El 23 de mayo de 1818, en un insólito acto de insubordinación, el «coronel” Wilson, uno de los mercenarios contratados por López Méndez en Inglaterra, realizó una fiesta para celebrar la elevación de Páez a la condición de Jefe Supremo, despreciando y retando la presencia de Bolívar en el campamento, cuya muerte estaba decretada si intentaba oponerse a los facciosos.
Rafael Marrón González I ¿CÓMO SE SALVÓ BOLÍVAR? IV
El 4 de julio de 1817, Bolívar, que esperaba noticias en su cuartel general de Casacoima al enterarse del ataque que sufrían las flecheras frente a los Castillos e Guayana, acudió al lugar acompañado de Carlos Soublette, Juan Bautista Arismendi y su hijo Miguel, Jacinto Lara, Chompré y sus edecanes, para animar al capitán Rosendo a cumplir con la misión, pero de improviso, al internarse a pie hacía el río, se vio amenazado por tropas españolas, que habían desembarcado a patrullar la ribera, y tomaron la única faja de tierra que comunicaba a los patriotas con su cuartel general y donde habían dejado las cabalgaduras. Para salvarse, Bolívar tuvo que cruzar a nado, junto con sus acompañantes, la laguna de Casacoima. Las monturas de los patriotas fueron capturadas y sacrificadas, pero la mula que utilizaba el Libertador en ese momento fue reconocida como perteneciente al general Miguel de La Torre que la había perdido en San Félix, y le fue devuelta junto con las pistolas de Bolívar, dejadas en el arzón. Un soldado vendió el freno de la bestia al capitán Rafael Sevilla, y la silla de montar le tocó en suerte a Francisco de Sales Echeverría que acompañaba a La Torre en Angostura.
Es importante destacar que los españoles no llegaron a identificar a los fugitivos y pensaron que era otra partida guerrillera de las que los hostilizaba continuamente y se contentaron con asustarlos, y mucho menos sospecharon siquiera de que se trataba de Bolívar y su estado mayor, porque de haberlo sabido no hubieran abandonado la búsqueda hasta capturarlos, era una presa demasiado importante para dejarla escapar, y todas las condiciones los favorecían.
En Apure se conspira para asesinarlo
El 23 de mayo de 1818, en un insólito acto de insubordinación, el «coronel” Wilson, uno de los mercenarios contratados por López Méndez en Inglaterra, realizó una fiesta para celebrar la elevación de Páez a la condición de Jefe Supremo, despreciando y retando la presencia de Bolívar en el campamento, cuya muerte estaba decretada si intentaba oponerse a los facciosos.
El Libertador decidió emprender su regreso a sus dominios de Angostura, y en la madrugada del día 24 de mayo se puso en marcha, en completo silencio. Como respuesta Páez remitió al tal Wilson a Angostura en calidad de prisionero, aunque Páez no remitió el Acta de acusación. Wilson fue juzgado y expulsado del país, también estuvieron complicados los «coroneles» Hippisley, que pretendía se le ascendiera a general de Brigada, y Trewren, ambos fueron cordialmente invitados a salir de Venezuela.
Hippisley escribió en Inglaterra un pasquín contra Bolívar que lo deshonra ante sus propios paisanos y ante la historia a la que pretendió pertenecer.
En Potosí lo salva el amor como en Jamaica
El 5 de octubre de 1825 llega Bolívar a Potosí y una dama le susurra al oído: “Cuidado, quieren asesinarlo”. La dama se llama María Joaquina Costas y es la esposa del general boliviano Hilarión de la Quintana. Esa noche mientras los asesinos desesperan al no encontrar a Bolívar, éste recibe amor y cobijo en los brazos enamorados de María Joaquina, que en el ínterin le revela toda la conspiración que incluye a su pariente León Gandiarias.
Manuela lo salva de un atentado en una fiesta de disfraces
“Bogotá, agosto 1 de 1828
General Simón Bolívar
Señor mío:
Le ruego, por lo que más quiera en este mundo (que no soy yo), no asista a ese bailes de disfraces; no porque usted se encuentre obligado a obedecerme, sino por su seguridad personal, que en mucho estimo; cosa que no hacen sus generales, ni la guardia.- Desista usted ¡por Dios! De esa invitación, de la cual no se me ha hecho llegar participación, y por esto haré lo que tenga que hacer, en procura de su desistimiento. Sabe que lo amo y estoy temerosa de algo malo. Manuela”. Bolívar desestima la advertencia, y el 10 de agosto, en medio de la fiesta se presenta Manuela y crea un escándalo, Bolívar ofendido se retira.
