de ocultar la verdadera naturaleza de los contratos o «acuerdos» petroleros «firmados» con el régimen fantoche de los hermanos Rodríguez, es propio de la manera contradictoria, inconsistente e image1792202940422.pngincoherente (frivola) que este pone de manifiesto a la hora de declarar sobre la situación política internacional y sobre la situación política de un país.

Pero el caso del dúo Rodríguez, tiene el sello del cinismo y del descaro (del caradurismo) que caracteriza a la persona amoral, es decir, al individuo que carece de todo control social, ética y moral, y que, por lo tanto, le da lo mismo estar hoy en una posición determinada y mañana en otra diametralmente opuesta si eso le produce algún beneficio individual (político o crematístico), o si esa veleidad le permite librarse o ponerse a salvo de algún riesgo inminente que lo amenace en lo inmediato.

Ya realizado su cambio de posición, comienza de nuevo a actuar (a escenificar) con la mayor naturalidad como si lo hecho en el pasado se hubiese borrado y nadie pudiese dar cuenta de

él. Este es precisamente el caso del dúo Rodríguez, quienes siendo activos y directos corresponsables de todos los males y daños provocados por el chavismo al país y a la sociedad venezolana en su conjunto, ahora pretenden presentarse ante el pueblo venezolano como sus benefactores y como si ellos fueran los legítimos representantes del poder público existente, cuando todos sabemos que el control efectivo del país lo tiene en todos los órdenes el imperio norteamericano, cuyo interés real no es que nuestro país alcance niveles de desarrollo económico y societal en general en correspondencia con los estándares civilizatorios de nuestro tiempo, sino su conversión en una colonia de explotación a su entero beneficio. Impedir a toda costa que este crimen se cometa contra nuestro país, es para todos los venezolanos de hoy un imperativo categórico.