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Cuando el infiltrado pide la cabeza del revolucionario

Involucrar al pueblo en la lucha contra la corrupción y socializar la denuncia es la única forma de castigar a todo aquel que vistiendo hipócritamente una camisa roja de revolucionario, se encuentre cometiendo actos de corrupción


Jesús Silva R

Hay payasos que llegan al poder burocrático y enloquecidos intentan cortar la cabeza de otros, pero primero su propia cabeza es cortada.

Entre 1793 y 1794 Robespierre lideró el denominado “Reino del Terror”, usó su alto cargo en el gobierno de Francia de forma despótica, vetando y marginando caprichosamente a muchos revolucionarios del ámbito de la comunicación y la política, sin respetarles el derecho a la defensa ni el debido proceso para probar su inocencia e intachabilidad.

Este burócrata se hizo famoso por amenazar, perseguir, intrigar y condenar a muerte a enemigos y amigos (que lo criticaron) sin juicio previo. Se convirtió en promotor de la pena de muerte y su técnica favorita era la decapitación (cortar cabezas).

Su abuso de poder lo fue aislando del pueblo, su prepotencia desmedida y explosiva soberbia le fue sumando enemigos hasta que su gestión se hundió en la inestabilidad.

Todos se daban cuenta de su decadencia menos él, porque llegó a creerse dueño vitalicio del cargo.

La locura egomaniaca de Robespierre generó una crisis política en su entorno; grupos diversos se unieron y lo derrocaron. Fue arrestado y le cortaron la cabeza (el que a hierro mata no puede morir a sombrerazos).

Y también se la cortaron a sus más cercanos secuaces. En resumen, Robespierre, de tanto cortar cabezas, provocó que le cortaran la suya.

Su historia ha sido mundialmente difundida como ejemplo del mal uso del poder y el efecto bumerán, o sea, lo malo que haces se te devuelve.

Lección obligatoria para exministros y demás exfuncionarios (que ya saltaron la talanquera o andan en proceso de hacerlo) sin reconocer que por sus graves errores, falta de ética y enfermiza arrogancia fueron correctamente removidos de los cargos.

Por muy poderoso elefante que te creas, si no actúas políticamente y te pones a todas las hormigas en contra, las harás enojar y tarde o temprano te comerán.

(La inteligencia nunca es un enemigo pequeño). En mi caso, soy uno, entre muchos revolucionarios de a pie (sin miedo a perder nada) que ha enfrentado a un Robespierre infiltrado en la revolución.

Nosotros desde la honestidad y la calle, ellos desde la mentira y el poder atropellante. Ver escrito con 36 mil lecturas: #VillaRosa no fue cacerolazo a Maduro sino error comunicacional en “Aporrea”.

En efecto, involucrar al pueblo en la lucha contra la corrupción y socializar la denuncia es la única forma de castigar a todo aquel que vistiendo hipócritamente una camisa roja de revolucionario, se encuentre cometiendo actos de corrupción, abuso de poder, chisme, difamación, o ineficiencia grave en perjuicio de la Administración Pública y del proceso revolucionario.

La Revolución Bolivariana (que promete construir una sociedad mejor) no puede permitir jamás la entrada (mucho menos la permanencia) de un corrupto, un bruto, un cobarde, un chismoso, un resentido, un difamador o un ineficiente.

Antes de asumir el cargo, pueblo y gobierno deben verificar si cumple con tres credenciales:

Primero, solvencia ética y moral, que implica el desempeño intachable como sujeto de la vida pública y privada, así como una conducta ejemplar que merezca el respeto de la mayoría de la comunidad a través del tiempo.

Segundo, solvencia técnica y científica, lo que significa incuestionables pruebas de aptitud, capacidad y formación en el área donde corresponda trabajar; es decir, la debida combinación de la destreza teórica y la pericia práctica que acreditan la idoneidad del cuadro revolucionario para una determinada tarea, sin que tales conocimientos o aptitudes provengan exclusivamente de la academia formal o una extensa experiencia, sino del verificado equilibrio entre el saber y el hacer.

En tercer lugar, está la solvencia política, singular virtud de quienes han mantenido una trayectoria de irrenunciable combate por el pueblo y hoy luchan sin ambigüedades por el respeto a la Constitución Bolivariana.

Al pueblo no lo intimida, ni lo calla, ni lo veta nadie.

http://jesusmanuelsilva.blogspot.com