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En este país se estimula la sociedad del odio #LetrasAlMargen #GustavoLuisCarrera

En este país ya estamos hartos de vivir en medio del odio social, padeciendo sus despropósitos y comprobando su obtusa manipulación

Gustavo Luis Carrera 

La estructuración de la sociedad implica, desde los tiempos más remotos, el establecimiento de estamentos o capas orgánicas, en función del origen y el poder económico y político de cada grupo. Durante el vastísimo período de los sistemas monárquicos se trató de una división entre nobles y plebeyos; con inserciones paradigmáticas, como las del clero y de los militares. Con la república, todos pasaron a ser ciudadanos. Posteriormente, hasta hoy, se habla de un antagonismo denominado lucha de clases. Este concepto puede conducir a un permanente estado conflictivo; situación exacerbada en nuestro país.

FALSO DIAGNÓSTICO. El plan es evidente: hay que plantear una guerra social, para colocarse del lado de las mayorías y detentar el poder. Así, nada más cómodo que situar la problemática de la sociedad en el antagonismo entre pobres y ricos; oposición irresoluble en sí misma, que distrae la atención de un pueblo que es sojuzgado bajo un régimen que se dice su defensor. En nuestro país este postulado simplista ha servido para el ascenso y la permanencia de un sistema cuyos dirigentes pregonan la defensa de los intereses de los pobres, haciéndose ellos extremadamente ricos. Está a la vista la falsedad de un eslogan destinado a engañar a ingenuos. Y la prueba es de total evidencia: después de más de veinte años de ejercicio gobernante de este precepto declarado, o escondido, ni los ricos son menos ricos, ni los pobres menos pobres. Porque allí no está la cuestión.

LA «IMPOSICIÓN» DEL ODIO. UNA ESTRATEGIA. En el fondo, subyace el intento de mutación de un pueblo, haciéndolo pasar a un nivel de confrontación bélica permanente; en una distracción interminable, siguiendo en pos de un objetivo que se sabe inalcanzable, y sobre todo falso en sí mismo. Es una estrategia que la historia muestra como valedera. Para los nazis el objeto del odio eran los judíos. En nuestro país son los ricos y, extravasándose, el imperialismo (es decir: los ricos extranjeros). Muy gruesa la artimaña como para no estar a ojos vista. Ya hace más de dos décadas se impuso en este país la sociedad del odio entre los ricos y los pobres, y el régimen sigue estimulándola con cazurrería y buen asesoramiento de intervencionistas extranjeros (en cuyos países el sistema del odio les ha dado muy buenos dividendos). En todo caso, el efecto parece logrado: se generaliza un lenguaje estereotipado y un pensamiento acorde con la propaganda: los enemigos son los ricos; no lo corruptos, no los demagogos, no los despilfarradores, no los peculadores, no los desgobernantes.

BALANCE. ¿CUÁNDO SE ACABARÁ EL ODIO? Quizás nunca dejará de haber gente más rica y gente más pobre que los demás. Pero, en la medida en que se desarrolle la clase media, el progreso derivado de ese impulso hará descender los índices de pobreza y logrará frenar los extremos de riqueza desorbitada. Las muestras son visibles en países democráticos donde se ha establecido una vigorosa clase media, con ascenso general en el nivel de vida, en los salarios, en la protección de la salud, en el acceso a los servicios públicos. El hecho es de una claridad meridiana: históricamente en los tiempos contemporáneos la clase media ha sido el motor vital de la sociedad: de ella surgen las ideas, las proyectos, las realizaciones -y también las hermosas utopías-, que impulsan los cambios sociales, políticos y económicos, desde fines del siglo XVIII, con la Revolución Francesa, el establecimiento de la república y la apertura del camino hacia la democracia. En todo caso, en este país ya estamos hartos de vivir en medio del odio social, padeciendo sus despropósitos y comprobando su obtusa manipulación; todo ello en medio de la mayor falacia imaginable. Es el balance que deriva de la experiencia. La aplicación estimulada oficialmente de la sociedad del odio, que ya hastía en su inutilidad y su falsedad, obliga a independizarse de ella y a superarla a través de la reflexión inteligente y la fe en la visión de la democracia como la opción de desarrollo de toda una sociedad, sin partidismos ni demagogias manipuladamente divisionistas. La experiencia histórica es una voz de advertencia invalorable.

VÁLVULA: «La visión deformada de la dinámica social como una lucha a muerte entre ricos y pobres es, en realidad, una estrategia política para eternizarse en el poder. La existencia de una activa y talentosa clase media rompe el planteamiento simplista del odio social entre extremos que no desaparecen, ni siquiera bajo sistemas que se auto denominan socialistas. En nuestro país este odio, sembrado astutamente, terminará superado por la inteligencia personal y la conciencia ciudadana democrática».

glcarrera@yahoo.com

EL AUTOR es doctor en Letras y profesor titular jubilado de la Universidad Central de Venezuela, donde fue director y uno de los fundadores del Instituto de Investigaciones Literarias. Fue rector de la Universidad Nacional Abierta y desde 1998 es Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua. Entre sus distinciones como narrador, ensayista y crítico literario se destacan los premios del Concurso Anual de Cuentos de El Nacional (1963, 1968 y 1973); Premio Municipal de Prosa (1971) por La novela del petróleo en Venezuela; Premio Municipal de Narrativa (1978 y 1994) por Viaje inverso y Salomón, respectivamente; y Premio de Ensayo de la XI Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1995) por El signo secreto: para una poética de José Antonio Ramos Sucre. Nació en Cumaná, en 1933.

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