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Los pactos del demonio

Leopoldo López

Todas las burguesías se afanan por presentarse como guardianes de la libertad. Pero es una peculiar libertad la que los guía


Julián Rivas

En Venezuela, tras el 6D, han aparecido los promotores de pactos de burguesías. El doctor Hermann Escarrá, con agua colonia y palabrerío liberal, propuso el Pacto de Estado, avalado por la Fuerza Armada. Algo teme. Y también Leopoldo López, guarimbero mayor, escondiendo la vocación fascistoide, coincidió en la necesidad de un “pacto” que garantice la estabilidad y la gobernabilidad burguesa.

¿Por qué pacto de élites? Porque primero no creen en el pueblo, y quieren poner el país patas arriba. Involucionar, restaurar el viejo orden. La ultraderecha hasta se propone acabar con el gobierno bolivariano y da fechas. Increíble.

Desde su prisión, Leopoldo López, desorbitado en todo, propone un pacto de cien años. Vaya usted a saber cómo lo mantendrá. Pero Dios mío, ¿por qué serán tan abusadores? Provocan risa, mas que molestia. No sirven ni para arreglar pescado, porque para componer pescado se requiere mucha atención y cuidado, cuando menos para que una espina no los puye.

Si bien el liberalismo tiene un enfoque profundamente individualista, entre sus adeptos, por su esencia burguesa, predomina la inclinación hacia la alianza de clase de propietarios. Los intereses egoístas deben imponerse sobre la mayoría de la sociedad. Permanentemente están tras el poder y las alianzas de clase son la norma.

Todas las burguesías se afanan por presentarse como guardianes de la libertad. Pero es una peculiar libertad la que los guía. Se creen los mentores de las sociedades. Las minorías de propietarios pueden hacer leyes en los parlamentos o a espaldas del pueblo y al amparo del Imperio, y las llaman pacto o acuerdo social. Un ejemplo es la plutocracia que gobierna Estados Unidos. Son una mafia, pero son “demócratas”. Verdad, ¿Nitu Pérez Osuna?

La ultraderecha con el apoyo del imperialismo cree que los votos obtenidos el 6 de diciembre son cheque en blanco para hacer lo que crean pertinente. Anuncian que van a abrir la frontera, porque son aliados de la oligarquía bogotana. Su liberalismo no les permite entender que hay una ofensiva demográfica desde el país vecino. Tampoco creen en soberanía nacional ni fuerza armada poderosa y con dotación militar acorde a los tiempos que corren. Nada de defensa fundamentada en la guerra asimétrica. Ellos creen en Washington y su orden global. Son neocoloniales.

Pero bueno, que los opositores derechistas sigan jurungando a Kant, Russoe, Hume y Hobbes para buscar pretextos a sus pretensiones hegemónicas. Que Polar sea la génesis de la cultura, los peloteros y de los artistas como el Pollo Brito. Ya no podrán.

El caso es que con Hegel queda más claro cómo el planteamiento de la libertad, a los fines de dominar las sociedades, va acompañado de la razón burguesa. Aparentemente, todo esto es tan sencillo. Pero se hace incomprensible para las masas dormidas, sobre todo esas que ven las telenovelas de Televen y la pelota por Meridiano Televisión.

Según la teoría hegeliana, cuando el orden burgués ha sido “dado, aprobado y aceptado”, la teoría política se vuelve superflua, innecesaria. Lo que viene es la imposición. Lo estamos viendo en Argentina con el señor Macri. Antes lo vimos con Rajoy, en España, y con Hollande, en Francia.

La historia advierte que no hay pacto de élites que no contemple un programa represivo. Betancourt llamó a disparar primero y averiguar después. Tenía que proteger los intereses de Rockefeller, promotor del Pacto de Nueva York, luego llamado Pacto de Punto Fijo. Ahora Henry Ramos propone el retorno de la peinilla. Raro, muy raro este demócrata. Este caballo viejo esta desesperado. Es represivo, si tiene poder.

