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Los Bolívar Palacios y el terremoto de 1812 / Biografía XIII

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Toda la descendencia de los Bolívar Palacios se perdió,  a excepción de la de Juana Nepomucena que ha llegado hasta nuestros días con la familia Mendoza Goiticoa,  por  los Goiticoa. 

Rafael Marrón González

XIII

Juan Vicente Bolívar, nacido en 1781, aunque soltero, hacía vida concubinaria con Josefa María Tinoco y Castillo de quien tuvo tres hijos, Juan Evangelista (demente), Felicia, casada con el general José Laurencio Silva, y Fernando Simón Bolívar Tinoco,  en quien volcó el Libertador el afecto para el hijo que nunca tuvo. En 1822 lo envío a estudiar a los Estados Unidos, y su preocupación por su educación lo lleva a redactar el “Método que se debe seguir en la educación de mi sobrino Fernando Bolívar»,  para orientar a sus maestros.

Fernando regresó a Venezuela en 1828, pero en Julio o agosto parte para Bogotá reunirse con su tío, y desde ese momento se convierte en su edecán, secretario privado, correo confidencial y confidente; estuvo presente en el Palacio de San Carlos cuando el atentado del 25 de septiembre, y lo acompañó en San Pedro Alejandrino en el trance supremo de su muerte.  «He quedado huérfano por segunda vez», diría ante el cadáver de El Libertador.  Páez le negó el derecho a formar parte de la comisión que repatriaría los restos de su tío.   

Toda la descendencia de los Bolívar Palacios se perdió,  a excepción de la de Juana Nepomucena que ha llegado hasta nuestros días con la familia Mendoza Goiticoa,  por  los Goiticoa. 

Juana, a los catorce años se casó con su pariente Dionisio Palacios, quien muere defendiendo Maturín en 1814; y su hijo Guillermo muere combatiendo al lado de su tío Simón en la batalla de La Hogaza en 1817.

Juana que se encontraba asilada en Haití regresa a Venezuela y se residencia en Angostura,  en  1819. Entre 1822 y 23 regresa a Caracas.  Su hija Benigna se casó en primeras nupcias con Pedro Briceño Méndez,  y en segundas con Pedro Amestoy, la hija de ambos, Concepción se casó con Ramón Goiticoa, de esta rama desciende el fallecido industrial Eugenio Mendoza Goiticoa y el político Leopoldo López Mendoza. 

María Antonia, hermana mayor de Bolívar, fue una furibunda realista, al igual que los Palacios Blanco, que escribió dos veces a Fernando VII, el 14 de febrero de 1819 y el 27 de febrero de 1820, declarando ser «la desgraciada hermana del rebelde caudillo Simón Bolívar», acusando a los patriotas de ser “fanáticos secuaces de la libertad imaginaria». 

Asilada en Cuba desde el año 14, recibía una pensión del rey de mil pesos anuales,  que  fueron duplicados cuando se quejó al monarca de su miseria y del estado de demencia de su esposo Pablo Clemente, que murió en la isla.

Fue una mujer cruel que azotaba personalmente a sus esclavos, y cuando los españoles secuestraron su hacienda de Macarao, encontraron varios cepos, grillos, cadenas y otros instrumentos de tortura.

Robert Ken Porter, cónsul inglés en Caracas y al que debemos excelentes retratos de Bolívar y Páez, hizo referencia en su Diario a la conducta inhumana de las hermanas de El Libertador:  «Eran renombradas por su rudeza, su avaricia y su crueldad con sus esclavos». 

El propio Bolívar, quejándose de la codicia de María Antonia y refiriéndose a la Minas de Aroa, le dice a Pedro Briceño Méndez: «…Parece que Antonia está empeñada en enredar todo para si acaso me muero quedarse con las minas. Y lo hizo tan bien que fue después de dos años de la muerte de Bolívar cuando se pudo realizar la venta, y ella fue una de las tres beneficiarias. Era tan avara que no dudó en acusar en los tribunales, de ladrona y de haber falsificado la firma de Bolívar, a su hermana Juana. Y a su hijo Anacleto Clemente lo despoja de una casa que Bolívar le había legado. Este Anacleto, que cuando niño, le fue enviado a Bolívar a España y éste en su viaje de regreso lo dejó educándose en los   Estados Unidos, fue un calavera que dio   grandes preocupaciones al Libertador por su vida disipada. En Bogotá, en 1828, Bolívar lo reprende: «¿No te da vergüenza ver que unos pobres llaneros, sin educación, sin medios de obtenerla, que no han tenido otra escuela que la que da la guerrilla, se han hecho caballeros; se han convertido en hombres de bien; han aprendido a respetarse a sí mismos tan sólo   por respetarme a mí?  ¿No te da vergüenza, repito, considerar que siendo tú mi sobrino, que teniendo por madre a la mujer de la más rígida moral, seas inferior a tanto pobre guerrillero que no tiene más familia que la patria?».  Toda una joya para la familia.

Bolívar subalterno y el terremoto de 1812

En el período comprendido entre el 19 de abril de 1810 y el 24 de julio de 1812, Bolívar es uno más de los revolucionarios que intentan crear una república de una confederación de provincias dispersas y desavenidas.

