La acción militar quirúrgica del 3 de enero, fue una componenda urdida durante años por el imperio con el dúo familiar que hoy aparece al frente del poder
Oscar Battaglini
La conclusión terminante a la que inevitablemente se llega después de la incursión militar del imperio sobre el territorio nacional del pasado 3 de enero, y de la injerencia política de carácter colonial que éste ha comenzado a ejercer sobre nuestro país, es que el chavismo como tal no sólo ha perdido definitivamente el control sobre si mismo, sino que ha dejado de existir.
Pero lo ha hecho, de una manera impensada y en tanto sorprendente, debido a que su extinción no se produce por efecto de una acción violenta, como en los casos de Panamá e Irak, que era lo previsible, sino mediante la combinación de una acción militar quirúrgica con una componenda que durante años fue urdida por el imperio con el dúo familiar que hoy aparece al frente del poder bajo su dominio y tutela de carácter colonial.
Se trata de la modalidad política que en el pasado ya ha puesto en práctica el imperio norteamericano en el desarrollo de sus relaciones contradictorias con algunos de sus adversarios y competidores en la lucha por la hegemonía mundial, y que en la fase actual de ese conflicto ha sido convertida por Trump y su gabinete de halcones, en la modalidad principal de su política injerencista. Esto -por supuesto-, no quiere decir que haya renunciado al uso de la fuerza para tratar de imponer sus posiciones políticas (como ocurre actualmente en su guerra con Irán y antes con Irak, Panamá, Venezuela, etc.), pero en última instancia lo que busca es imponer una situación política como la que existe en nuestro país después de la incursión militar imperial del 3 de enero de este año.
Son diversos los indicadores o las señales de que el chavismo en todas sus versiones ya entonó «su canto del cisne» (la ejecución de su última obra en el ejercicio nefasto del poder político en Venezuela):
1- El hecho incontrovertible de que a partir del 3 de enero el poder y el país entero pasaron a ser controlados política, económica y militarmente por la superpotencia imperial norteamericana; con lo cual, de hecho, se nos ha condenado de acuerdo a los planes estratégicos de esa superpotencia a la condición de una «colonia de explotación» por su capacidad para proporcionarle además de petróleo en cantidades ilimitadas, los minerales básicos que están siendo demandados por los procesos tecnológicos de sus emporios industriales de punta.
2- La conformación en el marco de esa situación de un «gobierno encargado», no sólo ilegal e ilegítimo por cuanto tiene su origen en el fraude electoral comprobado del 28/07/2024, sino que ha sido constituido, en primer lugar, al margen de los artículos 233 y 234 de la Constitución de la República que regulan la situación política del país en los casos adversos o de emergencia nacional como el creado por los acontecimientos, del 3 de enero. Y en segundo lugar, de un gobierno constituido por dos aventureros que han demostrado a su paso por el poder, que sus mecanismos (los diversos cargos que han ejercido hasta el presente) no son otra cosa que el medio más efectivo para su enriquecimiento personal. De allí, que no hayan tenido ningún escrúpulo en hacerse cómplices y cooperantes activos y diligentes en la conversión de nuestro país en una dependencia colonial de una potencia extranjera.
A tal extremo ha llegado la connivencia y el servilismo de ese dúo usurpador del poder, y de la cáfila de conversos de la nomenklatura burocrática chavista – madurista que lo acompañan en el cumplimiento de la parte (del papel) que el imperio le ha asignado a nuestro país en el desarrollo e implementación de sus planes estratégicos de dominación mundial, que resulta materialmente imposible imaginar que Trump y sus halcones (civiles y del Comando Sur) estén pensando seriamente sustituir -por lo menos en lo inmediato- a la dupla que ellos pusieron en el poder y que tan buenos resultados les ha proporcionado en lo que va del 3 de enero a esta parte. A esto se deben -es bueno tenerlo en cuenta- los reconocimientos y los elogios que tanto Trump como la Embajada de los Estados Unidos de Caracas le han prodigado repetidamente al «gobierno protegido» del dúo familiar Rodríguez.
A eso se debe igualmente la imposibilidad de que este gobierno decrete la falta absoluta del presidente de la República, o que sea el propio Trump el que presione para que esto se produzca una vez que ya se han cumplido los extremos constitucionales y de ley que regulan las faltas temporales y absolutas del presidente de la República (en particular el período de 6 meses desde la ejecución de la extradición de Maduro por el Comando Militar del imperio); requisito que al confirmarse obliga a convocar nuevas elecciones presidenciales para cubrir la vacante existente.
A ese mandato constitucional y a la propia voluntad soberana de la inmensa mayoría de los venezolanos, que exige la realización en el más corto plazo de elecciones libres (presidenciales
y generales) para la recuperación social, económica y democrática del país, se oponen de manera abierta y encubierta Trump y sus cipayos en el poder.
Las razones de esa oposición compartida son diversas, pero hay una que tiene la característica de lo fundamental y decisivo: y es, que la realización de unas elecciones (sobre todo presidenciales) como las exigidas por las fuerzas democráticas y con «Concepto de nacionalidad» (Arturo Uslar Pietri) no sólo los expulsaría de manera vergonzosa del poder, sino que echaría por tierra y haría fracasar estrepitosamente, por un lado, los planes anexionistas y colonialistas que el imperio del norte se ha planteado con respecto a nuestro país y, por otro, frustraría del mismo modo los cálculos y acuerdos perversos y antinacionales concertados por el dúo Rodríguez con el imperio norteamericano.

- EL AUTOR es historiador, escritor y profesor de la Universidad Central de Venezuela, exdirigente del MIR, co-fundador de la Liga Socialista y exrector del Consejo Nacional Electoral.
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