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Venezuela está en manos de usurpadores indeseables

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La incursión militar del 3 de enero, se ha hecho efectiva, sobre todo, en el terreno de la explotación petrolera y minera y también en el ámbito militar

Oscar Battaglini

Venezuela es hoy, lamentablemente, un claro ejemplo de como un país al que le han sido quebrantados y/o destruidos, por un lado, todas sus estructuras societales (económicas, político-institucionales, etc) y, por otro, atentado violentamente los valores de su nacionalidad (su independencia y soberanía), queda inevitablemente a merced de las tribunas, oportunistas y aventureros que se han aprovechado de esa situación para hacerse con el poder o para usurpar posiciones de poder, desde las cuales terminan ejerciendo una acción política con efectos aún más negativos para nuestra sociedad.

Esa aberración que ha sido una constante en nuestro proceso histórico, se acentuó con Chávez y Maduro en la dirección política del país; pero ha cobrado una mayor relevancia con el dúo Rodríguez en el poder, hecho que tiene entre sus manifestaciones culminantes (más sobresaliente) la negociación política que reúne al cabecilla del «gobierno protegido» implantado por Trump en nuestro país a raíz de la incursión militar norteamericana del pasado 3 de enero, con una representación de la Asamblea Nacional del año 2015 —también bajo el control político (tutela) del imperio— para abrir los caminos que conduzcan a la realización del plan de las «tres fases» medido y definido por Trump en el desarrollo de su estrategia dirigida a fortalecer aún más la posición de los Estados Unidos en la lucha por la hegemonía mundial.

Eso mismo, para decirlo de otro modo, significa que cualquier resolución (acuerdo, decisión, etc) que salga de esa negociación, en ninguno caso estará realmente dirigida a devolverle a la Nación venezolana la autonomía política que le ha sido arrebatada mediante la fuerza bruta y la traición, pura y simple, de unos gobernantes usurpadores e indeseables. Ni tampoco para que aquí se instaure un régimen político auténticamente democrático, que rescate y haga valer la independencia y la soberanía nacional, y que finalmente cree las condiciones efectivas para la superación de los graves y profundos daños provocados a nuestra sociedad por la barbarie chavista a su paso por el poder.

La confirmación de que eso es así, viene dada, en primer lugar, por las recurrentes declaraciones de Trump y de Marco Rubio, su Secretario de Estado, en las que no sólo dejan suficientemente claro que nuestro país ha pasado a ser una dependencia colonial de los Estados Unidos y que, por lo tanto, son ellos directamente o por intermedio de la Embajada en Caracas o del Comando Sur, los que toman las decisiones sobre lo que se hace o deja de hacerse políticamente en el país.

Esa situación, que viene determinando la actividad política general del país desde la incursión militar del 3 de enero, se ha hecho efectiva sobre todo, en el terreno de la explotación petrolera y minera y también en el ámbito militar, cuestión que se calibra por la ocupación de nuestro territorio por importantes contingentes militares del imperio, y por el rol que de nuevo (al estilo del período de la Guerra Fría) ha pasado a desempeñar el Departamento de Defensa de los Estados Unidos en el comando y dirección directa y efectiva del elemento militar venezolano. Y, en segundo lugar, por el hecho mismo de que se constituya una mesa de negociación política convocada por Trump y por Marco Rubio, con agenda propuesta por ellos, con la sola participación de dos factores políticos completamente plegados y obediente a sus instrucciones y mandatos, y como ha expresado el propio Marco Rubio bajo su monitoreo estricto y permanente.

Eso es lo que en definitiva explica que en esa «mesa de diálogo» no se estén tratando ni discutiendo, con la urgencia del caso, los temas y los problemas políticos que en estos momentos realmente le interesan a la inmensa mayoría del pueblo venezolano; en particular, los temas relacionados con las elecciones presidenciales y con la necesidad de cambiar de raíz al CNE para la solución pacífica y constitucional de la grave crisis política e institucional que sin exageración nos amenaza de muerte y pone en riesgo nuestra propia existencia como Nación libre y soberana.

De ahí que lo aprobado por los actores políticos que integran esa «mesa de diálogo», al no ser la expresión ni la representación legítima de la voluntad popular, lo que ha hecho es intensificar tanto su repudio como poner en evidencia todavía más las verdaderas intenciones y propósitos de sus proponentes (el imperio norteamericano), que por lo visto no son otras que ganar tiempo y alargar la situación política imperante en el país hasta ver consumado su plan de las «tres fases» y con él, la conversión de Venezuela en una colonia de explotación en el desarrollo, como se ha señalado, de su estrategia de dominación planetaria.

Un elemento significativo que llama la atención en la ejecución de ese plan, es que mientras el gobierno servil del dúo Rodríguez no hace otra cosa que darle cumplimiento a los mandatos que llegan de la Casa Blanca, y a la realización de actividades menores, así como el envío de promesas demagógicas que nadie las cree, Trump y su gabinete de halcones (civiles y militares) se ocupan y toman decisiones directamente sobre las cuestiones importantes y medulares que ocupan el interés de los venezolanos tal y como ha sido señalado más arriba, entre los que destacan la cuestión petrolera y minera, la cuestión militar y electoral, las reparaciones que hay que hacer en el sistema eléctrico nacional, la ayuda a las víctimas del terremoto, la libertad de los presos políticos, la reforma del sistema judicial, etc.

Se comprende perfectamente que muchas de esas cosas las hace el imperio para apuntalar el control político, económico y militar que ha pasado a ejercer sobre nuestro país. Pero otras (especialmente las últimas mencionadas) las hace con el deliberado propósito de granjearse simpatías entre la población y suavizar un tanto la cara fea de sus siniestras intenciones.