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Bolívar en el Cuzco

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Cual Napoleón en Egipto,  envió Sucre al museo que había fundado Santander en Bogotá, el manto primorosamente tejido, de la emperatriz Atahualpa.

De allí remitió a Bolívar el pendón que acompañó a Pizarro en 1533.

Rafael Marrón González / III

Como curiosidad, la palabra “Cuzco” significa “ombligo del mundo”, lo que también traduce la voz “Jerusalén”. El Cuzco fue la capital del imperio Inca, es la capital histórica de Perú y patrimonio de la Humanidad desde 1986.

Primero que Bolívar había llegado al Cuzco el mariscal Sucre, luego de su triunfo en Ayacucho, probablemente el 28 de Diciembre de 1824, y el recibimiento fue entusiasta.

De allí, cual Napoleón en Egipto,  envió Sucre al museo que había fundado Santander en Bogotá, el manto primorosamente tejido, de la emperatriz Atahualpa.

De allí remitió a Bolívar el pendón que acompañó a Pizarro en 1533, y que Bolívar donó a la municipalidad de Caracas, y las banderas ganadas a España, que pertenecieron a los regimientos Burgos y Extremadura, una de las cuales hizo llegar a su tierra natal de Cumaná, a través de Carlos Soublette.

Bolívar salió de Lima con su comitiva el 10 de Abril de 1825, rumbo al Alto Perú, para llegar a Arequipa el 14 de Mayo. Guillermo Ruiz Rivas nos narra en su “Simón Bolívar, más allá de mito”, que el prestigio de su nombre era familiar en estos territorios. En los sitios donde acampó y en las aldeas de tránsito, encontró a los campesinos que salían cariñosos a rendirle el homenaje de su admiración. Su entrada a Arequipa inició una serie de recibimientos apoteósicos. La municipalidad y vecinos principales salieron a saludarle a Huchumayo con un brioso caballo enjaezado: “los estribos, el bocado, el pretal y los adornos de la silla y de la brida, eran de oro macizo”, cuenta su edecán O´Leary.

Llegada la oportunidad de mostrar su generosidad, sus altas dotes de organizador civil, en un vasto campo de experimentación, propicio para las radicales reformas republicanas.

El 10 de Julio salió hacia el Cuzco. La travesía de la cordillera, especialmente en las pascanas (palabra quechua que significa “parada” o etapa de un viaje) de Apo, Patí y Tincopalca, fue incómoda para los viajeros que tuvieron que soportar el famoso soroche (mal de páramo); pero los hermosos paisajes compensaron esas molestias. Por los pequeños valles, en los riscos de las montañas pastaban salvajes manadas de vicuñas, llamas y alpacas que los indios cazaban para aprovechar su lana o domesticarlos para servicio de carga. Bolívar prohibió su cacería indiscriminada con penas severas y estimuló su domesticidad ofreciendo halagadoras recompensas. Fue al final de esta primera etapa de su viaje cuando al llegar a la villa de Pucará, cercana a la frontera, que Salió a recibirle José Domingo Choquehuanca con el saludo que arriba anotamos.

Bolívar entró al Cuzco el 25 de Julio. Allí se superaron en agasajos y atenciones, le ofrecieron las llaves de oro de la ciudad, cuyo estuche obsequió a O´Leary. Y, luego del Te Deum de orden, la municipalidad lo sorprendió con una corona de oro preciosamente trabajada que Bolívar entregó a Córdoba, que a su vez la donó a su ciudad natal de Rionegro en Colombia.

Después de los agasajos y discursos, Bolívar visitó las imponentes ruinas del antiguo imperio de los Incas: restos de palacios y templos abandonados, caminos y acueductos que despertaron en O´Leary la evocación del glorioso pasado de esa raza vencida, y escribe: “La ciudad del Cuzco puede en verdad llamarse la Roma de América. Su historia, sus fábulas sus ruinas encantan. La inmensa fortaleza del lado norte, es el capitolio; el templo del sol, su Coliseo; Manco Capac fue su Rómulo; Viracocha, su augusto; Huascar, su Pompeyo, y Atahualpa, su César. Los Pisarros, almagres, Valdivias y Toledos, son los hunos, godos y cristianos que la destruyeron; Tupac-Amaru en su Belisario, que le dio un día de esperanza. Pumacahua su Rienzi y último patriota”.     

Bolívar cuenta a Páez

El 26 de septiembre de 1825, Bolívar le cuenta a Páez: “Los papeles públicos (así se refería Bolívar a los periódicos oficiales) habrán informado a usted de los brillantes sucesos que han coronado nuestros servicios al Alto Perú, y las pródigas recompensas de estas republicas libertadas en Ayacucho; ya me tiene usted comprometido a defender a Bolivia hasta la muerte, como una segunda Colombia: de la primera soy el padre, de la segunda soy hijo; así mi derecha estará en las bocas del Orinoco y mi izquierda llegará hasta las márgenes del río de la Plata. Mil leguas ocuparán mis brazos, pero mi corazón se hallará siempre en Caracas; allí recibí la vida, allí debo rendirla; y mis caraqueños serán siempre mis primeros compatriotas”.       

Nadie quiere rezagarse en honores

Lima no quiso quedarse atrás en eso de los tributos a sus libertadores, y estando Bolívar ya en Chuquisaca llegó como emisario de la municipalidad limeña el coronel Salazar con dos espadas de oro y dos suntuosos uniformes – “charreteras, sombreros de pluma, calzón de paño azul, casaca bordada en oro” – cada pieza en su estuche especial, marcadas con las iniciales S.B. y A.J.S. Las espadas, “especialmente suntuosas por la historiada filigrana de las empuñaduras”, eran más joyas que armas. La de Bolívar tenía 1.436 diamantes con setenta y tres quilates. Y la Sucre 1.168 diamantes con setenta y dos quilates. Bolívar era un millonario en bienes y honores que, imprudentemente, dada su euforia, contaba este derroche de suntuosidad a sus compañeros pobres e ignorados en los que la envidia natural hacía estragos.

Un Bolívar internacional

El 21 de Octubre de 1825, Bolívar asciende a la cumbre del Potosí, acompañado de Sucre, Miller y algunos diputados argentinos, donde se clavaron las banderas de Colombia, Perú y Río de la Plata. “Desde esa altura se podía contemplar una inmensa extensión del continente, hasta la curvatura del horizonte”. Bolívar veía concretados sus sueños de otros días, desde el juramento de Roma, su Carta de Jamaica, su discurso al Congreso de Angostura, hasta la consagración de Junín y de Ayacucho. Era en ese momento el hombre más admirado del planeta: Presidente de Colombia; Libertador vitalicio del Perú; Bolivia le pedía una constitución; Argentina demandaba su presencia; Chile deseaba sus armas para recuperar a Chilóe; en Panamá se hacían los preparativos para la gran confederación de Estados Americanos; en el mundo europeo resonaba su nombre y su imagen idealizada era inspiración de artistas; “y un territorio de dieciocho millones de kilómetros cuadrados, incorporado a la libertad, se rendía a sus pies”. Fin.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. 

@RafaelMarronG

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