El 21 de septiembre de 1828, días antes del atentado del 25, le señala a Santander la exactitud de la sospechas de Manuela.
La primera muerte de Bolívar: 25 de septiembre de 1828
A su regreso de su viaje a Venezuela, en junio de 1827, El Libertador asume la presidencia constitucional de Colombia y dicta severas medidas económicas para sacar al país de la crisis en la que lo había encontrado a su regreso de Perú. Lo anterior unido al descontento generado por el fracaso de la Convención e Ocaña y la erección de la dictadura, provocó reacciones extremas en un grupo de militares y civiles descontentos, entre ellos el venezolano Pedro Carujo, que realizaron un atentado contra la vida de Bolívar, la noche del 25 de septiembre de 1828, en el Palacio de San Carlos en Bogotá.
Bolívar se salvó porque Manuela Sáenz lo hizo huir por una ventana y pudo esconderse descalzo y semidesnudo debajo del puente del Carmen, mientras los conjurados eran sometidos no sin antes asesinar al coronel Férgunson y al coronel José Bolívar, a quien fusilaron en el patio de la prisión por oponer resistencia a la liberación del almirante José Padilla, que estaba preso por conspirador, y que sería ejecutado por este cobarde acto criminal que degradó su gloria militar obtenida en la batalla naval de Maracaibo.
El general colombiano Posada Gutiérrez en sus “Memorias» opina que de haber muerto Bolívar esa noche sus asesinos hubieran sido perseguidos y linchados por la enardecida multitud: «No hay que dudarlo, si Bolívar hubiera muerto, habrían muerto sus enemigos, no sólo en Bogotá sino en toda la República. La capa rasgada de Bolívar habría causado el mismo efecto que la túnica ensangrentada de César. Tal era la decisión del ejército y de la masa popular».
29 veces estuvo a punto de morir en combate
Durante la Campaña libertadora en territorio venezolano, entre 1811 y 1823, se libraron setenta y cuatro batallas de alto impacto y centenares de combates y escaramuzas menores de desgaste, porque las contiendas se daban donde se encontraran realistas y patriotas sin atender a diferencias numéricas, condiciones de terreno o estrategias.
Simón Bolívar dirigió personalmente once de estas batallas de alto impacto, sin considerar las decenas de combates paralelos, además de compartir la segunda batalla de La Puerta con Santiago Mariño, que pierden desastrosamente contra José Tomás Boves, el 15 de junio de 1814; la batalla de Aragua de Barcelona con José Francisco Bermúdez, que pierden contra Morales, el 17 de agosto de 1814, aunque combatieron divididos por la terquedad del jefe oriental; y la de Calabozo, el 12 de febrero de 1818, con Páez, que ganan contra Pablo Morillo. Y fuera del territorio venezolano, Bolívar realiza la Campaña del Magdalena, con la que inicia su carrera de Gloria, en Monpox, y en la que combate personalmente, ocho veces, con oficiales designados por él, y atraviesa horizontalmente la Cordillera andina para luchar contra Ramón Correa en Cúcuta, y vencerlo.
Posteriormente, durante la Campaña del Sur, dirige y participa en la Batalla de Bombona, librada el siete de abril de 1822 en su marcha hacia Quito, en las estribaciones del volcán Galeras, en Colombia, en la que derrotó al coronel Basilio García. En La Batalla de Junín, contra el general José de Canterac, en la que no se disparó un solo tiro, solo se usaron armas blancas, y que ganó con lanceros venezolanos y participó en la contienda, asombrando por su agilidad de ambidiestro combatiendo con una espada en la mano derecha y una daga de bayoneta en la izquierda.
Y, entre el 5 de julio y el 7 de agosto de 1819, después de atravesar el Páramo de Pisba, con sus tropas agotadas enfrenta al jefe realista en las batallas de Gámeza, Pantano de Vargas y la batalla decisiva de Boyacá, que libera la Nueva Granada.