En 1811 es subalterno del marqués  del  Toro y luego del  Generalísimo  Francisco  de Miranda  hasta  julio  de 1812 cuando se  pierde  la  Primera República  con la cuestionada  Capitulación   de Miranda, y entre otras causas por el devastador terremoto del Jueves Santo  26 de marzo de 1812, iniciado a las 4 y 7 minutos de la tarde, con una magnitud calculada entre 7.7 y 8Mw, que  devastó Caracas, La Guaira, Mérida, Barquisimeto y San Felipe. 

Se calcula que entre 15.000 y 26.000 personas perdieron la vida en todo el territorio venezolano. Caracas fue la ciudad más afectada, concentró cerca de 10.000 fallecidos, lo que representaba aproximadamente un tercio de su población en aquel momento.

Fue atribuido a castigo divino por los enemigos de la independencia. Su devastación aterrorizó a los ingenuos moradores de la Venezuela de entonces que se pasaron en masa a las filas del Rey. Fue el terremoto el verdadero vencedor de Miranda, aunque la debilidad del gobierno para enfrentar la tragedia también influyó.

La supuesta arenga de Bolívar

El realista José Domingo Díaz, en su libro “Recuerdos de la Rebelión de Caracas” publicado en Madrid en 1829, por estar presente en el momento, recoge a su manera que Bolívar, en la Plaza de San Jacinto, observando las ruinas del terremoto del 26 de marzo de 1812, y como un comentario para sí mismo, o para ambos, dijo: «Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca». Es incierto que haya sido una arenga al pueblo, que aterrorizado ante el desastre imploraba a Dios perdón por sus culpas. De haberlo hecho en aquellas circunstancias hubiera sido considerado un sacrílego. Si analizamos el imposible sentido de esta oración, de lograr la obediencia de la naturaleza desatada en un fenómeno destructivo como un terremoto impredecible, concluiremos en una tergiversación de Díaz. Lo más probable es que Bolívar se haya referido a los españoles y no a la naturaleza como elementos a obligar a obedecer, entonces la frase podría haber sido“Aunque la naturaleza se oponga, lucharemos contra ellos  (contra los españoles) y haremos que nos obedezcan”.     

La primera derrota militar de Bolívar

En este lapso, entre el 30 de junio y el 6 de julio de 1812, defendiendo Puerto Cabello recibe su primera derrota militar, no en combate sino, según la historiografía oficial, por la supuesta traición de Francisco Vinoni, en realidad, según investigaciones posteriores, por negarse Miranda a mandarle refuerzos oportunos.

Esta derrota fue un golpe devastador para el joven coronel Bolívar. En una carta enviada a Francisco de Miranda el 12 de julio, expresó su angustia con una frase que refleja la magnitud del desastre:

«Mi general, mi espíritu está anonadado; yo no tengo valor para mandar un solo soldado; mi presunción me lo hacía creer; y la fortuna me ha probado que yo no sé nada… V. E. me ha de juzgar según mis faltas y no según mi suerte. Yo ruego a V. E. que me destine a las órdenes del oficial más ínfimo, o me dé un pasaporte para irme a otra parte…».

Este episodio fue determinante para que Miranda – que exclamó, al recibir la noticia, “Venezuela está herida en el corazón”, decidiera firmar la Capitulación de San Mateo poco después, marcando el fin de aquel primer intento republicano.

Curiosamente, la lógica histórica nos muestra cómo este fracaso personal fue el catalizador para que Bolívar, sacudiéndose el espíritu fatal de la derrota, redactara meses después el Manifiesto de Cartagena, donde analizó con frialdad las causas de la pérdida de Venezuela, dejando de lado cualquier interpretación mística o «castigo» geológico.

No fue el culpable, pero murió como traidor

En 1819, después de la Batalla de Boyacá, Vinoni fue hecho prisionero y Bolívar lo mandó a ahorcar, de inmediato, por traidor.

En la oportunidad de la visita de Antonio Leocadio Guzmán a Bolívar en Lima, sale a relucir lo de la traición de Vinoni, y Guzmán le   asevera que éste era inocente.

¿Cómo así?, inquiere Bolívar. Y Guzmán cuenta que: “Vinoni era jefe de la guarnición de Puerto Cabello y estaba con otros tres oficiales en la puerta de una cantina; su compañero Miñano, que si estaba dentro de la conspiración, llegó hasta el grupo y les ofreció un trago de ron, mientras miraba con admiración la espada que tenía al cinto Vinoni. – Esto es mucho lujo capitán; esta espada es nueva. Y desenvainándola, como en chanza, la blandió dos o tres veces en forma de prueba y levantándola en alto gritó: ¡Viva Fernando VII! Era la señal convenida para que los presos se adueñaran del cuerpo de guardia. Cayeron entonces sobre Vinoni y compañeros y les encerraron en los calabozos durante varios días, hasta la rendición de la plaza.

Lo que nadie explica cómo ni por qué Vinoni se encontró después combatiendo al lado de los españoles. De modo que el pobre Vinoni murió por un error histórico”.

-¿Y no merecía la muerte combatiendo en Boyacá contra su patria?, replicó Bolívar. Continuará.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. @RafaelMarron

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