Jueces y magistrados judiciales son nombrados a dedos por amiguismo y clientelismo, faltando el más mínimo concepto de honestidad y probidad
Alejandro Matos
Una de las instituciones que más han perdido credibilidad en los últimos años sin duda alguna ha sido el Poder Judicial, esto debido a grandes circunstancias, pero principalmente enfocado en que el interés personal, material y partidista ha prevalecido sobre el interés general y colectivo.
No es posible que una nación pueda subsistir normalmente teniendo un Poder Judicial o “parapeto político” como el que ha tenido el país, donde algunos jueces y magistrados judiciales, son nombrados a dedos por amiguismo y clientelismo, faltando el más mínimo concepto de honestidad y probidad e incluso del Derecho mismo.
Los tribunales deberían considerarse como templos sagrados, predominando el principio de que en la ley encontramos a Dios y todos somos ¡guales ante él, y la ley, pues si Jesucristo encarnaría y estaría presente en un tribunal venezolano, volvería a sucumbir su repudio como lo manifestó cuando sacó a comerciantes y especuladores de los templos católicos en la era romana.
Tenemos leyes que lejos de subsanar el problema de fondo, acrecientan la represión del delito y no su prevención que sería por demás más efectiva y económica a futuro, ya que es en el futuro donde encontraremos el peligro mayor, al crearse todas las condiciones necesarias para el crecimiento y aceleración del delito, institucionalizado en una nación caracterizada por su descomposición social.
Sin duda alguna, hemos creado un ambiente favorable, comenzando por la formación de niños con conductas pre-delictuales y sus factores: Deserción escolar; la familia resquebrajada como institución; niñez abandonada deambulando por las calles de las grandes metrópolis; paupérrima educación; que debe de serconsiderado como un problema de Estado; falta de desarrollo de planes sociales efectivos como, deportivos, anti-drogas, recreativos y culturales. En consecuencia tenemos un contingente de jóvenes formándose en una sociedad negligente,indulgente y corrompida.
Así hemos llegado a las famosas cárceles venezolanas, mejor conocidas por todos como depósitos y recintos de la perdición humana, en los cuales la pena no cumple con su esencia y donde la prisión no debe de ser para el procesado o penado un muro de contención, ciego y abrumador, seguridad de los demás y sepulcro suyo, sino una institución viva y eficaz, en función de una actividad terapéutica. que lo cure pues todo lo contrario tenemos profesionales para delinquir y transgredir la ley, formándose, lo que yo llamo «El ciclo delictivo’, porque al salir de estos recintos (salvo excepciones) incurren en delitos más graves que los antes cometidos o son reclutados por el narcotráfico, mafias delictivas, colectivos del terror, o los guardianes de Nicolás. Eduardo Martínez Díaz en su artículo del miércoles 5 de junio de 1.996, en El Universal ¿Qué significa la Justicia?.Afirmaba, cito «Nuestro sistema judicial’ malditamente, por no utilizar otro calificativo, se mueve en función de la debilidad o de fortaleza de las personas; y esa debilidad o fortaleza se mueve en función del poder político o del dinero” fin de la cita.
Yo complementaría esta afirmación diciendo que todo es producto de la transgresión de la norma jurídica, perfecta por demás, de una cultura que ve en este modus-vivendi el medio más paliativo para satisfacer sus intereses personales, cayendo de esta manera en las imperfecciones inherentes al ser humano y de no saber ni darse cuenta que el resquebrajamiento del sistema precipitaría la desaparición de los valores insoslayable de la dignidad humana, pues no habrá Venezuela para Corromper y Dilapidar. Reitero que el problema no radica en las leyes, claro que siendo obsoletas acrecientan el mal, el problema está en la imperfección humana que torna al hombre inerme y presa fácil del delito y el no percatarse que hacer de buena fe las cosas, sería el camino más viable del transitar de la vida. Ahora bien si se inhabilita a los Venezolanos de Justicia nos sumergiríamos en una muy triste realidad y sólo se conocerían las de la Jungla, donde el más fuerte y poderoso es quien sobrevive, prevaleciendo sobre el débil. Ulpiano se atrevió a definir la Justicia. Justicia, est perpetua et constans voluntas ius suum cuique tribuendi, Justicia, es la voluntad constante y perpetua de dar a cada quien lo que le corresponde. Entonces me pregunto yo, si Ulpiano tendría idea de la Desvalorización de la Calidad Humana, de los Siglos venideros, ¿que ha engendrado que algunos tribunales judiciales sean un hervidero de negocios, matraca y clientelismo político, en el cual la misma opinión pública manifiesta que el peor delito es creer en la justicia, consecuencia por la que venezolanos carecemos de la cualidad moral, que obliga a los hombres a practicar cosas justas y no aprendimos de Bolívar en uno de sus pensamientos más celebres que expresa que la moral y la educación son las primeras necesidades de una nación.

EL AUTOR es abogado penalista especializado en materia penitenciaria y columnista de medios impresos.

