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Crónicas de tierra firme

De manera heroica el pueblo venezolano lleva siglos enfrentando agresiones externas. Y las ha derrotado


Julián Rivas

Mucho de lo que ocurre en Venezuela es como repetido. Es el caso de la agresión anglosajona. ¿Qué tiene que ver Canadá con Venezuela para exigirnos que debemos hacer lo que quiera el gobierno de Ottawa? Que ellos hagan referéndum sobre la república: Canadá es una vulgar monarquía, su soberana es la reina de Inglaterra. O que hagan referéndum en Quebec. Pero esta pretensión de mancillar el nombre de Venezuela hay que pararla, con pueblo. Este país debe pararse en firme y exigirle respeto a la derecha global. En especial a España, a quien le ganamos nuestra soberanía en campos de batalla.

Estados Unidos y la oligarquía colombiana tienen una especie de guerra sucia contra Venezuela con apoyo de servidores internos. Los intelectuales rajaos callan, quizás, como advierte Ernest Mandel, por corrupción directa, razones de interés personal, despecho, qué se yo; o indirectas, la llamada presión del medio ambiente, que para el caso sería el Imperio de Washington y la agresiva derecha latinoamericana que le sirve.

Otra cosa es la llamada burocracia interna, asunto a dirimir entre los propios venezolanos. Eso es viejo. Cuando Antonio de Berrío recibió la ordenanza para gobernar desde las costas de Paria hasta el río Amazonas en 1573, la burocracia cumanesa, que ya existía, le puso barreras a su plan de poblamiento.

Venezuela siempre ha estado en grandes conflictos. Berrio fue saboteado por los ingleses, que atacaban pueblos de la Tierra de Gracia. Los ingleses, que financiaron la guerra terrorista de los holandeses contra España hasta 1640, dieron vuelo a estos felones para que pretendieran apoderarse de las costas de Venezuela: Bocas del Orinoco, la fachada Atlántica y las costas de Araya hasta Cúpira.

De manera heroica el pueblo venezolano lleva siglos enfrentando agresiones externas. Y las ha derrotado. Claro los holandeses terminaron estableciéndose en Aruba, Curazao y Bonaire, también en la Guayana, de donde nos viene la tragedia del Esequibo, el robo inglés. Ahora Henry Ramos y Capriles quieren entregar la soberanía nacional al anglosionismo.

Repito, no tengo la culpa de la ignorancia de los demás. Tuvimos un período funesto, donde no hubo prácticamente instrucción pública, en el gomecismo. Pero ni los perrorabiosos del gomecismo llegaron a tal extremo de vendepatrias que estos adecofascistas de ahora, Henry Ramos, Chúo Torrealba, Capriles Radonski, Leopoldo López, Ramón Guillermo Aveledo, Timoteo.

Hay déficit de patriotismo de esta gente, y también déficit de vergüenza. Me decía un amigo que no se puede esperar mucho de Chúo Torrealba, porque su padre de comunista pasó a ser senador suplente de Acción Democrática. Qué barato, qué barato.

Hay una agresión del imperialismo estadounidense contra Venezuela. Es lo más grave. El imperio se aprovecha de los errores de los falsos rojos, gente irresponsable. Por cierto, quienes dirigiendo el proceso han cometido graves errores, no pueden pretender que van a solucionar los problemas de Venezuela. Debe haber un relevo en el mando chavista inevitablemente.

Pero por ninguna circunstancia debemos aceptar que Estados Unidos agreda a nuestro país. Y debemos denunciar a los hipócritas cuartorepublicanos. María Machado, Capriles son de lo último. La Machado es como esa gente mala que pellizca un muchachito y luego dice: El niño está llorando, pobrecito. La burguesía reaccionaria esconde la comida: el pueblo tiene hambre, dice la señora desde Cumaná.

Hace unos siete meses, al mediodía de un sábado, decidí viajar a Irapa. Llamé a una amiga que por mucho tiempo manifestaba deseos de conocer mi pueblo. Iremos por tierra, en bus, y regresamos vía aérea desde Maturín, le dije, como en efecto ocurrió. Al llegar a Cumaná, qué desastre de terminal de pasajeros. Dios mío, ¿dónde están las obras de los 500 años de Cumaná?

Desde Cumaná nos fuimos en un carro pequeño hasta Carúpano. Había huecos en la carretera. Tremendo hueco, dijo uno. Una señora comentó: “Él es bueno para bailar la burriquita”. Que las mafias, los malandros tienen azotado al pueblo de Sucre, dijo el chofer cuando íbamos por el Golfo de Cariaco. “Ah, pero a él le gusta bailar la burriquita”, reiteró la señora.

