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No habrá milagro económico  

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Habrá, en el mejor de los casos, otra oportunidad extraordinaria y Venezuela ya tiene bastante experiencia desperdiciándolas

Humberto González Briceño

En Venezuela basta que una cifra venga acompañada de suficientes ceros para que inmediatamente aparezcan los vendedores de milagros. El nuevo acuerdo petrolero con Estados Unidos, presentado como uno de los mayores de la historia, ha despertado otra vez esa vieja fantasía nacional según la cual basta abrir unos pozos para que la prosperidad comience a brotar junto con el petróleo.

Las cifras ciertamente impresionan. El acuerdo contempla el desarrollo de 17 campos con unos 65.000 millones de barriles de reservas y una inversión proyectada cercana a los 100.000 millones de dólares. Además, se estiman más de 200.000 millones de dólares en impuestos y regalías para Venezuela durante los primeros 25 años. Comparado con un presupuesto nacional para 2026 de apenas 19.474 millones de dólares y unas reservas internacionales que rondan los 12.800 millones, parece una montaña de dinero.

Pero allí comienza la confusión. Los 100.000 millones no son un cheque depositado mañana en el Banco Central. Son inversiones que tendrían que realizarse progresivamente durante años para perforar pozos, instalar equipos, recuperar oleoductos, puertos y refinerías y, antes de todo eso, conseguir electricidad suficiente para que semejante maquinaria funcione.

Es decir, una parte importante del dinero tendrá que emplearse simplemente en reconstruir aquello que el chavismo destruyó durante un cuarto de siglo. Antes de producir riqueza habrá que pagar la factura de la devastación.

Las estimaciones más optimistas calculan que durante los primeros dos años el Estado podría recibir entre 2.000 y 3.500 millones de dólares adicionales anuales. Una suma importante, sin duda, pero muy lejos de provocar una transformación económica. Hacia el quinto año, si producción, precios e inversiones cumplen las proyecciones, los ingresos fiscales podrían alcanzar entre 8.000 y 10.000 millones anuales.

Y todavía queda otro pequeño detalle: recibir dólares no equivale a desarrollar una economía.

Venezuela debería saberlo mejor que nadie. Durante décadas recibió gigantescas rentas petroleras y consiguió la proeza de terminar más pobre, menos productiva y más dependiente del petróleo. Juan Pablo Pérez Alfonzo advirtió tempranamente sobre esa paradoja. El problema venezolano nunca ha sido exclusivamente cuánto petróleo existe bajo tierra, sino qué clase de Estado administra la riqueza que sale de ella.

Además, una parte de los nuevos ingresos estará sometida a mecanismos de supervisión financiera estadounidense. Probablemente sea una excelente noticia para los venezolanos y una pésima para quienes todavía recuerdan los ingresos petroleros como una caja negra de libre disposición.

El acuerdo puede generar empleos, divisas, inversiones y eventualmente crecimiento. Puede incluso ayudar a rescatar una industria petrolera técnicamente devastada. Lo que no puede hacer es sustituir electricidad estable, seguridad jurídica, crédito, inversión privada, instituciones confiables y una economía capaz de producir algo distinto al petróleo.

No habrá milagro económico. Habrá, en el mejor de los casos, otra oportunidad extraordinaria.

Y Venezuela ya tiene bastante experiencia desperdiciándolas.- @humbertotweets


EL
 AUTOR es abogado y analista político con maestría en Negociación y Conflicto en California State University

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