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BOLÍVAR SUPESTAR / Tercer momento: Quito 

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La primera corona de laureles de la campaña libertadora de Sur, la pone sobre las sienes de Bolívar, Antonio José de Sucre con su victoria de Pichincha el viernes 24 de mayo de 1822.

Rafael Marrón González

II

A las diez de la mañana del Domingo 16 de Junio, Bolívar hace su entrada triunfal en Quito, entre repiques de campanas y el alborozo general, montado en soberbio caballo blanco, seguido de su oficialidad y 600 jinetes.

Según un cronista, Bolívar vestía “casaca bordada en oro, con los entorchados y charreteras de general; una espléndida espada del mismo metal con sus correspondientes tros bordados; pantalón muy ancho de paño, de grana, de idéntica labor al costado; grandes botas de montar, con espuelas sobrepuestas. Una faja y banda de seda tricolor, con bellotas y rapacejos de oro bajando del hombro derecho al costad izquierdo, terminaba ciñéndole la cintura”.

El viaje desde Pasto también fue apoteósico. En el trayecto las aldeas indígenas lo esperaban con arcos de flores. Pasó por Tulcán, Puntal e Ibarra, adonde llegó el 12 de Junio. En Otavalo lo esperaba Diego Ibarra con varios pelotones de caballería y una columna comandada por el coronel José María Córdoba, enviados por Sucre para escoltarlo hasta Quito, donde en la esquina del Palacio del Obispo, una corona de laurel lanzada desde un balcón cayó sobre su pecho; levantó los ojos molesto por la impertinencia y se encontró para siempre con los grandes ojos de Manuela Sáenz.

Cuarto momento: Lima

Y vuelve a ser Antonio José de Sucre, y esta vez no hay celos como en Junín,  sino orgullo de padre satisfecho, quien pone la segunda corona de laureles sobre la frente de Bolívar con su victoria de Ayacucho.

Y fue en Lima donde Bolívar recibiera los más grandes honores en su vida. Venezuela lo llamó Libertador y Colombia le decretó un sueldo vitalicio y Quito lo amó, pero Perú hizo mucho más, el Congreso de esa nación le otorgó el título de Libertador de Perú, en 1823, y el de Padre de la Patria y Salvador de Perú, en 1825. Bolívar llega a Lima a las tres de la tarde del 1º de septiembre de 1823, en medio de la alegría popular y de las manifestaciones de júbilo del gobierno y del congreso, que el 14 de febrero del año siguiente, lo invistió con poderes dictatoriales.

Bolívar permanece en el Perú hasta el 1º de septiembre de 1826, tres años justos, y antes de partir, dadas las grandes manifestaciones de afecto de los limeños, y limeñas, que le pedían adoptara el Perú como su patria y se quedara a vivir en ella, el 13 de agosto de 1826, escribe a “las corporaciones y a la ciudadanía de Lima”: “Si yo no escuchase más que los ecos de mi corazón me quedaría en el Perú, que me ha hechizado, por decirlo así, con demostraciones puras de gratitud y alegría: pero mi patria me llama: y cuando habla el deber es necesario seguirle en el silencio de todas las afecciones…”.

El 3 de septiembre Bolívar llega al puerto de El Callao para embarcarse hacia Guayaquil, una gran muchedumbre lo ovacionaba en el camino. “Una espontánea comitiva, integrada por elegantes damas con sus trajes de gala, paisanos, funcionarios y militares se confundían en el afecto común. La municipalidad de Lima le había regalado una hermosa espada, que lleno de gratitud muestra a los notables que le agasajan. ¡Viva Bolívar!, se escucha por doquier”.

Después de Ayacucho, Perú premió a Bolívar con la quinta Magdalena, que perteneció a San Martín, mandando a imprimir una moneda con su busto, con un millón de pesos que Bolívar rechaza, con una espada de oro de exquisito filigrana y 1.463 diamantes, con setenta y tres quilates de peso, incrustados en la empuñadura, y con un suntuoso uniforme de gala (charreteras, sombrero de plumas, calzón de paño azul y casaca bordada en oro). Sin embargo, Bolívar no se menciona en el himno del Perú. Pero es su Libertador. ¡Bogotá, Caracas, Quito y Lima! Cuatro capitales para un solo Héroe. Cuatro momentos de gloria estelar. ¡¡¡Bolívar superstar!!!