Es que al gobernador de Sucre le ocurre lo mismo que a Cayetano Mata cuando llegó a Irapa desde los lados de Caripito. “Cuando muchacho, yo era un zorro pa’ robar gallinas”. Lo pusieron el zorro, y se calentaba, tiraba piedras, palos, mentaba madres. Ahora un amigo de Cumaná trajo a Caracas un viejito. El viejo, chavista, cuenta que en una torrencial lluvia convirtió a su calle en una piscina. En un cartelón escribieron con grafiti “Piscina la Burriquita”. Al otro día llegó la policía. ¿Quién escribió esto? Fui yo, carajo, y mándeme preso de una vez, nojoda.

Ese gobernador de Sucre es un falso rojo. Toda la vida ha sido un vulgar adeco. ¿Y quién dijo que un académico, profesor de ciencias físicas, algo así, sirve para la política? Ahí tienen las consecuencias. Mire, Vicente Emparan fue gobernador de Cumaná y tenía más claridad sobre lo que había que hacer en el Golfo de Paria que muchos de los gobernantes del siglo 20 y comienzos del 21 en Sucre. ¡Acuña es adeco!

Por lo demás, el asunto no se remite a atender la emergencia, a un programa de reparto de alimentos, que en la coyuntura es plausible. Hacen falta programas de desarrollo, que obviamente requieren mucha plata. Como desarrollo de infraestructura vial, que desde Cumaná a Güiria exista una autopista, con ramal hacia Chacopata, el mejor puerto que podría hacerse en ruta a Margarita. El desarrollo de la industria manufacturera, con soporte, finanzas, envases y nuevas formas de comercialización, como marcas colectivas.

Debe ser un cometido nacional el definitivo desarrollo de un gran puerto de contenedores en Carúpano, con pretensiones de ser ese punto la puerta de Suramérica, norte del Brasil. Les hablaba de Barradas, primo de Miranda y famoso marino español criado en Carúpano. Desde hace siglos, en la colonia, había claridad de lo que puede ser Carúpano. Iniciar el aeropuerto de Irapa, que es producto de un serio estudio de Pdvsa. Un plan de construcción de hoteles de 4 y 5 estrellas en la Costa de Río Caribe, Paria y Araya. Garantizar las fuentes de agua para la producción de cacao, un recurso que puede multiplicarse fácilmente, eso sí, con sistemas de agua permanente.

En Sucre es posible el desarrollo en la industria automotriz, de fabricación y desarrollo de tecnología de motores, por ejemplo. O en desarrollo de metales, para barcos y otros objetivos. Todavía no se ha tomado en serio el aporte que puede surgir en cooperación con Toyota, que está en Cumaná. Ah no, pero a él le gusta bailar la burriquita.

Curioso el alcalde de Cumaná. Tengo entendido que preside la asociación de alcaldes. Es lo más parecido al alcalde de Biruaca, en Apure. Bellacos, no se les puede permitir que se retraten distribuyendo bolsas de los Clap, alimentos en emergencia. El alcalde de Cumaná es un vivaracho que administra muy bien la cara de tonto. Es ignorante, pero con la barba asemeja a Federico Engels, y mete la coba. Pero qué curioso, parece al flautista de Hamelín, siempre lo siguen una mesnada de raticas.

Insisto, hay que tomar en serio la política, para la emancipación del pueblo. Henry Ramos es un pobre diablo. Tanto afán por servir a Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte, es asunto que da pena. Todo para ver si coge el coroto y darle nuevos contratos al suegro italiano.

Es que esta gente derechista no entiende que la política debe estar al servicio de la emancipación de las masas popular, por la real construcción de un poder democrático popular. Siguen el jueguito de la representación para dárselas de rico. Por eso deben ser desplazadas por el propio pueblo. Le digo, si su mujer quiere que usted se haga rico con la política, cambie de mujer. Que se la lleve el Diablo. Pero la política debe estar al servicio de la patria. Mujeres buenas se consiguen. Bueno, para Capriles, hay otra cosa.

Hay que informarse, y obvio, formarse. Recomiendo una vez más el libro “Crisis de la democracia”, de José Agustín Silva Michelena. Lástima que este hombre todavía no haya sido reconocido en Venezuela. Ludovico Silva llegó a decir que su hermano era mejor que él, y eso obliga a la reflexión. Revisémonos como venezolanos. José Agustín Silva Michelena indaga, revisa datos y reclama. El pueblo que dio grandes héroes en la independencia ha tenido problemas en consolidar la vida diaria, en poner orden al país, en el buen sentido que tiene esta palabra. ¿Por qué? Lea y verá.

Esta semana vimos un desastre en el Metro de Caracas que nos obliga a sugerir la intervención inmediata de la Guardia Nacional, Milicia o el Ejército. Ahí el saboteo es lo único que explica la destrucción de equipos, torniquetes, la venta informal. Y pensar que hace unos meses unos diplomáticos en el Golfo Pérsico se sorprendieron cuando les dije que Venezuela tiene varios sistemas de transporte subterráneo. Orden en el Metro ya.

Viva Venezuela. Viva el pueblo.