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La humillación y el miedo como discurso

Cuando el engaño ya no es suficiente y la obediencia no funciona, el poder totalitario recurre a la descontextualización del lenguaje, a las humillaciones y al terror



José Rafael López Padrino

La oscuridad histórica y orfandad intelectual del ungido Maduro no puede ser mayor. La estructura discursiva del nuevo inquilino de Miraflores se reduce al odio, la humillación, la amenaza y el terror. Sus alocuciones se circunscriben a repetir eslóganes, grotescas mentiras, pero sobre todo un lenguaje de rencor, resentimiento social y amenazas constantes. Algo muy propio de los regímenes totalitarios con impronta fascista quienes apelan a un lenguaje envilecido y descalificador debido a su ilegitimidad y profundo desprecio por el contrario.

Maduro sustenta su discurso en el odio y en la deshumanización de la disidencia política. Con ello busca primeramente abonar el terreno para legitimar las acciones violentas en su contra. Han sido muchas las veces que el iletrado de Maduro ha empleado términos como “basura”, “parásitos”, “escoria”, “podredumbre”, etcétera, para referirse a personajes que no respaldan su proyecto socialfascista. Segundo, Maduro con esa pestilente retórica pretende convertir a sus esbirros de vulgares asesinos en protectores de la patria y así eliminar o minimizar el posible sentimiento de culpabilidad en ellos.

Cuando el engaño ya no es suficiente y la obediencia no funciona, el poder totalitario recurre a la descontextualización del lenguaje, a las humillaciones y al terror. Prueba de lo primero fue la distorsión del concepto de preso político (neolenguaje bolifascista) introducida por el ya fallecido comandante galáctico cuando afirmó despectivamente que bajo su régimen no había presos políticos, sino políticos presos. No olvidemos que gracias a este neolenguaje las palabras han sufrido un proceso de destrucción y pérdida de su significado real, el léxico y la sintaxis se han reducido a niveles elementales. El significado de muchas palabras se ha invertido: lo malo es bueno, lo triste es alegre, el odio es amor, la guerra es paz, la esclavitud es emancipación, la sumisión es rebeldía, el atropello es respeto, la homofobia es tolerancia, la represión es libertad, la entrega es soberanía.

Igualmente el poder totalitario busca crear un mundo basado en el pavor, la humillación y el tormento. Ello ha quedado demostrado en forma inequívoca en los casos de Daniel Ceballos y demás presos políticos enviados a establecimientos carcelarios para presos comunes, sometidos a humillaciones (rapados y uniformados) y sometidos a torturas. O los cateos de “partes privadas” o “desnudos forzados” por parte de funcionarios de la Guardia Nacional a las mujeres que visitan a los detenidos. El uso político de la desnudez forzada por regímenes anti-democráticos ha sido establecido hace mucho tiempo. Forzar a que las personas se desvistan es el primer paso a quebrantar su sentido de individualidad y dignidad y reforzar su falta de poder. Naomi Wolf decía que el uso de la desnudez forzada por el Estado es un síntoma de un descenso al fascismo. Atropellos estos que superan con creces a los cometidos por los gobiernos adecos-copeyanos contra los detenidos políticos del PCV y MIR y contrasta con el trato recibido por los militares golpistas del 4F y del 27F quienes fueron recluidos inicialmente en el Cuartel San Carlos y luego en un pabellón especial en el centro penitenciario de Yare donde disponían de muchas comodidades.

La amenaza permanente ha sido una constante en la retorica socialfascista en estos 16 años de “desgobierno“. Todos recordamos al dicharachero de Sabaneta cuando gritaba a pleno pulmón “Que no se equivoquen la revolución bolivariana es pacifica pero armada” o los llamados a transformar en polvo cósmico a la disidencia política. Mas recientemente el ventrílocuo de Miraflores en una transmisión de Venezolana de Televisión, amenazó que “si fracasara la revolución bolivariana y el imperialismo toma el control del país, que se preparen para un tiempo de masacre y muerte”. Son amenazas que quedan en el suspenso, que no cesan, al no producirse en forma inmediata. De ello se trata de sembrar el miedo y el terror por una logia milico-civilista narcocorrupta.

La “Venezuela bolivariana y bonita” se ha transformado en una especie de trinchera de guerra, donde cada ciudadano lucha por sobrevivir frente a un discurso oficial violento basado en el odio y la animadversión y ante una avasalladora ola de violencia que al ritmo de las balas se lleva a los mejores hijos de la Patria. Padecemos las consecuencias de un libreto basado en una cultura del odio y la violencia que institucionalizó el fallecido tte coronel vocinglero de Miraflores y que le ha dado continuidad el ignorante enciclopédico de Maduro. Libreto que gira cada vez más en torno a un criminal terrorismo de Estado que criminaliza la protesta social y que dentro de su repertorio represivo contempla el uso de grupos paramilitares afines al régimen –integrados mayormente por delincuentes- los cuales a pesar de actuar al margen de la Ley, disfrutan de la mayor impunidad en sus actividades delincuenciales.