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Lecciones de Colombia para espantar opositores perrorabiosos

Nicolasa Ibáñez de Caro

Las burguesías son profundamente antidemocráticas y aliadas del Imperialismo. Mucho guillo


Julián Rivas

Notas para Los Diablitos Diplomáticos de Colombia.

Lo relativo a la frontera occidental, y especialmente la correspondiente al estado Táchira, está de nuevo en el debate político. El terrorismo promovido desde Colombia costó la vida a tres funcionarios militares venezolanos esta semana que concluye. Obviamente había que reaccionar, con firmeza. Ahora se ha decretado el Estado de Excepción, según la Ley. Muy bien.

Lo malo es que los opositores perrorabiosos siempre buscan excusas para descalificar las iniciativas de gobierno y de Estado que preserven la seguridad de los venezolanos, bien sea alimentaria, territorial o de poblamiento. Todo lo que signifique soberanía para Venezuela, siempre harán críticas, y para esta oportunidad, también. Pobrecitos. Ahí está Henry Ramos, como si no hubiera roto un plato. Un pachá de los adecos. Por cierto, ¿hasta cuándo Henry Ramos va a ser candidato? De seguir así, va a ser candidato por todos los estados de Venezuela, como si tuviera el don de la ubicuidad y de la longevidad.

Los problemas con Colombia tienen diverso origen. No son de ahorita. Pero el uribismo-paramilitarismo agrede con mayor fuerza desde que la Revolución Bolivariana hizo de Venezuela un país realmente independiente. Podríamos decir que lo diferente es de tiempos pre-colombinos. O más preciso, se marca en el momento en que Antonio de Berrio ordenó matar los caballos en el Orinoco, entre el cruce del Meta y la desembocadura del Parguaza, para no volver a Bogotá. O cuando Carlos III de España, en buena hora, en 1777, creo la Capitanía General de Venezuela, reconociendo la existencia de un pueblo laborioso, bravo y aguerrido, el venezolano. Muy diferente a la casta virreinal que estaba en Santa fe de Bogotá.

En cierto sentido una vez reivindicamos al escritor español Miguel Delibes cuando dijo que el determinismo es importante para comprender algunos asuntos. Simón Bolívar, quien le dio la independencia a Colombia, hizo lo correcto. No podían quedar los españoles en ningún punto de América. Quizás cometió un error en 1813, cuando siendo huésped de la familia Ibáñez, en Ocaña, atendió los deseos de Nicolasa Ibáñez, para que ordenara liberar al realista Antonio José Caro, preso por los independistas en Mompox, para que se casara con ella. Nicolasa por su belleza telúrica, ya era famosa en Nueva Granada. Finalmente se caso con Caro, le dio tres hijos, Manuela, José Eusebio y Diego.

José Eusebio Caro, hijo de Nicolasa, fue fundador del partido conservador, junto a Mariano Ospina Rodríguez. En el gobierno del jurista José Ignacio de Márquez en 1837, Caro y Ospina fueron piezas de primer orden. Pendejaa.

José Eusebio Caro, nacido en 1817, en medio de la guerra, es el padre de Miguel Antonio Caro, un intelectual conservador y fanático catolicista, quien como diputado redactó la Constitución colombiana de 1886, oligárquica hasta las ñemas, que duró hasta 1991. También hizo buenas migas con el Vaticano, que en Colombia nunca ha visto nada malo. Casualidad.

Miguel Antonio Caro, nieto de Nicolasa, fue aliado del caudillo Rafael Núñez, caudillo antiliberal en términos precisos, y quien garantizó un largo período de consolidación oligárquica. Caro fue presidente, vicepresidente, en alianza con Rafael Núñez, en vida y luego de la muerte de este, desde 1892 hasta 1898. Compartía la gramática con el empeño en cuidar los reales de los ricos, qué sabroso.

Y es curioso, una hermana de Miguel Antonio Caro, Margarita Caro, contrajo matrimonio con Carlos Holguín Mallarino, quien fue presidente desde 1888 hasta 1892. Un hermano suyo fue presidente de Colombia en 1921. Y antes, un tío, Manuel María Mallarino, fue presidente de Colombia, entre 1855-57.

