«Es hombre muy delgado y pequeño, con aspecto de gran actividad personal; su rostro es bien formado, pero arrugado por la fatiga y ansiedad, según el viajero y escritor británico Roberto Proctor
Rafael Marrón González
VI
Bolívar según J. F. Arganil
Médico francés que se caracterizó por su odio encarnizado contra el Libertador: “Este hombre, de una fisonomía atrevida, ojos agatados y relumbrones, rostro seco y amarillento, cutis áspero, pelo pajizo y crespo, tiene un cuerpo sumamente flaco, osamenta fuerte y músculos vigorosos. Posee bastante capacidad para concebir y combinar ideas con prontitud; a un mismo tiempo recibe impresiones diversas, casi sin cesar. Su imaginación es siempre exaltada y sus pasiones violentas. (…) Los acontecimientos terribles que han afligido y afligen a la América Meridional tiene por causa eficiente la enfermedad que padece el general Bolívar, la que es bien conocida por las lágrimas que derrama muchas veces, por lo que se encoleriza sin motivo, por su mal humor o alegría fuera de tiempo, por lo insomne que es, por sus debilidades, por su color pálido, sus abatimientos que los hacen despreciar ahora a las personas que poco después busca con la más instante solicitud, por el temblor de sus miembros, etc. (…) La enfermedad que padece el general Bolívar es suficiente para excluirlo del ejercicio de toda función pública…”.
Bolívar según William Tudor, cónsul de los Estados Unidos en Lima
En carta al presidente Henry Clay, este diplomático estadounidense, opina: “El Libertador tiene un carácter muy vehemente es impetuoso; ha realizado tan grandes cosas y ha dirigido tan personalmente los asuntos, que ha adquirido el hábito de considerar excesivamente los complejos movimientos del gobierno a la luz de la subordinación militar. Los oficiales que le rodean son jóvenes y tres de ellos son ingleses – O´Leary, Fergunson y Wilson -, muy afectos a su persona e incondicionalmente sumisos. No tiene a su lado personalidades de peso y dignidad que puedan sostener una opinión contraria y existe un tono de excesiva adulación y absoluta deferencia en las gentes de este país que se le acercan. Este estado de cosas proporciona ocasiones a los enemigos de Bolívar. Un francés inteligente y de ideas liberales me dijo: “Se perderá lo mismo que Napoleón”. (…) Es en extremo penoso cambiar la opinión favorable que se ha formado de cualquier individuo y más aún cuando este individuo es tan eminente y tiene en juego su propia reputación, de la que dependen las esperanzas y el crédito de estas nuevas Repúblicas. La profunda hipocresía del General Bolívar ha engañado hasta ahora al mundo, aunque muchos de sus antiguos amigos han descubierto ya desde hace más de un año lo que es y le han abandonado”. Para esta fecha, Bolívar preparaba la Constitución de Bolivia, que le produjo enemigos y opiniones adversas, lo que se agravó con la dictadura surgida del fracaso de la Convención de Ocaña. .
Bolívar según el oficial estadounidense Iram Paulding
Paulding era Teniente de la marina de los Estados Unidos destacado en la fragata United States para el momento entre 1826 y 1827 cuando conoció a Bolívar en el Puerto de El Callao, en el Perú. Llegó a ser Almirante y Secretario de la Marina de los Estados Unidos: “… Era bien parecido tanto de semblante como de persona. Su estatura, aunque no alta tampoco era pequeña; tenía la tez trigueña, aunque realmente lo estaba más de lo que realmente era por estar continuamente expuesto a las faenas e intemperie de una vida militar en un clima cálido. Sus ojos tenían una expresión que no puede pintarse ni con el pincel ni con la pluma. El color de ellos era castaño oscuro. Todo en él era grande e infundía respeto y admiración…”.
Bolívar según Roberto Proctor
Viajero y escritor británico, publicó en Londres, en 1825, su “Narración del viaje por la Cordillera de los Andes y residencia en Lima, y otras partes, del Perú, en los años 1823-1824”: «Es hombre muy delgado y pequeño, con aspecto de gran actividad personal; su rostro es bien formado, pero arrugado por la fatiga y ansiedad. El fuego de sus vivaces ojos negros, es muy notable. Tiene grandes bigotes y cabello negro encrespado. Después de muchas oportunidades de verle, puedo decir que nunca encontré cara que diera idea más exacta del hombre. Intrepidez, resolución, actividad, intriga y espíritu perseverante y resuelto, se marcaban claramente en su semblante y se expresaban en todos los movimientos de su cuerpo».
