El eminente curazoleño Luis Brión puso toda su fortuna familiar a disposición del Libertador.
Rafael Marrón González IV
Luis Brión murió en la miseria en Curazao, y ni el gobierno de Colombia ni el de Venezuela honraron la deuda adquirida por Bolívar con este noble ciudadano del mundo.
Salvo la pequeña distracción de haber presidido el congresillo de Cariaco, en los angustiosos momentos del sitio de Angostura, fue un amigo tan leal que mereció el siguiente elogio del Libertador: «Mi querido y digno amigo: No sé lo que debo admirar más en Ud., si su generosidad, su patriotismo o su bondad. Es preciso que sea Ud. de un carácter tan extraordinario, para que se sacrifique, sin reserva, por los intereses de una causa que sus propias criaturas despedazan. Es preciso, amigo Brión, que a Ud. se le tribute el honor de ser el primer protector de la América y el más liberal de los hombres…».
Alejandro Petión
Cuya filantropía había llegado a oídos de Bolívar, que abandona Jamaica en 1815 y se residencia en Haití. Petión lo recibió por primera vez el 2 de enero de 1816 y le prometió su más amplia colaboración en la expedición que iba a preparar en Los Cayos. A pesar de lo desesperada que parecía la empresa libertadora, dirigida por hombres que carecían hasta de zapatos, puso a disposición del Libertador más de seis mil fusiles con sus bayonetas, municiones, plomo, víveres, una imprenta completa, el flete de algunas goletas y una importante suma de dinero, y además permitió que ciudadanos haitianos se alistaran en la expedición. Como precio de sus servicios pidió a Bolívar que proclamara la abolición de la esclavitud en todas las tierras que sus armas libertaran. Y así fue, apenas desembarcó en Margarita, Carúpano, y Ocumare de la Costa, cumplió con su promesa a Petión.
Vencido y rechazado por sus compañeros de armas, regresa Bolívar a Haití, y Petión vuelve a ayudarlo, así como el comerciante inglés Robert Sutherland, amigo de éste, para emprender su segunda expedición que salió del puerto de Jacmel el 18 de diciembre de 1816.
Petión prestó ayuda personal y gubernamental a todos los patriotas hispanoamericanos que tocaron a su puerta y a los numerosos desterrados de Venezuela y Nueva Granada, entre ellos, el general Manuel Piar, a las familias de Bolívar y Soublette, etc.
Bolívar al enterarse de la muerte de Petión, ocurrida en Puerto Príncipe el 14 de agosto de 1818, escribe a su sucesor Jean Pierre Boyer: “Su patriotismo, su generosidad y las demás virtudes que lo caracterizaban han excitado mi veneración y la de todos mis compatriotas: esa veneración será tan inmortal como el nombre de Petión”.
José Laurencio Silva
Incansable soldado de la libertad, sirvió durante diecinueve años en el Ejército Libertador, desde su iniciación en El Tinaco como subteniente en 1810 hasta su ascenso a General de División, en la Batalla de Tarqui, bajo el mando de Sucre. Fue uno de los 150 héroes de las Queseras del Medio. Tuvo el honor de combatir en Carabobo, Bombona, Junín y Ayacucho, en esta última acción recibió tres lanzazos. Fue uno de los albaceas testamentarios y fideicomisarios del Libertador, que fue sepultado con una camisa suya.
Silva era trigueño, nacido en el llano venezolano, y en ocasión de una fiesta en Potosí invitó a bailar a una linajuda dama que lo rechazó, Bolívar se dio cuenta del desaire y tomándolo del brazo bailó con él. Ya en Caracas se casó con una hermana de Fernando Bolívar, sobrina del Libertador. Se dedicó a faenas agrícolas, intervino en aisladas acciones contra Zamora y contra Páez, y muere en Valencia a los 81 años.
