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Este Estado bochinchero no garantiza la salud #Opinión #EnriqueMeléndez

En ese esquema bochinchero, como ve esta gente el área de la salud, no podía faltar la excusa de las fulanas sanciones, y el dinero que le tiene congelado Estados Unidos a Venezuela. Este constituye uno de los actos más cínicos de esta gente.

Enrique Meléndez

La verdad es que da envidia ver a otros países que ya han llegado a la normalidad; con la mayor parte de su población vulnerable vacunada; aunque, por supuesto, todavía con las medidas de prevención adecuadas, tomando en cuenta el carácter de este virus y sus variantes, que suelen ser más mortíferas que las incipientes, como ocurre con la variante inglesa y la variante andina.

De estas amenazas ha prevenido el doctor Rafael Arreaza, ex presidente del Seguro Social, y quien además ha alertado sobre la situación de la precariedad en que se encuentran las condiciones sanitarias del país, en especial, a nivel de su red hospitalaria.

En efecto, a esta gente, que durante 22 años no ha hecho más que improvisar, le madrugó este Covid-19, empezando porque Nicolás Maduro tomó este flagelo en una forma deportiva, si tenemos presente que el equipo anti-Covid-19, que nombró no es el más representativo en materia de salud, a la cabeza de Delcy Eloína Rodríguez, que asume voluntariamente todas las funciones, que le delega aquél, sin orden ni concierto, pero que no era la persona más indicada.

Lo que prueba que para Maduro no cuenta para nada la meritocracia, y de allí los resultados que a la larga se tienen: ni siquiera se llega al día de hoy a los 300.000 casos vacunados, según las informaciones que se manejan. ¿No forma parte esto de esa conducta que en su momento Francisco de Miranda calificó de bochinchera?

Ya no se sirve comida en los hospitales. Eso también tiene que correr a cargo del paciente, luego, tiene que llevar la lencería, para la cama, donde lo van a instalar. En ese sentido, nosotros estamos por debajo ya de algunos países africanos»

Pero, además, con una fortuna que le ha caído, que era para tener unos hospitales mejor dotados, que como se tuvo en la década de 1960; cuando nuestro sistema de salud estuvo a la par de un país desarrollado como Alemania. El paciente que se va a hospitalizar hoy en día tiene que llevar, primero, todo el material quirúrgico, si es que se va a hacer una operación; debe comprar dos planillas de ingreso al hospital, que salen por 9 millones de bolívares, es decir, más que un sueldo mínimo; aparte de todo lo que se ha gastado en los llamados exámenes preoperatorios, cada uno de los cuales no baja de veinte millones de bolívares.

Ya no se sirve comida en los hospitales. Eso también tiene que correr a cargo del paciente, luego, tiene que llevar la lencería, para la cama, donde lo van a instalar. En ese sentido, nosotros estamos por debajo ya de algunos países africanos.

Entre tanto, tú tienes un personal médico de primer mundo, a pesar de que lo que gana son miserias. Esa gente está dedicada al servicio de la salud del pueblo, aun cuando tampoco están asistidos por el Estado, en lo que atañe a su seguridad sanitaria. Se pueden considerar los esclavos de la salud, pero con mucha mística. Tú los ves echando carreras en esos pasillos de los hospitales; llamados de emergencia; metiéndose en las salas operatorias, apenas tienen un tiempo para comer, a pesar de todas las limitaciones, en las que se desenvuelven; una resaca de profesionales, y en donde se producen bajas de semana en semana como efecto de las secuelas de la pandemia. No sin razón se les ha considerado los “héroes de la salud”.

Hemos llegado a un momento, en el cual si no se cuenta con los recursos, para tratarse cualquier tipo de enfermedad, que amerite una operación, sea la más sencilla, que sea, se aprende a convivir con el mal, cuando no la persona muere»

José María de Viana señala que, siendo él presidente de Hidrocapital, tuvo la idea de construir pozos artificiales en cada uno de los hospitales de Caracas, de manera que allí no faltara agua. Unas instalaciones que hoy en día no existe, y esto porque se dejaron perder por falta de mantenimiento. De modo que un baño en uno de los hospitales públicos no está lejos de parecerse a uno de la cárcel, no solo porque se dota de agua, de acuerdo al suministro que le llega por ración de Hidrocapital, y que abarca la zona, donde está ubicado el centro hospitalario, cada tanto tiempo, y así que se almacena el preciado líquido en un pipote, y del cual se sirve el paciente, si es que va a hacer alguna necesidad bien en el lavamanos, bien en la poceta, cuya grifería brilla por su ausencia, sino también por eso, por el mal estado de estos inodoros, y que en un hospital debe ser de atención prioritaria.

He allí el conforme va viniendo, vamos viendo, que es la filosofía de esta gente que nos gobierna y, en ese sentido, hemos llegado a un momento, en el cual si no se cuenta con los recursos, para tratarse cualquier tipo de enfermedad, que amerite una operación, sea la más sencilla, que sea, se aprende a convivir con el mal, cuando no la persona muere, y eso sin contar el precio de las medicinas, que la más barata cuesta más que el salario mínimo, que acaba de decretar el gobierno de siete millones de bolívares.

Llegamos al momento en el que enfermarse está prohibido o porque no cuentas con centros hospitalarios idóneos o porque no cuentas con recursos, para costearte la hospitalización y las medicinas»

He allí la orfandad, en la que se encuentra hoy en día el pueblo venezolano; a propósito de la ineficiencia de un Estado, cuya incapacidad ejecutiva no le garantiza un bienestar tan básico, como es la salud, y hasta en eso el presente gobierno se deslegitima; ya que, a ese respecto, su existencia pasa a sobrar en el horizonte de vida del venezolano.

Tanto más que se asoma la figura del latrocinio, en ese vamos viendo, y que es lo que explica el destino de ingentes recursos a nivel de partidas presupuestarias, que se le han asignado al sector salud, es decir, los caminos verdes de la corrupción, y así llegamos al momento en el que enfermarse está prohibido o porque no cuentas con centros hospitalarios idóneos o porque no cuentas con recursos, para costearte la hospitalización y las medicinas.

Ahora, lo que más indigna en las presentes circunstancias es el hecho de que también con esos ingentes recursos, que recibió nuestro país por factura petrolera, durante la época de la gran bonanza de los precios altos del crudo, se le deba al Covax todavía una parte, que estaba pendiente, por lo que se ha retrasado el proceso de entrega de las vacunas. Por supuesto, en ese esquema bochinchero, como ve esta gente el área de la salud, no podía faltar la excusa de las fulanas sanciones, y el dinero que le tiene congelado Estados Unidos a Venezuela, que por eso no ha podido pagar, lo que constituye uno de los actos más cínicos de esta gente.

melendezo.enrique@gmail.com

EL AUTOR es escritor y periodista egresado de la Universidad Central de Venezuela y del Instituto de Estudios Superiores de América Latina, IHEAL – Universidad París III. Especializado en economía y política. Redactor del periódico La Razón.

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