Los gringos gustan de apadrinar pactos. Está en el recuerdo el que dio curso al Frente Nacional en Colombia, acordado por Alberto Lleras, agente gringo, y Laureano Gómez, protegido de Francisco Franco, que garantizaba la alternabilidad liberal-conservadora a partir de 1958, y hasta 1974, siguiendo pautas acentuadas en el siglo XIX.

El pacto Lleras Camargo-Gómez fue acordado en un balneario catalán, en Sitges, en 1957. Por su parte el pacto de Nueva York se hizo en la urbe imperialista un año después, entre Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba.

Herbert Marcuse recuerda que Hegel comprobó que los intereses particulares irreconciliables de la sociedad moderna conllevan a desplazar la idea del contrato social, y se impone la autoridad del gobierno sobre sus ciudadanos. Buena parte del mundo tiene hoy regímenes de autoritarismo liberal.

En el Estado burgués plutocrático se concilia la comunidad política, que es profundamente burguesa y pro imperialista en América Latina. Trabajadores y pueblo, capas medias inclusive, no cuentan. Quienes votaron por la derecha que vayan pensando que los tickets del Metro deben pagarse según referente de cambio en dólares.

No puede haber contrato social válido en el capitalismo si las partes no son igualmente independientes unas de otras, recuerda Marcuse. Y cómo podemos ser iguales si Polar es intocable, porque supuestamente le da la comida a todos los venezolanos. Y la Harina Pan es un fetiche, como si fuera gratis. Tronco e’ sociedad.

“Según Hegel, tiene que engendrar finalmente un sistema autoritario, un cambuí que surge de los fundamentos económicos de la sociedad misma y que contribuye a perpetuarla”, agrega Marcuse, en “Razón y Revolución”.

Esto es serio. Los teóricos burgueses, los intelectuales rajaos, todos callan ante las pretensiones antidemocráticas que se ciernen sobre Venezuela, luego del confuso voto popular en favor de la ultraderecha.

Son tiempos duros los que vivimos, y tragedia es lo que nos amenaza. Estados Unidos y Europa nos quieren tutelar, liquidar como nación independiente.

No ha llegado el 5 de enero, la batalla entre el Cejón Borges y el ancianito adeco, y ya existe un parlamento de propietarios, donde descollan el señor de la Polar; los caimacanes de Fedecámaras, quienes sin rubor alguno piden eliminar la Ley del Trabajo; los prebostes el capitalismo anglosionista, como Venamcham quieren energía barata; y el cardenal Urosa los bendice. Una pelusa.

Ojalá el señor Leopoldo López tenga suficiente tiempo de vida para que vea que el tal pacto de cien años es una ilusión. Pero esto que se oye en Venezuela pasma. Para dejar constancia de que el orden social impuesto por las minorías no es asunto moderno, solo que en esta época fue perfeccionado, ahí está el cardenal Urosa Savino destilando ideología reaccionaria. Él está dispuesto a firmar el pacto burgués. No aprenden estos jerarcas.

Si algo queda demostrado en los últimos dos siglos es que democracia es poder del pueblo. Ojalá quienes están detrás del doctor Escarrá, burguesía, oligarquías, gringos, europeos, y quizás uno que otro de la nomenclatura, retiren sus perversos planes a tiempo.

Pero a fin de cuentas quien decide es el pueblo. Un amigo dice que de lo andado en los últimos años, del desarrollo ideológico y el desarrollo del tejido social de base, dependerá el futuro de la revolución bolivariana. Hay que rescatar el concepto de poder popular y rellenarlo con carne de pueblo, desechar aquello del nuevo poder que se volvió viejo. Revolución es mandar obedeciendo al pueblo. El pueblo puede avanzar, producir y construir la democracia revolucionaria. ¡Viva el pueblo!