Justo Briceño
Para quien es la última carta de Bolívar: “En los últimos momentos de mi vida le escribo ésta para rogarle, como la única prueba que le resta por darme de su afecto y consideración, que se reconcilie de buena fe con el General Urdaneta y que se reúna en torno al actual gobierno para sostenerlo. (…) Reciba, mi querido General, el último adiós y el corazón de un amigo”.
José Domingo Choquehuanca
El autor de la famosa arenga al Libertador, ¨…Con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina¨ había nacido el 4 de Agosto de 1792, cuando viajó, en Julio de 1825, expresamente desde las minas de plata de Azángaro, junto con otros peruanos notables de esta población a rendir homenaje al Libertador por antonomasia del Nuevo Mundo. Era inca noble su padre Roque Choquehuanca, investido como caballero cruzado del hábito de Santiago, y reconocido como cacique de Azángaro, y era india también su madre, Melchora Béjar, por lo que heredó el fenotipo identificatorio de la peruanidad autóctona, “de tez oscura, ojos de mirada centellante, cabello negro, lacio y grueso, estatura pequeña, abdomen pronunciado, palabra firme, voz sonora y voluntad de acero”. Sabemos, gracias a la investigación de la Academia Nacional de la Historia, que José Domingo quedó huérfano de padre y madre a los doce años y su tío Gregorio lo llevó a Chuquisaca para inscribirlo en el colegio San Juan Bautista donde estudió latinidad, filosofía, teología, entre otras materias, graduándose de bachiller a los 17 años. Su tío quiso enrumbarlo por la carrera sacerdotal, pero el joven prefirió la carrera de leyes y se recibió en 1812 como abogado, y en 1817 regresó a Perú a encargarse de la herencia familiar. De ese año hasta 1825 cuando lo encontramos frente a Bolívar en Pucará, nada se sabe, pero en 1826 asistió como diputado por Azángaro al Congreso General del Perú, donde defendió la causa bolivariana y su constitución vitalicia, lo que le mereció un reconocimiento del Libertador, “que le obsequió una medalla de oro”. Al abandonar Bolívar el Perú y regresar a Colombia, Choquehuanca es adversado por el partido antibolivariano, cayendo en desgracia en 1827, y aunque se retiró de la actividad política es reelecto como diputado por su provincia natal, no asistió a tomar posesión de su investidura quedándose en Azángaro como miembro de la Junta Departamental de Puno. En 1830 concluyó su obra “Ensayo de Estadística completa de los ramos económico-políticos de la provincia de Azángaro del departamento de Puno de la República peruana. Del quinquenio contado desde 1825 hasta 1829 inclusive”. Primer trabajo de investigación en este campo en el Perú independiente. Volvió Choquehuanca, en 1832 a Lima como senador por su departamento y actuó como secretario suplente. El año siguiente, 1833, publicó su Ensayo de estadística completa de la provincia de Azángaro. Aprovechó la ocasión para denunciar la explotación de la cual seguía siendo víctima el indio desde la niñez. En 1835 fue elegido otra vez Diputado por Azángaro, pero el Congreso no pudo reunirse por la revolución de Felipe Santiago Salaverry. El presidente José Luís de Obregoso lo designó prefecto de Puno, cargo en el duró cinco meses al renunciar por diferencias insalvables con el gobierno. Choquehuanca publicó en 1845, en la ciudad imperial del Cuzco, un segundo libro, esta vez sobre el mejor modo de practicar la democracia, “Complementos del Régimen Representativo”. En este trabajo, el escritor estuvo en parte influido por Simón Rodríguez.
Apartado por la reacción antibolivariana, José Domingo Choquehuanca nunca más fue llamado a ocupar cargos públicos de importancia, para subsistir, ejerció el derecho, sobre todo en la defensa de los derechos de los indígenas, la educación, el periodismo, la agricultura, la minería. Murió en Azangaro, en 1854, a los 62 años.
