Los ataques en su contra lo sumieran en profundas depresiones al verse injustamente insultado y acusado de déspota y tirano, duró hasta el 20 de enero de 1830 cuando entrega el mando al Congreso Admirable convocado por él,
Rafael Marrón González
XVI
Bolívar estaba consciente del error cometido al aceptar la dictadura, y aunque apelara también al argumento de “salvar la patria”, así lo expresa en junio de 1828: “Para salvar la Patria, he debido ser un Bruto, y para contenerla en una guerra civil, debería ser un Sila. Este carácter no me conviene; antes perderé todo, la vida misma”. Y en su proclama del 27 de agosto de 1828, dirigida a los Colombianos, trasluce su repugnancia ante la situación que se ve obligado a cumplir y culmina: “… Yo, en fin, no retendré la autoridad suprema sino hasta el día que me mandéis devolverla, y si antes no disponéis otra cosa, convocaré dentro de un año la representación nacional. Y al asumir el mando supremo dicta esta proclama: ¡Colombianos! No os diré nada de libertad, porque si cumplo mis promesas, seréis más que libres, seréis respetados; además bajo la dictadura ¿quién puede hablar de libertad? ¡Compadezcámonos mutuamente del pueblo que obedece y del hombre que manda solo!”. Esta dictadura sui generis, carente de la implacable arbitrariedad que las caracteriza y que respetaba la libertad de prensa, aunque sus ataques lo sumieran en profundas depresiones al verse injustamente insultado y acusado de déspota y tirano, duró hasta el 20 de enero de 1830 cuando entrega el mando al Congreso Admirable convocado por él, y llamado así por considerar a sus integrantes de la más alta calidad intelectual, y al que enuncia: “Me ruborizo al decirlo: la Independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de lo demás”.
Fin de su carrera política y su único delirio
El 8 de mayo de 1830, aceptada por el Congreso su renuncia a la Presidencia de Colombia en un enrarecido clima de agitación política aderezado por la soez exultación de la canalla ebria que siempre ha servido para ser azuzada contra sus benefactores, proscrito de Venezuela, donde acusado de tirano se considera traición a la patria nombrarlo, y negándose a aceptar, por temor a la retaliación política, la benevolencia del pueblo ecuatoriano que le ofrece cobijo y honores, Simón Bolívar emprende el viaje a Santa Marta, población ubicada al pie de la Sierra Nevada y sobre una de las más hermosas bahías del litoral caribe colombiano, lo que le confiere un clima privilegiado por las suaves brisas de la montaña, ideal para reponer su salud y marcharse a Europa, quizá a Roma donde por voluntad del gobierno boliviano, presidido por el general Santa Cruz, desempeñaría el cargo de Ministro Plenipotenciario. Y en su proclama al pueblo colombiano ratifica su convicción democrática: “Colombianos: Hoy he dejado de mandaros. Veinte años ha que os he servido en calidad de soldado y magistrado. En este largo período hemos reconquistado la patria, libertado tres repúblicas, conjurado muchas guerras civiles, y cuatro veces he devuelto al pueblo su omnipotencia, reuniendo espontáneamente cuatro congresos constituyentes. (…) He sido víctima de sospechas ignominiosas, sin que haya podido defenderme la pureza de mis principios. Los mismos que aspiran el mando supremo se han empeñado en arrancarme de vuestros corazones, atribuyéndome sus propios sentimientos; haciéndome aparecer autor de proyectos que ellos han concebido, representándome, en fin, con aspiración a una corona que ellos me han ofrecido más de una vez, y que yo he rechazado con la indignación del más fiero republicano. (…) Escuchad mi última voz al terminar mi carrera política; a nombre de Colombia os pido, os ruego que permanezcáis unidos para que no seáis los asesinos de la patria y vuestros propios verdugos”. La muerte lo esperaba en aquel bucólico remanso de paz donde había cobijado sus angustias, y en su umbral, aquel 17 de diciembre de 1830 a la una en punto de la tarde, como Alonso Quijano, delira: «¡Vámonos, vámonos, que esta gente no nos quiere!».
Bolívar, un lector consumado
El historiador José Luís Salcedo Bastardo, en su obra Visión y Revisión de Bolívar, acota: “Desde su adolescencia Bolívar tuvo el hábito de la lectura, el suyo fue un proceso continuo de vigorización y renovación de su personalidad intelectual. Es imposible construir una lista exhaustiva de los autores leídos por Bolívar, pero remitiéndonos nuevamente a la información contenida en sus escritos, debemos indicar a grandes rasgos que conocía a los clásicos de la antigüedad, griegos y romanos, Homero, Polibio, Plutarco, César, Virgilio; todos los géneros. Clásicos modernos de España, Francia, Italia e Inglaterra. Igualmente de los más diversos sectores intelectuales: desde filósofos y políticos como Hobbes, hasta poetas como Tasso y Camoens, pasando por naturalistas como Buffon, astrónomos como Lalande, economistas como Adam Smith.
En sus cartas pueden hallarse muchos nombres regados con espontaneidad: los enciclopedistas y planificadores de la Revolución Francesa, conocidos y estudiados a fondo y cuya influencia en el credo bolivariano es fácil de señalar Montesquieu sobre todos, Rousseau, D’Alambert, Condillac, Voltaire. Además Cervantes, Locke, Helvetius, Ossian, Goguet, Llorente, Napoleón, Rollin, Berthot, De Pradt, Filangieri, Mahon, La Fontaine, Constant, Mme. Stall, Grotius, Humboldt, Ramsay, Beaulour, Mably, Dumerí, Delius, Montholon, Arrien, Sismondi, etc.
En parte de sus libros, que regala a Tomás C. Mosquera en 1828, se encuentran los más diversos títulos. Claro índice de que su cultura no era unilateral es, además de los autores citados, la siguiente diversidad de títulos, idiomas y materias de su biblioteca: Epoques de l’ Histoire de Pruse; Ensayo de la historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán; Description Générale de la Chine; Dictionnaire Géographique; Voyage to the South Atlantic; Gramática Italiana; Diccionario de la Academia, New Dictionary Spanish and Englisk; Encycíopédie des enfants; Life of Washington; Dictionnaire des Hommes Célebres; Life of Scipio; Mémoires du Général Rapp; Medias Anatas y Lanzas del Perú; Cours Politique et Diplomatique de Bonaparte; Espíritu del Derecho; Inlluence des Gouvernements; Congreso de Viena; Viaje de Aanacarsis; Fetes et courtisanes de la Gréce; Code of Laws of the Republic ol Colombia». Fue la suya una pasión de cultura que no conoció término; en todos y cada uno de los maestros del saber universal quiso aprender una idea que sirviera a la perfección de la obra de su vida: la creación de su América, su programa revolucionario”.
Manuel Pérez Vila publicó en 1960 un interesante trabajo titulado “La Biblioteca del Libertador”.
Además de sus títulos militares recibió Bolívar títulos civiles
Además del título de Libertador de Venezuela conferido en 1813, Bolívar fue honrado como Benemérito de la Patria, en 1814; Libertador de Colombia (de La Gran Colombia), en 1820 por el Congreso de Angostura; Libertador de Perú, en 1823; Padre de la Patria y Salvador de Perú, en 1825; y Doctor Honoris Causa en Derecho Civil y Canónico de la Universidad de San Marcos, en Lima, el 3 de junio de 1826. Por ello, aunque es verdad que el tratamiento de «Su Excelencia” se reservaba a todos los generales en jefe, en el caso de Bolívar este tratamiento adquiere una mayor dimensión y jerarquía. Continuará.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV.
@RafaelMarronG


