Hoy tenemos un administrador mayor de nuestras esperanzas o en realidad al sepulturero de éstas: Donald Trump como jefe de EEUU. Una voluntad extraña a nuestro gentilicio y opuesta a nuestros intereses como nación
Luis Fuenmayor Toro
Recientemente leí unos comentarios muy bien escritos, aparentemente sentidos y por demás interesantes y ciertos, a mi manera de ver las cosas, de un comunicador político, para utilizar su auto definición, sobre un sinfín de elementos integrantes de nuestra realidad política, gestada por lo menos en el último cuarto de siglo (https://x.com/untalperezv/status/2096563300775481522?s=20), aunque con toda seguridad, por un período mucho más largo. La gente usualmente no se da cuenta de lo que realmente significa la impronta histórica de los pueblos en sus conductas presentes. Pese a que son muchos los aspectos tocados por el autor, todos ellos importantes y que ameritarían una profunda reflexión, sólo voy a hacer un breve comentario, aunque trataré de dar una panorámica de su diagnóstico.
Inicia con una severa crítica al periodismo de hoy, ése que “editorializa la tragedia venezolana”, y añadiría yo, editorializa prácticamente cualquier tragedia en el mundo. Sin dudas, al generalizar, él mismo lo dice, incluye a la gente decente y profesional que aún existe en el sector. Todo el artículo es para sacudir la atención de los lectores, como cuando señala que “ya no se investiga para descubrir qué ocurrió”, sino que se inventa algo inexistente y se buscan elementos para demostrar que eso fue lo ocurrido. Es decir, “se ha cocinado la realidad”, lo que cambia todas las circunstancias, los hechos, sus responsables y sus orígenes, dejando al ciudadano de a pie, víctima de toda esta conspiración y asociación transnacional para delinquir, con una idea impregnada en su cerebro totalmente trastocada de lo sucedido, de sus actores y de sus responsables.
Pero lo peor es que el problema, en el caso venezolano, y seguramente mundial, no son sólo los panfletos famosos que pretenden manipular la voluntad nacional, y del mundo, vuelvo a insistir, sino que prácticamente involucra a todos los que se desempeñan en el escenario político actual: el gobierno, los empresarios “que aprendieron a prosperar en cualquier sistema”, las organizaciones defensoras de derechos humanos, que han hecho de su causa un negocio de muchos ingresos y esa oposición extremista, que sólo ha coronado fracasos gigantescos terribles para la nación, “tropezando con la misma piedra”, y que además “tiene la gentileza de explicarnos que (es) la piedra (la que) está equivocada”. Y más adelante, concluye, algo incómodo, pero fatalmente cierto, que todos ellos, que son ciertamente parte del problema, “también deben formar parte de la solución”, cosa que no muchos comprenden, ni aceptan.
Su crítica inicial, que fue la que me impulsó a escribir esta nota y a intitularla como lo hice, fue a quienes desde el exterior llamaban a “aguantar un poquito”, a decir que la satisfacción de las ingentes necesidades de los venezolanos: electricidad, salario, gasolina, servicios, costo de la vida, podían esperar, pues primero había que “satisfacer el calendario político de quienes llevan años administrando la esperanza ajena». Inmediatamente me pregunté: ¿Y quiénes son esos que administran mis esperanzas y la del resto de los venezolanos que no tienen mayor probabilidad de influir en la política nacional? La respuesta inmediata que puede surgir de cualquiera es que se trata del gobierno o de los gobiernos de este siglo. Chávez y Maduro han sido, sin lugar a dudas, los administradores de nuestras vidas, como los adecos y los copeyanos lo fueron en los 40 años de la democracia representativa.
Y podríamos remontarnos más en el pasado, y llegar hasta Medina y López Contreras, pasando por Pérez Jiménez y el trienio “revolucionario” adeco, pues todos ellos impactaron política y socialmente a la nación en forma determinante. Pero no son sólo los gobiernos quienes administran nuestras esperanzas, también influyen en esta administración quienes los enfrentan y se les oponen, para bien o para mal de los administrados. Los resultados de este cuarto de siglo son culpa primero de Chávez y de Maduro, pero también de Guaidó, López, Vecchio, Borges, María Corina, Capriles, Ledezma, Rosales, Velásquez, Figuera, como opositores irredentos, violentos, sectarios, soberbios y saboteadores, algunos de quienes parecen haber rectificado en algo sus posiciones, así como parecen haberlo hecho también algunos del gobierno chavecista.
Pero hoy tenemos un administrador mayor de nuestras esperanzas o en realidad al sepulturero de éstas: Donald Trump como jefe de EEUU. Una voluntad extraña a nuestro gentilicio y opuesta a nuestros intereses como nación. Es difícil avizorar una solución en libertad, democracia y justicia, con esa administración presente, decidiendo todo en función de sus intereses y reafirmando con ello la desesperanza.

EL AUTOR es médico-cirujano, Ph. D., profesor titular y exrector de la UCV, investigador en neuroquímica, neurofisiología, educación universitaria, ciencia y tecnología. Luchador político