Juan Bautista Pavageau
El hombre que no quemó los papeles de Bolívar, como éste lo ordenara en la cláusula novena de su testamento: ¨Ordeno que los papeles que se hallan en poder del señor Pavageau se quemen”. Natural de Santo Domingo este rico hombre de negocios de origen francés fue un apoyo económico para el Libertador durante su estancia en Jamaica.
En septiembre de 1830 se encuentra con Bolívar en Cartagena y pone a su disposición los numerosos recursos de que disponía, entre ellos los necesario para el viaje que el gran hombre pensaba realizar a Europa. Fue entonces cuando Bolívar le entregó los papeles para su custodia, diciéndole, “He aquí las pruebas de las infamias de mis enemigos. Algún día se sabrá le verdad. No es tiempo todavía de hablar. Quiero beber el cáliz hasta las heces”. Tres meses después Bolívar fallecía.
Belford Hinton Wilson
Hijo de Sir Robert Wilson, político liberal inglés, que lo envío a Suramérica en 1822 para que sirviera a las órdenes de Bolívar, que lo recibió en Perú y lo nombró su Edecán.
A pesar de los celos de O’Leary, el joven Wilson se mantuvo permanentemente a su lado cumpliendo importantes y delicadas misiones diplomáticas confidenciales, como cubrir la enorme distancia entre Lima y Chuquisaca en solo 19 días, para entregar el proyecto de Constitución de Bolivia. Cuando Bolívar se entrevistó con el general Páez en Venezuela a finales de 1826, llevó como único acompañante a este fiel amigo de su pensamiento y obra.
Durante su estancia en Venezuela el Libertador dictó a Wilson sus Memorias, por lo menos hasta Carabobo. A mediados de 1828 viajó a México, Estados Unidos e Inglaterra publicando en los periódicos de esos países importantes artículos en los que explicaba la posición política del Libertador y la situación de la Gran Colombia. Regresó en enero de 1830 y se incorporó al servicio de Bolívar. Fue uno de los fieles testigos de la muerte del Padre de la Patria.
Tal su entrega a Bolívar, que al morir éste, se enfermó gravemente. En su testamento, en la Cláusula 12, dice el Libertador: ¨Mando que mis albaceas den las gracias al señor General Sir Robert Wilson por el buen comportamiento de su hijo, mi Edecán, el Coronel Belford Wilson, que tan fielmente me ha acompañado hasta los últimos momentos de mi vida¨. Wilson murió en Inglaterra en 1858 honrado con el título de Caballero de la Orden del Baño.
Maxwell Hyslop
El destinatario de la Carta de Jamaica, fue un fiel amigo y protector de Bolívar durante su exilio en Jamaica y Haití. Contribuyó con los gastos de su manutención y le otorgó un préstamo de tres mil pesos, financiado por amigos suyos comerciantes, para la Expedición de Los Cayos.
El 15 de diciembre de 1830, al saber que Bolívar se hallaba gravemente enfermo, hizo gestiones ante las autoridades de Jamaica para que se enviase a Santa Marta un buque de guerra con un buen médico a bordo; así se hizo, pero cuando el auxilio llegó ya el Libertador había fallecido.
Fernanda Barriga
La fiel cocinera incorporada a su personal en Quito, en 1828, y que pertenecía a la familia de Manuela Sáenz. Sus mazamorras de sagú y vino fueron el último alimento del Libertador.
Vivió con largueza, pero los años no menguaron su lucidez, y se complacía en relatar sucesos y anécdotas de la última enfermedad y muerte del ¨amo¨ Bolívar, siempre con una ternura que motivaba lágrimas en sus oyentes. “Él estaba muy amañado con mi sazón”, solía decir en su ancianidad. Murió en la mayor miseria a los 101 años.
Próspero Reverend
El médicoque asistió en la enfermedad al Libertador los últimos dieciséis días de su vida. Su reverencia por el ilustre Ciudadano del Mundo le redituó el agradecimiento de la posteridad. Continuará,

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV.
@RafaelMarronG


