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La política: ¿una profesión? #LetrasAlMargen #GustavoLuisCarrera

Hacer de la política una profesión es una tentación perversa: atrae como un posible fácil camino al «éxito»

Gustavo Luis Carrera

El diccionario no tiene mucho problema en sentar sus definiciones: político es quien se dedica a la política; y política es la ciencia que trata del gobierno de una sociedad, o es el conjunto de actividades destinadas a ejercer la autoridad en un Estado. En la práctica todo se relativiza y se complica. Porque hay política sin políticos, y viceversa.

LA IMPORTANCIA COMÚN DE LA POLÍTICA. El ejercicio de la política afecta a la totalidad de una población; y en consecuencia es asunto de todos; no solamente de algunos que manejan de manera pública o soterrada los hilos que mueven la vida política. No ha de olvidarse jamás la importancia común, para todos, de la política; y en consecuencia de ello no omitir que es un bien y un deber colectivo.

«¡DÉJENNOS LA POLÍTICA A NOSOTROS!». Así oí decir, recientemente, a un político; claro está, en términos menos contundentes. Decía que tal como hay empresarios, licenciados y obreros, hay políticos. Es como si hubiera dicho: «¡Déjennos la política a nosotros los políticos, que conocemos nuestra profesión!». Y la respuesta correspondiente a esta pretensión excluyente, es: «¡La política es algo demasiado serio para dejársela solamente a los políticos!». Respuesta que permite varias interpretaciones. Y sin duda todas son válidas.

EL POLÍTICO «PROFESIONAL». Hay una especie peculiar, una raza militante, una camaradería implícita, la del político «profesional». Casi no ha hecho otra cosa a lo largo de su vida. Ha vivido siempre del ejercicio de su profesión. Ha acomodado su pensamiento a la ejecución de su «oficio». Sucede que el político pertenece a una especie peculiar. Así como para el historiador y el escritor es alimento esencial el pasado, para el político el pasado no existe; sólo el presente. Y este presentismo es su supervivencia, que le permite pactar hoy con quien fue su detractor hasta ayer, o lo contrario: denostar hoy de quien fue ayer su aliado o cómplice. Pero, también es su perdición, porque le impide aprender las lecciones de esa gran maestra de la experiencia política que es la historia.

LA RENDICIÓN DE CUENTAS POLÍTICAS. Ahora bien, el «político» no debe olvidar que su rendición de cuentas es variada y compleja. En lo más inmediato, debe hacerlo ante sus partidarios, cuyo respaldo manifiesto le da sentido a su ejercicio y sustento a su «oficio». Luego, le corresponde rendir cuentas ante toda la sociedad, esa misma que él ha prometido defender, enaltecer y mejorar en sus condiciones de vida y de esperanzas. Y al final, está su compromiso con la historia: debe rendir cuentas a la historia «pequeña» de su entorno; y ante la historia «grande» del país y el continente. Compromisos ineludibles.

VÁLVULA: «Hacer de la política una profesión es una tentación perversa: atrae como un posible fácil camino al «éxito»; hunde como una lamentable limitación: el político termina por no saber hacer más nada que vivir de la política. Y esa restricción conduce a la medianía, supeditándose a ser político la existencia, por lo cual se cae en pagar cualquier precio por seguir en la «profesión» que da sentido y beneficio de subsistencia a su vida. De otra parte, el político «profesional» nunca dejará de parecer un usurpador que pretende ser el dueño exclusivo de un bien común a toda la sociedad».

glcarrera@yahoo.com

EL AUTOR es doctor en Letras y profesor titular jubilado de la Universidad Central de Venezuela, donde fue director y uno de los fundadores del Instituto de Investigaciones Literarias. Fue rector de la Universidad Nacional Abierta y desde 1998 es Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua. Entre sus distinciones como narrador, ensayista y crítico literario se destacan los premios del Concurso Anual de Cuentos de El Nacional (1963, 1968 y 1973); Premio Municipal de Prosa (1971) por La novela del petróleo en Venezuela; Premio Municipal de Narrativa (1978 y 1994) por Viaje inverso y Salomón, respectivamente; y Premio de Ensayo de la XI Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1995) por El signo secreto: para una poética de José Antonio Ramos Sucre. Nació en Cumaná, en 1933.

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