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¿Existe una opinión pública? Su manipulación #LetrasAlMargen #GustavoLuisCarrera

Modernamente se habla de una «opinión pública», que no existe, porque es superficial y cambiante; así como resulta campo cotidiano de la manipulación de los demagogos que malhadadamente desgobiernan y aviesamente desorientan»

Gustavo Luis Carrera

En el terreno de los hechos se acostumbra hablar de una «opinión pública». Se trata de una proyección teórica: aplicando el principio de la imposición de la mayoría, se considera que si la parte más numerosa de una población opina (o percibe o piensa) de cierta manera, esa es la visión prevalente, abarcante; sencillamente es la «vox pópuli».

¿QUÉ ES LA «VOX POPULI»? Como una forma metafórica de buscar refuerzo para imponer una idea, se suele decir: es «vox pópuli». Y quien escucha, supone que se trata de una opinión generalizada, compartida por toda una población, o al menos por un sector sustancial de ella. Se estás diciendo: «es la voz del pueblo»; y en la democracia nos han enseñado que esa voz colectiva es, solo por eso, respetable. Algunos reforzaban la afirmación dándole prestigio divino, y añadían: «vox pópuli, vox Dei», es decir: «la voz del pueblo es la voz de Dios». Hasta ese extremo se llevó tal acatamiento. Pero, de pronto alguien se preguntó: ¿y quién consultó y comprobó la voz del pueblo?, y ¿cómo lo hizo? Y todo se volvió relativo; hasta el punto de que lo de «vox pópuli» quedó sólo como un dicho.

¿EXISTE UNA OPINIÓN PÚBLICA? Ya señalábamos que se suele hablar de una «opinión pública» como el correspondiente a un criterio generalizado en una población. Pero, en la práctica la lección es irreversible: esa «opinión pública» responde a un arranque emocional y se somete al vaivén de las informaciones y de los rumores. Sin tardanza, cualquier observador agudo advierte que tal opinión es fluctuante, absolutamente inestable. Entonces, ¿cómo puede hablarse de un factor maleable y difuso como de un elemento determinante en el estatus situacional de una sociedad? Claramente se advierte que la «opinión pública» no existe; es un supuesto circunstancial, es una apariencia accidental, que dura lo mismo que el estímulo que recibió, inclusive a partir de un propósito oportunista, frívolo o políticamente oculto.

MANIPULACIÓN PARA UNA OPINIÓN SESGADA. Nunca se habrá recordado suficientemente la cínica afirmación de Goebbels, el nefasto ministro de información y propaganda de Hitler: «Una mentira repetida y difundida mil veces, se convierte en una verdad». Y así es. Los medios -oficiales y privados- lanzan a los cuatro vientos una información, y la reiteran, una y otra vez, hasta convertirla en un eslogan mental que se instala en el público receptor (de la prensa escrita, radial, televisada, rediada), conformando lo que llaman «una matriz de opinión». Este punto de partida se multiplica exponencialmente, hasta constituir una «opinión pública»; es decir un producto espurio, que a fin de cuentas ni es opinión (sino prejuicio) ni es pública (resulta de una manipulación con nombre y apellido).

Es el mismo procedimiento repetitivo, reiterante, en el cual se basa la publicidad (a veces, en una noche, se ve la misma publicidad comercial mostrada treinta veces y más, en la televisión). En los años 30 un señor, de apellido Gallup, hizo en Estados Unidos sondeos de «opinión pública»; y el procedimiento se estandarizó, en todas partes, hasta la actualidad. Pero, resulta más que evidente que el manejo de la «opinión pública» es un objetivo definido para todo gobierno autocrático; no en vano invierten enormes sumas en publicidad y en información deformada, difundiendo falsas noticias («bolas»; o como se dice ahora en un anglicismo injustificado, de pantallera moda: «féicnius», o sea: «fake news») y omitiendo sus errores y sus abusos. ¿Dónde queda, entonces una «opinión pública», si ella es voluble, oportunista, sometida a vil manipulación? Sólo existe en el vocabulario de las entelequias y en el archivo de las grandes mentiras.

VÁLVULA: «La «voz del pueblo» («vox pópuli») ha sido usada y abusada a través de la historia, por actores de buena fe; pero sobre todo por déspotas y tiranos, que se han escondido detrás de una supuesta opinión mayoritaria. Modernamente se habla de una «opinión pública», que no existe, porque es superficial y cambiante; así como resulta campo cotidiano de la manipulación de los demagogos que malhadadamente desgobiernan y aviesamente desorientan».

glcarrera@yahoo.com

EL AUTOR es doctor en Letras y profesor titular jubilado de la Universidad Central de Venezuela, donde fue director y uno de los fundadores del Instituto de Investigaciones Literarias. Fue rector de la Universidad Nacional Abierta y desde 1998 es Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua. Entre sus distinciones como narrador, ensayista y crítico literario se destacan los premios del Concurso Anual de Cuentos de El Nacional (1963, 1968 y 1973); Premio Municipal de Prosa (1971) por La novela del petróleo en Venezuela; Premio Municipal de Narrativa (1978 y 1994) por Viaje inverso y Salomón, respectivamente; y Premio de Ensayo de la XI Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1995) por El signo secreto: para una poética de José Antonio Ramos Sucre. Nació en Cumaná, en 1933.

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