Bolívar según la joven estadounidense Jeannete Hart
Esta joven era cuñada del Comodoro Isaac Hull, comandante, entre 1824 y 1827, del Escuadrón naval de los Estados Unidos en el Pacífico, cuya nave insignia era la fragata United States, surta frente al puerto de El Callao, en el Perú. Jeannette llevaba un diario y en él confiaba que se había enamorado intensamente de El Libertador desde que lo conoció a bordo del buque del Comodoro Hull: “El general Bolívar era el centro de las miradas y parece quemado por el sol; su cara es angosta y alargada, enmarcada por cabellos negros ligeramente ensortijados, de nariz fina y aguzada, barbilla puntiaguda; su bigote es negro y sombrea una boca roja, carnosa y sensual. Tiene la cara de un visionario, cara de hombre de combate. Los aguzados rasgos de su rostro están dominados por dos enormes ojos negros, encendidos con fuego fanático. Su aspecto en general es el de un hombre distinguido, muy cortés y de modales suaves, aunque cuando habla lo hace con la autoridad y autosuficiencia que le dan a un hombre la cuna y la fortuna; él es delgado y finamente proporcionado, aunque su figura es pequeña; cuando estaba a mi lado parecía más bajo que yo”.
Bolívar según monsieur Le Moyne (lemuá)
Viajero y diplomático francés, conoció al Libertador en diciembre de 1828, tres meses después del atentado del 25 de septiembre de 1828: “…Llegamos a la quinta y nos recibió doña Manuela Sáenz. Nos dijo que el héroe estaba muy enfermo, y, además, se había purgado esa mañana, anunciaría nuestra visita para ver si era posible que nos recibiera. Poco después apareció un hombre de cara muy larga y amarilla; de apariencia mezquina, con un gorro de algodón, envuelto en su bata, de pantuflas y con las piernas nadando en un ancho pantalón de franela… Apenas le fui presentado tomamos asiento y Bolívar principió la conversación en francés. Su palabra abundante, su verbo lleno de imágenes, su conversación enriquecida con numerosos rasgos de ingenio, nos revelaba un alma prodigiosamente dotada, a cuyo influjo olvidamos pronto el grotesco continente con que se nos presentó”.
Bolívar según Francois Desiree Roulin
Médico y pintor francés contratado por Francisco Antonio Zea para trabajar en el Museo de Ciencias Naturales que quería establecer en Bogotá. Llegó primero a la Guaira y luego viajó a Bogotá. El 15 de febrero de 1828 dibujó un perfil de Bolívar que ha sido modelo para casi todos los pintores, grabadores y escultores modernos. Es el Bolívar de las monedas: “Era Bolívar hombre de talla poco menos que mediana, pero no exenta de gallardía en sus mocedades; delgado y sin musculación vigorosa; de temperamento esencialmente nervioso y bastante bilioso; inquieto en todos sus movimientos, indicativo de un carácter sobrado impresionante, impaciente e imperioso. En su juventud había sido muy blanco (aquel blanco mate del venezolano de raza pura española); pero al cabo le había quedado la tez bastante morena, quemada por el sol y las intemperies de quince años de campañas y viajes; y tenía el andar más bien rápido que mesurado, pero con frecuencia cruzaba los brazos y tomaba actitudes esculturales, sobre todo en los momentos solemnes (…) Tenía la cabeza de regular volumen, pero admirablemente conformada, deprimida en las sienes, prominente en las partes anterior y superior, y más abultada aún en la posterior. El desarrollo de la frente era enorme, pues ella solo comprendía bastante más de un tercio del rostro, cuyo óvalo era largo, anguloso, agudo en la barba y de pómulos pronunciados. Casi siempre estuvo el Libertador totalmente afeitado, fuese por sistema o por no tener barba ni graciosa ni abundante. Tenía los cabellos crespos y los llevaba siempre divididos entre una mecha enroscada sobre la parte superior de la frente, y guedejas sobre las sienes, peinadas hacia delante. (…) Algunos escritores han dicho que Bolívar tenía la nariz aguileña, seguramente por no dar a este adjetivo su acepción verdadera, que es la de lo corvo, como el pico del águila. Lejos de esto, el Libertador tenía el perfil enteramente vascongado y griego, principalmente por el corte del rostro, la pequeñez de la boca, la amplitud de la frente y la rectitud de la nariz, muy finamente delineada. Al propio tiempo que tenía la frente muy levantada en la región de los órganos de la imaginación, era prominente en las cejas, bien arqueadas y extensas, donde se ponían de manifiesto los signos de la perspicacia y de prontitud y grandeza de percepción. Como tenía profundas las cuencas de los ojos, éstos que eran negros, grandes y muy vivos, brillaban con un fulgor eléctrico, concentrando su fuego cual si sus miradas surgiesen de profundos focos”. Continuará.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV.
@RafaelMarronG


