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La dialéctica de imperios modula la política venezolana

El chavismo aún cuenta con apoyos internacionales decisivos como China y Rusia. Hasta ahora el chavismo se ha beneficiado de esos apoyos y sobre todo de una política ambigua por parte de los Estados Unidos.

Humberto González Briceño

            Toda praxis política se ejerce en el contexto territorial de un Estado. Y de la existencia de Estados soberanos surge la inevitable confrontación de unos Estados contra otros donde pocos se impondrán como verdaderos imperios por su fuerza política, económica y militar. Esto es lo que el filósofo español Gustavo Bueno definió como dialéctica de imperios o la lucha incesante de unos imperios para sobreponerse sobre otros.

            De alguna forma el ejercicio de la política nacional dentro del ámbito de un Estado soberano siempre está influenciada por la dialéctica de imperios o la dialéctica de Estados. Aunque el discurso partidista trata de reivindicar la idea de Estado soberano como una entidad autosuficiente en la realidad lo que está operando es la idea de codependencia con otros Estados.

            En Venezuela hemos visto cómo estas ideas están en pleno funcionamiento. Las acciones tanto del gobierno chavista como de su oposición siempre están siendo moduladas por estas dinámicas de carácter internacional o más bien geopolítico. La fortaleza o debilidad de cada uno de estos bloques se puede valorar en términos de la cantidad y calidad de los apoyos que se logran o se pierden fuera de Venezuela.

Los Estados no tienen amigos ni aliados sino intereses soberanos que regulan sus acciones»

Así, cuando más de 60 países encabezados por los Estados Unidos ofrecieron su reconocimiento al gobierno interino de Juan Guaidó esto se interpretó como un momento de indudable fortaleza para la oposición que impulsaba esa opción. Con el tiempo ese apoyo decisivo se fue desvaneciendo hasta hacer inviable la tesis misma de un gobierno interino. Hoy ese apoyo internacional hacia la MUD y sus demandas por elecciones transparentes luce muy débil y su alcance no supera lo simbólico.

Hay quienes se alarman e indignan por la indiferencia de la llamada comunidad internacional frente a la arremetida del régimen chavista en contra de los ciudadanos. Pareciera que se olvida que los Estados no tienen amigos ni aliados sino intereses soberanos que regulan sus acciones más allá de la retórica armonista. El mejor ejemplo de esto lo representa el gobierno de los Estados Unidos que expresa preocupación y simpatías por la causa venezolana pero a la hora de las decisiones la geopolítica se impone por encima de los siempre invocados derechos humanos.

            El chavismo por su parte hasta hace poco venía exhibiendo una posición de fortaleza al reunir el apoyo de los gobiernos de izquierdas agrupados en el llamado Foro de Sao Paulo pero además contar con el público y notorio apoyo de potencias (imperios) como China y Rusia. Sin embargo, en las últimas semanas los gobiernos de Brasil y Colombia se han desmarcado de su aliado chavista llegando ambos casos al enfrentamiento público.

            La razón aparente de este distanciamiento pareciera ser la preocupación de los gobiernos de Lula y Petro con el asalto y la nueva farsa electoral que el chavismo está perpetrando en Venezuela. Es posible que la condena de Brasil y Colombia a los abusos del chavismo en Venezuela tenga algo que ver con la preocupación de verse asociados a esta suerte de política gangsteril. Después de todo, tanto Lula como Petro están sujetos a definidos esquemas de pesos y contrapesos en sus respectivos países que les impiden hacer lo que el chavismo hace en Venezuela. Y esa es una asociación que les podría costar apoyos electorales conduciendo a una potencial derrota política.

            Pero además de este cálculo hay bastante de geopolítica involucrada en la reciente posición de Brasil y Colombia frente a su aliado chavista. El gobierno de Gustavo Petro en Colombia aunque se proclama de izquierda nunca llegará al extremo de sacar las bases militares de los EEUU en Colombia. Ya eso debería dar una clara señal del papel que podría jugar Colombia, independientemente de quien sea su presidente, si se diera una confrontación militar que de alguna forma involucre a Venezuela.

            El caso de Brasil es mucho más grave porque este país tiene una alianza militar activa con Guyana quien a su vez ha desplegado una ofensiva geopolítica para arrebatarle el Esequibo a Venezuela. No puede haber duda que en una eventual e hipotética confrontación militar de Venezuela con Guyana el gobierno izquierdista de Lula acompañará a Guyana y enfrentará a su antiguo aliado chavista.

            El cambio de Brasil y Colombia frente al chavismo se parece más a la biocenosis de unos Estados que buscan someter a otros más débiles que a una preocupación genuina por el déficit democrático en Venezuela.

            Lo importante es que el frente de apoyos internacionales que tradicionalmente acompaña al chavismo está fracturado con la fuga de dos países claves, Brasil y Colombia, que además comparten frontera con Venezuela y cuya posición geográfica les ofrece la posibilidad de “atenazar” militarmente al gobierno chavista de ser necesario.

Sin embargo, el chavismo aún cuenta con apoyos internacionales decisivos como China y Rusia que a diferencia de Brasil y Colombia si emitieron declaraciones de apoyo al régimen a propósito de su farsa electoral y parecen estar movidos por otros intereses.

            La dialéctica de Estados siempre termina imponiéndose por encima de las ideologías y modulando la política nacional. Hasta ahora el chavismo se ha beneficiado de esos apoyos y sobre todo de una política ambigua por parte de los Estados Unidos cuya pasividad y permisividad es notoria. Hasta el día que los intereses y las necesidades energéticas de los EEUU se replanteen como resultado de un giro en la geopolítica norteamericana. Entonces quizás la mafia chavista gobernante pueda experimentar lo que significa una verdadera presión internacional.

@humbertotweets  

EL AUTOR es abogado y analista político, con especialización en Negociación y Conflicto en California State University.

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