Lo cierto es que el 16 de marzo de 1891 la reina María Cristina Desirée Henriette Felicitas Rainiera de Habsburg-Lorena, Doña Virtudes de España, firmó un laudo arbitral que convalidó en favor de Colombia el robo a Venezuela de la margen izquierda del río Orinoco, que nos pertenecía. Cientos de miles de kilómetros, en el Vichada, Guaviare, la zona cauchera, muy importante para nuestras rentas de entonces.

Carlos Holguín Mallarino ya había pasado por Madrid, en 1883, como embajador de Colombia. Se dice que fue favorito de María Cristina antes de que esta fuera Reina regente. Y por ese tiempo se montó el robo, que Colombia todavía agradece. En Madrid, en el Museo de América, reposa el tesoro de los Quimbayas en agradecimiento.

En 1891 Miguel Antonio Caro era el hombre más influyente de la Hegemonía Oligárquico-Conservadora. Como aspirante a la vicepresidencia de Colombia tenía entre sus asistentes a Miguel Abadía Méndez, a las postre presidente de Colombia, entre 1826 y 1930, quien en su gobierno maniobró para tumbarle aguas e islas a Nicaragua, proceso ahora revertido por Managua tras reclamo en la Corte Internacional de Justicia, en decisión que ahora Colombia desconoce y que echa por tierra el Pacto de Bogotá de 1948, o Tratado Americano de Soluciones Pacificas, del cual Colombia fue uno de los promotores y firmantes. De paso, Abadia fue el presidente que autorizo la masacre de las bananeras, para favorecer a la United Fruit, hecho triste que leemos como literatura en Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez.

Pero todavía a esta fecha, 2015, vemos como una humillación a la venezolanidad, el nombre Miguel Antonio Caro en la entrada de un liceo ubicado en la avenida Sucre de Caracas, donde por mucho tiempo se formaron la mayoría de los maestros venezolanos. Por estas cosas es que no comprendemos nuestra historia y no tomamos las previsiones del caso.

Por cierto, Nicolasa también le dio una retahíla de cachos al realista Antonio José Caro, con Santander y otros gobernantes. Le sacó provecho. Ella y su hermana Belarmina (más que bella según la leyenda) dieron nacimiento a una leyenda que se mira como una especie de ginecocracia. Se cuenta que uno de sus herederos, historiador famoso, se encargó de borrar de libros y registros oficiales toda referencia a aquellos amores furtivos de las hermanas. Sus herederos están presentes en casi toda la elite oligárquica que, cual especie de casta monárquico-republicana, es dueña de Colombia. De ahí vienen los Santos, los Holguín, los López Michelsen, los Caro, los Suárez, qué se yo.

Cosas de la historia que debemos tener presentes para comprender a esta oligarquía, que según Oswaldo Álvarez Paz es una democracia. Es el mismo Álvarez Paz, salud, que se las da de godo. Un amigo apureño, todo un señor académico, profesor de la escuela de Estudios Políticos de la UCV, da cuenta de quién es Álvarez Paz. En un programa de TV un comentarista señaló que él venia de clases altas, y él se hizo el loco, asintiendo como el que no quiere. El profesor asegura que Álvarez Paz es hijo de un humilde telegrafista de Apure que fue a trabajar a Maracaibo y se caso con una de las Paz. Ja. Así son los derechistas.

¿Qué lecciones podemos extraer de todo esto? Bueno, que las burguesías son profundamente antidemocráticas y aliadas del Imperialismo, incluyendo la que representa la Mesa de Unidad Democrática. Mucho guillo. Colombia es de la OTAN, pieza guerrerista del anglosionismo. Todavía no comprendemos cómo se gestó la provocación anti Siria en la frontera con Turquía. Esa Turquía es de la OTAN, y Capriles Radonski y Chúo Torrealba son de Washington. Aprendamos. ¡Y que viva Venezuela!.