Otros homenajes

¿Quién no recuerda la inspirada bienvenida que el abogado peruano José Domingo Choquehuanca tributó a Bolívar a su llegada a la remota villa de Pucará, en el Alto Perú, en la altiplanicie del lago Titicaca? En 1926, en su obra “Apostillas”, publicada en Bogotá, el historiador Eduardo Posada reproduce textualmente las palabras de Choquehuanca, copiadas del manuscrito original conservado por el anticuario limeño Jorge Corbacho: “Quiso Dios de salvajes hacer un gran imperio, y creó a Manco Capac; pecó su raza, y mandó a Pizarro, después de tres siglos de expiación ha tenido piedad de la América, y os ha enviado a vos. Sois, pues, hombre de un designio providencial. Nada de lo hecho antes de vos se parece a lo que habéis hecho; y para que alguno pueda imitaros, será preciso que haya un mundo por libertar. Habéis fundado tres repúblicas que en el inmenso desarrollo a que están llamadas, elevarán vuestra grandeza adonde ninguna ha llegado. Vuestra fama crecerá, así como aumenta el tiempo con el transcurso de los siglos, y así como crece la sombra cuando el sol declina”.

Con los años esta pieza ha sido caprichosamente modificada y en la actualidad se sustituye la última oración por: “Con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina”. Sin embargo, nadie ha logrado igualar en tan pocas palabras un elogio similar para un mortal, y tampoco nadie ha logrado emular la hazaña del que lo mereció.     

Tenía 33 años Choquehuanca, pues, había nacido el 4 de Agosto de 1792, cuando viajó, en Julio de 1825,  expresamente desde las minas de plata de Azángaro, junto con otros peruanos notables de esta población a rendir homenaje al Libertador por antonomasia del Nuevo Mundo. Era inca noble su padre Roque Choquehuanca, investido como caballero cruzado del hábito de Santiago, y reconocido como cacique de Azángaro, y era india también su madre, Melchora Béjar, por lo que heredó el fenotipo identificatorio de la peruanidad autóctona, “de tez oscura, ojos de mirada centellante, cabello negro, lacio y grueso, estatura pequeña, abdomen pronunciado, palabra firme, voz sonora y voluntad de acero”. Sabemos, gracias a la investigación de la Academia Nacional de la Historia, que José Domingo quedó huérfano de padre y madre a los doce años y su tío Gregorio lo llevó a Chuquisaca para inscribirlo en el colegio San Juan Bautista donde estudió latinidad, filosofía, teología, entre otras materias, graduándose de bachiller a los 17 años. Su tío quiso enrumbarlo por la carrera sacerdotal, pero el joven prefirió la carrera de leyes y se recibió en 1812 como abogado, y en 1817 regresó a Perú a encargarse de la herencia familiar. De ese año hasta 1825 cuando lo encontramos frente a Bolívar en Pucará, nada se sabe, pero en 1826 asistió como diputado por Azángaro al Congreso General del Perú, donde defendió la causa bolivariana y su constitución vitalicia, lo que le mereció un reconocimiento del Libertador, “que le obsequió una medalla de oro”. 

Al abandonar Bolívar el Perú y regresar a Colombia, Choquehuanca es adversado por el partido antibolivariano, cayendo en desgracia en 1827, y aunque se retiró de la actividad política es reelecto como diputado por su provincia natal, no asistió a tomar posesión de su investidura quedándose en Azángaro como miembro de la Junta Departamental de Puno.

En 1830 concluyó su obra “Ensayo de Estadística completa de los ramos económico-políticos de la provincia de Azángaro del departamento de Puno de la República peruana. Del quinquenio contado desde 1825 hasta 1829 inclusive”.

Primer trabajo de investigación en este campo en el Perú independiente. Volvió Choquehuanca, en 1832 a Lima como senador por su departamento y actuó como secretario suplente. El año siguiente, 1833, publicó su Ensayo de estadística completa de la provincia de Azángaro. Aprovechó la ocasión para denunciar la explotación de la cual seguía siendo víctima el indio desde la niñez.

En 1835 fue elegido otra vez Diputado por Azángaro, pero el Congreso no pudo reunirse por la revolución de Felipe Santiago Salaverry. El presidente José Luís de Obregoso lo designó prefecto de Puno, cargo en el duró cinco meses al renunciar por diferencias insalvables con el gobierno.  

Choquehuanca publicó en 1845, en la ciudad imperial del Cuzco, un segundo libro, esta vez sobre el mejor modo de practicar la democracia, “Complementos del Régimen Representativo”. En este trabajo, el escritor estuvo en parte influido por Simón Rodríguez.

Apartado por la reacción antibolivariana, José Domingo Choquehuanca nunca más fue llamado a ocupar cargos públicos de importancia, para subsistir, ejerció el derecho, sobre todo en la defensa de los derechos de los indígenas, la educación, el periodismo, la agricultura, la Minería. Murió en Azangaro, en 1854, a los 62 años. Continuará.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. 

@RafaelMarronG

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