Sin incluir, como hemos dicho, combates menores y escaramuzas, en total son veintinueve combates de alto impacto los que Bolívar dirigió personalmente, de los cuales perdió cinco y ganó veinticuatro. En estas 29 confrontaciones bélicas Bolívar pudo morir en cualquiera de ellas, como tantos oficiales a quienes llegó la hora con la espada en la mano, y como político debió enfrentar serias conspiraciones que derrotó al solo influjo de su inmenso prestigio.
Un oficial inglés revela el arrojo de Bolívar
Fue en la batalla del río Semén o Tercera de La Puerta, la primera vez que los soldados llaneros veían pelear a Bolívar, porque la de Taguanes fue la primera que ganó como comandante, pero no participó como combatiente.
Un oficial inglés que asistió al combate nos cuenta: “Mientras había diversos encuentros entre los dos ejércitos en las orillas del riachuelo que los separaba, Bolívar recorría la línea de batalla, dirigiendo palabras de aliento a cada regimiento a tiempo que pasaba por delante de él, teniendo cuidado de dejar a cada cuerpo tres o cuatro oficiales extranjeros, recomendando que se obedeciese ciegamente a éstos. Por la primera vez después que veníamos en retirada, se había quitado su esclavina larga, y parecía haber salido del aire abatido que no había podido ocultar a nuestros ojos. En vez de casco pesado llevaba un ligero gorro de cuero de tigre, y parecía muy animado. Portaba su arma ordinaria, una pequeña lanza con una banderola en la cual estaba escrita su divisa amenazante: “Libertad o muerte”. Y este no era un vano arreo militar pues antes de terminar el combate tuvo que hacer uso de ella muchas veces para su defensa personal. Cuando la acción se generalizó, Bolívar se dejaba ver en todos los puntos del combate, haciendo esfuerzos increíbles para cambiar la fortuna, que desde el principio de la lucha se pronunciaba contra nosotros. En una ocasión atravesó con su lanza el abanderado de un batallón suyo que se retiraba. Luego cogió el pabellón y lo arrojó en medio de las filas enemigas hacia las cuales corrió gritando a sus soldados que le siguieran a recuperarlo. En efecto lo tomaron después de una carga impetuosa que ejecutaron bajo la dirección de algunos extranjeros que allí perdieron la vida, pero al fin se vieron obligados a ceder a tropas superiores en número y disciplina. El teniente coronel Rooke, que siempre estuvo al lado de Bolívar durante la batalla y que fue herido dos veces, me dijo luego que él creía que Bolívar había perdido el juicio o que buscaba la muerte, tanto era el poco cuidado que hacía de su persona”. Desde ese momento los llaneros, que solo respetaban el valor personal, reconocieron en Bolívar un jefe guerrero.
Y además se salvó de enfermedades que mataban en esa época
Y además debió vencer las enfermedades graves que pusieron en peligro su vida, como malaria que sufre en 1812 y 1814; paludismo en 1815, 1816, marzo de 1818 y octubre de 1822; y fiebre tifoidea, llamada tabardillo, en Pativilca en 1824. En Junio de 1825 sufre soroche en la Cordillera a su paso para el Cuzco (se llama soroche al estado de ansiedad que produce el paso de los Andes por la rarefacción del aire). Todo esto sin contar resfriados, coces de caballos, cólicos, fiebres, disentería por beber agua de laguna, reumatismo, cansancio, insomnio, vómitos, mal de orina, trastornos digestivos, jaquecas, vejez prematura y el desesperante furúnculo en el ano producido por cabalgar 90.000 kilómetros por la hostil geografía americana, entre otras molestias y malestares que lo afectaron durante su vida de guerrero y estadista. Hasta el 3 de agosto de 1829, en Guayaquil cuando se evidencian por primera vez los síntomas de la enfermedad que lo llevaría a la tumba, nervios, cólera morbo, fuerte calentura, bilis nerviosa, bilis negra, cefalalgias frecuentes, deshidratación, se queja de haberse debilitado mucho con el mal y los líquidos. Dice que le quedan cuatro o seis años de vida. Le restaban exactamente 507 días. ¿Cómo se salvó Bolívar de tantas vicisitudes, combates, enfermedades y traiciones? ¿Cómo logró escapar ileso siendo el enemigo capital de España? Tan vital ser humano estaba destinado a ser, a pesar de su tiempo, además de un egregio exponente de la Libertad, uno de los más conspicuos fundadores del democrático mundo moderno. Fin.

EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV.
@RafaelMarronG


