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Juan Gerardo Guaidó Márquez #Opinión #AbsalónMéndezCegarra

Juan Guaidó, juró como Presidente (encargado-interino) de la República, sin pensarlo mucho, presionado por una abrumadora concentración de venezolanos realizada en Caracas el día 23 de enero del año 2019, a pocos días de haber asumido la conducción de la Asamblea Nacional.

Absalón Méndez Cegarra

Juan Guaidó, como se le conoce popularmente, es un político venezolano, perteneciente a las   organizaciones políticas de nuevo cuño en Venezuela. Surgió a la vida pública en fecha reciente. Sin mucho trajín o carretera política deslumbró al país al ser nombrado el 5 de enero de 2019, presidente de la Asamblea Nacional y, acto seguido, juramentarse como Presidente de la República, interino, ante el desconocimiento de la Presidencia de la República de Nicolás Maduro, por considerarlo usurpador de la alta magistratura de la nación, por haber cometido fraude electoral.

Líder y seguidores, para el momento, al parecer, no consideraron las condiciones objetivas del poder en Venezuela y los intereses en juego. Hubo, ciertamente, un golpe fuerte, como se dice en el box, pero, se perdió la oportunidad del remate por muy variadas circunstancias, entre ellas, seguramente, la debilidad manifiesta del líder, su inexperiencia y la consabida práctica de buscar apoyos en parcialidades políticas de vieja factura en Venezuela, interesadas solo en el aprovechamiento para fines particulares y personales del usufructo del poder, sin importar a qué precio, obviando y desestimando  el apoyo de las masas, del pueblo en su totalidad, única fuerza posible y capaz  de lograr el cambio político en Venezuela y superar la crisis que nos agobia, pues, quien se haga del apoyo popular y, eso es lo que ha hecho Chávez y Maduro, se mantendrá y conservará en el poder.

Juan Guaidó, dentro de poco, formará parte de una generación política venezolana que será identificada con algún año o evento en particular, al igual que las llamadas generaciones del 28, 45, 58, 99. Seguramente, le corresponderá ser identificado con la generación del 2014 o 2017, es decir, con los jóvenes que ofrendaron su vida en las calles de las principales ciudades de Venezuela, manifestando su rechazo al gobierno de Nicolás Maduro, lo que ocasionó una cifra importante de muertos y heridos, presos políticos  y una enorme frustración de la población venezolana.

En el país hemos institucionalizado una práctica dañina, perniciosa. La de atribuir y condenar la crítica hecha con buena intención a un acto de rechazo y cuestionamiento total.  La crítica es necesaria. A Juan Guaidó se le ha criticado muchas cosas. Su accionar tiene aspectos positivos y negativos.  Llegada la hora de un balance el saldo azul supera al rojo. El reconocimiento internacional de Guaidó es indiscutible. También, el apoyo popular. Se ha fallado en no aprovechar suficientemente ese apoyo popular y llevarlo a buen puerto. El pueblo está necesitando con fe franciscana que se fije un norte de país y una hoja de ruta clara y contundente. No está esperando mesías o caudillos militares o civiles. No queremos gendarmes necesarios. Queremos canales de participación del pueblo claros y precisos. Venezuela es una situación de liderazgo, pero, nadie quiere asumirlo. Un incendio también lo es, quien asuma con técnica y audacia su extinción se convierte en líder.

Juan Guaidó, se hizo líder en un primer momento, contó con apoyo popular, se hizo de un capital político que ha ido perdiendo progresivamente en un año largo; pero, cometió el error, en nuestra opinión, de las alianzas indebidas.  Cobijarse bajo el manto de la rancia dirigencia de viejas y nuevas franquicias político-partidistas. Es ese manto el que le ha llevado a cometer errores y a la pérdida de oportunidades. La alianza que necesitaba y necesita Guaidó es la alianza con el pueblo, con la calle, con los pueblos y ciudades del país.

Guaidó, tiene, todavía, un enorme potencial político. En la actualidad se le cuestiona por parte de un sector de analistas políticos la convocatoria a un nuevo pacto de unidad; y, otro sector, brinda su apoyo y la estima plausible, conveniente y necesaria.

El llamado a la unidad debe sobrepasar un cierto liderazgo político, sin recurrir a la anti política, ese llamado debe hacerse a la población, a todos los sectores sociales y, eso, requiere carretera política. Guaidó, guardando las distancias, debe imitar la carrera política de hombres como Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba, quienes patearon los caseríos, pueblos y ciudades de Venezuela, por apartados que estuviesen, dándole la mano a la gente, hablando con ella, bautizando niños, celebrando cumpleaños, etc. es decir, consustanciándose con las necesidades del pueblo, por conocimiento directo de la realidad social, no solo referencial por la vía de estudios e investigaciones o por información suministrada por los medios de comunicación. La alianza con el pueblo es indestructible, da buenos dividendos políticos y hace rodar por el suelo muchas caretas y apoyos de los cuales hay que deslastrarse.

@absalonmendez1

EL AUTOR es abogado y licenciado en trabajo social.
Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV. MSc en Administración Privada, doctor en Ciencias Sociales. Ha participado en la redacción de la Ley Orgánica del Sistema de los Seguros Sociales, Ley de Vivienda y Hábitat, Ley del Régimen Prestacional de Salud, Ley del Régimen Prestacional de Empleo, entre otras.