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La soberanía que terminó en Washington  / Opinión  

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Destruyeron la industria para protegerla de los extranjeros y ahora necesitan a los extranjeros para salvarla de ellos mismos

Humberto González Briceño

Durante más de veinte años el chavismo aseguró haber recuperado para Venezuela la soberanía petrolera. Expropió empresas, cambió contratos, expulsó inversionistas y convirtió a PDVSA en instrumento político de la revolución. El resultado de aquella epopeya antiimperialista tiene una ironía formidable: Venezuela necesita ahora capital, tecnología y empresas extranjeras para recuperar la industria que el chavismo destruyó.

No fue precisamente una conspiración imperial.

Cuando Hugo Chávez llegó al poder Venezuela producía más de tres millones de barriles diarios. Hoy produce apenas una fracción. Antes de las sanciones estuvieron las expropiaciones, la expulsión de miles de trabajadores especializados, la destrucción de la meritocracia de PDVSA, la corrupción y la utilización de la empresa como caja financiera de la revolución.

El chavismo tomó una empresa petrolera internacionalmente competitiva y la convirtió en una dependencia del partido.

Ahora viene la factura.

Recuperar la producción requiere inversiones de miles de millones de dólares. Las empresas extranjeras pueden aportar dinero, tecnología y experiencia, pero quieren algo que Venezuela dejó de ofrecer hace mucho tiempo: seguridad jurídica.

Quieren contratos que se respeten, mecanismos confiables de arbitraje y garantías de que dentro de algunos años no aparecerá otro comandante anunciando por televisión que sus inversiones han sido expropiadas en nombre del pueblo.

El principal yacimiento que Venezuela necesita recuperar no está, por tanto, debajo de la Faja del Orinoco. Se llama confianza.

La paradoja resulta todavía mayor porque Washington tiene ahora una influencia determinante sobre la incorporación de empresas, operaciones y mecanismos financieros relacionados con el petróleo venezolano. La revolución que convirtió la soberanía en una muletilla litúrgica necesita precisamente del antiguo enemigo imperial para reconstruir su principal industria.

Ni los gobiernos de la llamada Cuarta República, tantas veces acusados de entregar el petróleo a intereses extranjeros, consiguieron semejante hazaña.

El chavismo sí.

Puede aumentar nuevamente la producción. Venezuela posee demasiado petróleo para permanecer indefinidamente marginada del mercado mundial. Pero recuperar barriles no significa recuperar el país.

La verdadera discusión es si puede reconstruirse una industria petrolera moderna y competitiva mientras sobreviven las instituciones y los operadores políticos responsables de destruir la anterior.

El petróleo venezolano necesita capital, tecnología y mercados.

Pero necesita algo todavía más escaso: instituciones confiables.

Después de veintisiete años proclamando que habían recuperado nuestra soberanía petrolera, el balance resulta difícil de superar: destruyeron la industria para protegerla de los extranjeros y ahora necesitan a los extranjeros para salvarla de ellos mismos.- @humbertotweets